Inicio

Opinión



PARVULARIO

Universidades, autonomía y libertad (2) por ALIRIO PÉREZ LO PRESTI

Diario Frontera, Frontera Digital,  ALIRIO PÉREZ LO PRESTI, Opinión, ,Universidades, autonomía y libertad (2) por ALIRIO PÉREZ LO PRESTI
ALIRIO PÉREZ LO PRESTI


Así como el sistema de dominación política intenta cada día neutralizar las diferentes formas de disenso en el mundo académico a través de las más variadas estrategias, de manera simultánea la diáspora lleva como punta de lanza a innumerables connacionales con excelentes niveles de formación educativa que se esparcen como bola de nieve por los más variados países del orbe, predominantemente en los países vecinos, fortaleciendo el sistema educativo de los mismos, con un talento humano que no hubiese migrado de no ser por la forzosa situación a la cual nos sometieron.

Esa abultada cantidad de profesionales hace vida en el mundo, enriquece culturalmente los más variados lugares, exporta los elementos propios de una sociedad que durante cuarenta años generó un equilibrio democrático envidiado en el continente y alecciona acerca de lo que pasa en nuestra nación. Se trata de generaciones de seres que quedaron marcados para siempre por la ideología que tiene en vilo al país de donde provienen y no son la mejor referencia sobre los alcances que tiene el socialismo y son referentes del horror de lo que significa jugar a ser político sin ser congruente con las reglas propias de la democracia.

En la universidad venezolana me gradué en el pregrado, hice dos postgrados, una maestría y un doctorado. Participé en planes de formación internacional y estuve residenciado en Europa en mi condición de académico. Muchos de mis colegas pueden decir lo mismo, porque era tan propio tener acceso a los más importantes centros de formación académica del planeta, que algunos llegaron a pensar que ese milagro podía ocurrir en cualquier país.

Pudimos crear, investigar, divulgar, promover conocimiento, publicar trabajos científicos, ensayos humanísticos y libros. Si me preguntan qué opino de mi país, siempre diré que es (o fue) el lugar maravilloso en donde me enseñaron a defenderme para ser útil en la vida y poder ayudar a las personas más vulnerables que conozco. De eso se trata haber sido un universitario en Venezuela; más todavía quienes tuvimos la fortuna infinita de enseñar en sus aulas, formando generaciones, compartiendo con gente muy talentosa, alegre, dadivosa y festiva. En fin, el paraíso no puede ser eterno. Largo resultó el castigo para quienes se enamoraron de un  proyecto destructivo y caníbal, que confronta al ciudadano con sus valores y lo impulsa a aceptar la limosna como elemento de supervivencia.

De historias buenas y malas está hecho el mundo. Seremos referentes sempiternos de haber querido jugar a cambiar el mundo persiguiendo otro falso mesías.





Contenido Relacionado