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Maestro Carlos Cruz Diez examina la Venezuela del presente y advierte:

“Hay que meditar cada paso que deba darse en este difícil camino hacia la revolución”

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en este difícil camino hacia la revolución”
CARLOS CRUZ DIEZ. HOMENAJE


 ÁNGEL CIRO GUERRERO, CARLOS CRUZ DIEZ, Regionales,


Ángel Ciro Guerrero


 


Allá arriba, en su meseta de Bailadores, el maestro piensa en Venezuela con tanta pasión y angustia que a uno le preocupa su constancia en el análisis de lo que al país le ha sucedido. Constancia, sí, porque no hay un solo día en que Carlos Cruz Diez no entregue su aporte al entendimiento, a la reconstrucción, al dialogo nacional. Sin necesidad de andar pegando gritos en emisoras, ni mostrando preocupación fingida, como muchos, en la televisión ni menos derrochando demagogia o populismo en declaraciones que puedan sonarle gratas al soberano. No. El maestro apunta al corazón del pueblo sin lanzar flechas untadas con el curare de la hipocresía o del duéleme mucho pero no hago nada. No. El maestro piensa y siente, sufre con sufrimiento de artista, muy sensible, cierto, pero firme en el propósito de ayudar a corregir entuertos, responsable en la propuesta. Durante años, ha mostrado ánimo, marcado objetivo y aceptado retos para la Venezuela que Carlos Cruz Diez quiere sea inmensa, donde puedan convivir la justicia con la democracia, la libertad con el progreso. Y la política con las responsabilidades, que son muchas y bien determinadas porque, apunta, llegó la hora de las definiciones y está prohibido equivocarse.


Para el maestro; el arte es una estructura compleja de comunicación; expresión, descubrimiento, invención. También para este venezolano universal, el hombre vive en el seno de un mundo que evoluciona, y su existencia es un acontecimiento evolutivo. Por eso Carlos Cruz Diez sostiene que los de hoy en día no son los artistas-artesanos del siglo XII, del espacio único, de lo inmutable, del mito de la eternidad. Afirma, convencido, que ni siquiera ellos son los artistas del “camino de la perfección” del siglo XVII ni de la academia del XIX. Le pregunto entonces quienes son y este hombre –al cual presidentes y monarcas de todo el mundo rinden reconocimientos, porque es uno de los creadores cinéticos más importantes del milenio que termina, con proyección para el que comienza-, me responde: “Somos los artistas de los labores del tercer milenio, donde múltiples “nociones” que habían sustentado la sociedad durante siglos se han demolido, se han modificado: están sustituidas por otras”. Para el, “la actual es una sociedad del instante, del acontecimiento, de la mutación de los efímeros”, por eso cree, de modo sólido, inmodificable, que “una obra de arte para ser “contemporánea”, debe tomar en cuenta cualquier acontecimiento donde el dialogo espacio-tiempo real este presente”. Bajo estas premisas, el Maestro permite, al periodista adentrarse en su alma para gozo inmenso de los buenos lectores.


 -Maestro, ¿Qué le sucedió al país?


-Colapsó Desde hace varias décadas se pensaba que algo como lo sucedido ocurriría. Por tanto, nadie debe mostrarse sorprendido.


 


-¿Nadie pudo advertirlo?


-No. Porque la euforia que se vivía nos volvió ciegos y pretensiosamente autosuficientes. Nos creímos reyes de la situación.


 


-¿Vivimos entre mentiras?


-Entre mentiras vivimos. Sin querer reconocer lo que ocurría internamente y negábamos a aceptar lo que se escenificaba en el contexto internacional.


 


-¿De quién la culpa?


-De todos.


 


-¿Por qué?


-Por el estado de esa euforia inconsciente. Fue por esa actitud romántica que siempre hemos tenido, culpa de la formación de nuestro origen judeo-cristiano-mediterráneo. Por cierto, los que en este momento en el mundo mayores dificultades tienen en relación a los sajones, que son pragmáticos y protestantes, que analizan la realidad sin embriagarse en falso triunfo.


