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Mérida, libertad y federalismo

“El último espacio de resistencia” por Beyker Albornoz.

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BEYKER ALBORNOZ



En la conmemoración del 24 de julio de 1783, fecha en que nace “El Libertador”, ante la actual coyuntura que vive la nación y después de algunas horas de otro gran apagón nacional, es natural que la sociedad venezolana sometida a un estado de supervivencia y en constante conmoción, se sienta fatigada y desmotivada.


 “Cuando la motivación se acaba debe prevalecer la disciplina”, una frase que podría ser de un libro de autoayuda ha de ser útil a quienes llevan una lucha diaria para hacer prevalecer sus proyectos, sobre todo cuando las cosas se ponen difíciles.


Quienes han llevado grandes empresas, entendiendo estas como: Acción o tarea que entraña dificultad y cuya ejecución requiere decisión y esfuerzo (RAE), seguro han llegado a ese momento donde es difícil tomar una decisión de avanzar.


La mayor empresa de la Historia de Venezuela ha sido la emancipación, ésta comenzó para El Libertador en 1811, y no se concretó para Venezuela sino hasta 1823, doce años donde se sentaron las bases de la República de Venezuela. Entretanto, fueron muchas las derrotas dos de ellas llevaron a vivir al exilio a nuestro personaje, la primera Curazao y la Nueva Granada, la segunda Jamaica y Haití, ésta última en condiciones económicas deplorables.


El Libertador en Jamaica (1815), escribe una de sus más célebres cartas, en ella se analizan las causas de la caída de la segunda república y se dan líneas del proyecto para América:


“Todavía es más difícil presentir la suerte futura del nuevo mundo, establecer principios sobre sus políticas y casi profetizar la naturaleza del gobierno que llegará a adoptar…Los estados son esclavos por la naturaleza de su constitución o por el abuso de ella. Luego un pueblo es esclavo cuando el gobierno por su esencia o por sus vicios, huella y usurpa los derechos del ciudadano o súbdito…Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riqueza que por su libertad y gloria.


Y a pesar de la gigantesca empresa que significó el proyecto de la Gran Colombia y de su ímpetu y lucha, esta no se concreta y lo lleva a una muerte temprana el 17 de diciembre de 1830.


Aquellas líneas que Bolívar esbozó para un proyecto de nación prospera y libre, fueron desdibujadas, acomodadas y finalmente difundidas por algunos intelectuales que en 1990 conformaron una agrupación denominada Foro de Sao Paulo. No solo los grandes pensamientos de los próceres de América, sino que son una maquinaria para la producción ideológica que ha hecho uso de todas las corrientes para concretar su plan de control. Hoy toda América sufre las convenciones y políticas que emanan desde 1990 del Foro de Sao Paulo, reunido esta semana en Venezuela y patrocinante oficial de quien hoy nos oprime. La derrota del sistema de mafias que ejerce el poder en Venezuela, significa la derrota de esta organización.


Nuestra lucha en Venezuela va más allá de detener la migración, para que quienes partieron regresen, o para mejorar la economía, se trata de derrotar un proyecto internacional articulado desde este tipo de instancias, contra este régimen y sus colaboradores, un proyecto y una ideología que pretende someter a todo un continente con disponibilidad de recursos. Se trata de rescatar nuestra historia, nuestra identidad y con ello nuestra libertad.


Hay muchos espacios para llevar a cabo esta lucha, cada quién decide como participar. Se encuentra el espacio político, la organización ciudadana, las alianzas nacionales e internacionales, la empresa, el trabajo, la familia, las instituciones, las comunidades, cada uno, según sus habilidades y miedos puede participar.


Parafraseando a Ludwig von Mises uno de los grandes filósofos de la tendencia liberal: “El pensamiento precede siempre a la acción, el pensar y el actuar constituyen fenómenos inseparables, el pensar es una obra individual, la acción conjunta es una obra social.”


Es entonces éste el primero y común espacio de lucha para todos, el pensamiento, y es éste también nuestro último espacio de resistencia, es aquí donde no podemos permitir nos quiebren, nuestra convicción aquí debe ser firme e inquebrantable, de allí y en conjunto a otras líneas de pensamiento han de transformarse en estrategias y acciones a través de la comunicación, si bien los pensamientos ante la motivación positiva del entorno fluyen, cuando se nos es adverso no queda otra opción que aferrarse a la disciplina de nuestro accionar.






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