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Acerca de los nuevos bancos centrales por Alberto José Hurtado

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ALBERTO JOSÉ HURTADO


Todas las proyecciones macroeconómicas anticipan una desaceleración global, e insisten en que el crecimiento económico mundial sigue siendo reducido y la tendencia se mantiene a la baja. Estos escenarios se identifican por los peligros que representan los conflictos comerciales China-Estados Unidos, Estados Unidos-India, Corea del Sur-Japón, entre otros, la confrontación armada en regiones que no logran recuperar la paz, riesgos geopolíticos, burbujas inmobiliarias y financieras, incremento de la deuda de los gobiernos y creciente desigualdad con los efectos políticos que esta genera. 


En este escenario, la economía mundial necesita de gestión económica efectiva donde se combine la acción de las instituciones financieras internacionales y de las autoridades monetarias locales. En lugar de ello, cada día se reconfigura el rol de los bancos centrales y el papel preponderante de sus profesionales se limita y desplaza por la toma de decisiones discrecionales que coartan la autonomía e independencia de estas instituciones. 

Así, estamos ante la definición de nuevos bancos centrales como consecuencia del desplazamiento del trabajo técnico y profesional para la gestión monetaria y financiera. En su lugar, se privilegian las órdenes ejecutivas que pretenden atender los desequilibrios del mercado y solo logran incrementar la incertidumbre acerca del rumbo de la economía. 

Ejemplo de ello son: 1) la decisión del gobierno de Turquía de despedir al jefe del banco central porque se negó a recortar las tasas de interés; 2) la reciente renuncia del ministro de Finanzas de México alegando la toma de decisiones no informadas y especulativas por parte del presidente de la República; 3) las sucesivas renuncias de gobernadores del Banco de la Reserva de India, tres en los últimos tres años, luego de advertir sobre el impacto de las presiones gubernamentales sobre la independencia y el funcionamiento del instituto emisor; 4) el descontento del gobierno estadounidense acerca de la posición de las autoridades del Sistema de la Reserva Federal, quienes están a favor de mantener las tasas de interés altas; y 5) la disposición del gobierno italiano para avanzar hacia nueva legislación que le permita mayor poder al momento de nombrar a los miembros del Banco de Italia. 

En cada uno de los casos la queja del gobierno es que el banco central es demasiado independiente y, por ello, toma decisiones que socavan la economía. Entre las excusas destacan: a) que las tasas de interés causan, en lugar de combatir, la inflación; b) que los bancos centrales condicionan el trabajo diario de los gobernantes, principalmente cuando se cuenta con funcionarios eficientes y capaces dentro de las funciones de supervisión a instituciones e individuos del sistema financiero; y c) el enojo y la indignación porque los bancos centrales no se enfocan en los niveles de popularidad del gobierno o en el tiempo restante para la próxima elección. 

Para evitar el caos monetario que este tipo de quejas produce, es necesario recordar que solo cuando los bancos centrales están protegidos de cualquier interferencia política sus acciones protegen la salud a largo plazo del país, y no la de un gobierno en particular. La ola de políticas populistas que hoy intenta desplazar a los expertos en economía de cada banco central, condiciona la influencia de los entes emisores en la actividad económica. Es momento de abogar por mayor independencia y autonomía de los bancos centrales, así como por personas capaces y competentes en su dirección, como requisitos fundamentales para enfrentar las perspectivas de crisis que se tienen en el horizonte. 

@ajhurtadob






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