 


-Y los venezolanos nos embriagábamos con ilusiones


-Si. Con puras ilusiones. No porque carecemos de capacidad para concretar realidades, sino porque desgraciadamente la escuela venezolana no enseña a pensar. Lo que hace es trasmitir información pero no los mecanismos necesarios para analizar.


 


-¿Educación para el futuro, acaso?


-Lo importante de un país que se enseñe a su gente a pensar. Esa es la diferencia con Europa. Los sajones enseñan a pensar. Nosotros somos profundamente religiosos y, creemos que sólo el poder divino nos va a iluminar y solucionar los problemas.


 


-¿Pero la carga de Dios no es correcta?


-Seria correcta si fuésemos un poco más analíticos y a las cosas le diésemos su justo lugar.


 


-¿Cuál es ese justo lugar?


-El límite del conocimiento. Dios aparece cuando llegamos al límite del conocimiento.


 


-Al cual normalmente llegamos tarde.


-Eso es correcto.


 


-¿Dónde está el límite?


-En el conocimiento general al que llega una generación. Por eso cada vez que Dios se aleja del conocimiento va siendo más profundo y mayor. Nuestros abuelos tenían a Dios más cerca que nosotros porque sus conocimientos eran más limitados y también su información.


 


-Pero si el mundo crece, se agiganta, ¿Dios, entonces se va perdiendo?


-Dios nunca se va a perder. Siempre ha sido una condición innata al ser humano al tratar de justificar su desconocimiento o de apoyarse en su incapacidad y su impotencia, para cargarle a un ser superior la solución de todos sus problemas y frustraciones.


 


-¿Quién determina, entonces, lo que es verdad o no?


-La verdad es un convenio generacional. Cada generación crea una verdad y demuele otra.


 


-Con la informática de por medio, ¿qué verdad nos corresponde crear?


-Ahí es donde está precisamente el renacer de una generación. Estamos ya en una nueva civilización que tiene que ver con el pasado, donde los códigos morales de comportamiento de relaciones de trabajo van a ser totalmente modificados. El hecho, de comunicarse planetariamente sin conocer a nuestro interlocutor es la gran evolución humanística que va a demoler y a desaparecer las ideologías, porque las circunstancias darán nuevas soluciones. Ya lo estamos viendo en Europa, en Estados Unidos, donde a la juventud no le interesa la ideología sino la comunicación, la amistad y el amor. Esas son las metas del comportamiento de las nuevas generaciones. Por tanto la militancia política desaparecerá.


 


-¿Qué dase de ideología debe ser preservada?


-Creo que la humanidad, como todo, siempre tiene su contraste positivo y maravilloso. Por un lado se va a desarrollar la amistad y el amor hacia sus semejantes; pero también aflojaran más odio y tendrán más conflictos que en el pasado.


 


-Mal augurio, Maestro.


-Lamento señalarlo, pero es indetenible e inmodificable como destino. Porque es la naturaleza del hombre.


 


-¿Qué desaparecerá, Maestro?


-Las guerras, por ejemplo, tal y como las conocemos. Porque así como hemos avanzado en la ciencia, hay algo que ha sucedido y resulta interesante recordarlo: los griegos codificaron los patrones de comportamiento del hombre; también el amor, el odio y la envidia. Si bien todo sigue siendo una constante y los códigos griegos vigentes, lo único que ha evolucionado en esos esquemas del hombre es el cinismo.


 


-¿Y qué ha cambiado?


-El error que cometieron los viejos regímenes autoritarios fue prohibir que la gente hablara y dijese lo que le viniera en gana. Hoy en día se ha entendido que se puede decir cualquier cosa y permitir la absoluta libertad en gobierno democrático y autoritario, porque el gobernante o el dictador perfectamente sabe que ninguna de sus decisiones osarán modificársela, ya que impedirá de cualquier modo que se le interfiriera en sus designios, pues sus decisiones son cupulares y por tanto definitivas.


 


-Afortunadamente desaparecerán las guerras


-Repito: tal y como las conocemos ya no tendrán lugar, sencillamente nadie será estúpido para matar un cliente.


 


-¿Cómo es eso?


-Fácil: ya las armas que se fabrican son para ser inoperantes los sistemas, no para matar gente. La gente serán los futuros clientes a los cuales los fabricantes les venderán esas armas. La primera guerra mundial, por ejemplo, fue una enorme estupidez: se mataron millones de personas, futuras compradoras de neveras, radios, televisores, de cualquier clase de coroto.


 


-Definitivamente el hombre sigue siendo débil.


-Esa es su condición, su estigma, su karma.


 


-¿Cómo fortalecerlo, Maestro?


-El humanismo es lo que nos puede fortalecer. Pero lamentablemente el humanismo actualmente está en el peor momento de su historia


 


-¿Cuál es la causa?


-Porque ha sido torpe, en extremo generoso, muy romántico, soñador empedernido y ha querido proteger en exceso al hombre y el hombre pareciera no dejarse proteger, y ahí aparece el conflicto. Es como el fumador que todo mundo ruega deje el cigarrillo y le responde, casi histérico, que prefiere morirse con su cáncer, o el borracho a quien se le pide deje la botella y pelea a cuchillo por ella, prefiriendo morir de cirrosis. El hombre no quiere nunca que lo sobreprotejan. Por sobreproteger a la sociedad, el humanismo se ha pervertido


 


-¿En cualquier clase de sociedad?


-En sociedades como la francesa o la inglesa la protección social ha sido de una gran calidad, pero el Estado que está quebrado por el abuso, justamente de esa sobreprotección. Ya la gente vive del desempleo y en España, por ejemplo, del paro. Nadie se preocupa por buscar trabajo o ser creativo; sino por ser parasito del Estado. Y ese humanismo, que fue una idea generosa, para que el hombre crecieran, lo que hizo fue convertirlo  en parasito. Hay que detener esta perniciosa situación.


 


-¿Estará la democracia dentro de su reflexión?


-Espero que la democracia esté actualmente inmersa en una reflexión profunda, para corregirse sus errores y, sin perder las, metas humanísticas que si aportan soluciones para que el hombre se torne creativo y responsable, trabaje a favor de los demás hombres. Es cuestión de progresar y hacer progresar a los otros y al país.


 


-¿Cómo lograrlo?


-Mediante movilizaciones superiores, pero no tengo los métodos; habrá que buscarlos.


 


-¿Cree que los actuales gobernantes los estén buscando?


-Siempre he creído que quien llega al poder tiene una vocación humanística, quiere modificar para mejorar el país. No tengo el prejuicio, como lo tienen muchos, de ser enemigo, por principio, de quienes llegan al poder.


 


-¿Guarda esperanzas todavía, Maestro?


-Si. Lo confieso. Pienso que van a actuar de buena fe y llevaran al país a buen destino. Además, tenemos que apostar a ello, porque si fracasamos nos hundiéramos por más de 50 años. Hay gente inteligente en ese equipo. Espero que estén suficientemente lucidos para salir airosos de ese gran hueco donde estamos.


 


-¿Quién nos metió en ese hueco?


-La propia democracia, los errores, la perversión y un sistema que se pudrió. La corrupción se convirtió en meta y manera de vida. Se llegó al colmo de rendirle honores al corrupto en fiestas y recepciones. Por eso se tocó fondo.


 


-Y nos hundimos.


-Y nos jodimos. Pero lo más grave para el país es que la democracia perdió sus metas.


 


-¿La democracia y los hombres que la dirigieron?


-Recuerde que la democracia no existes sin los hombres.


 


-Igual los partidos.


-Igual los partidos que, en lugar de volverse equipos para la creación de economía, se convirtieron en agencia para el clientelismo y volvieron a sus militantes limosneros antes que el papá-estado, desde obreros y profesionales hasta artistas y escritores ¡Qué vergüenza!


 


-¿Cree perdida hasta la imaginación, Maestro?


-Lamentablemente sí. Y resulta terrible para una nación en emergencia, por eso en este difícil camino hacia la revolución, hay que meditar muy bien cada paso que deba darse y realizar grandes esfuerzos. El mayor de todos, es tratar de entender el mundo frente a nosotros es una maraña, lo ha sido en el pasado, lo es hoy en día y lo seguirá siendo mañana. Por eso el hombre debe buscar el mejor modo de despejarla. En la medida en que lo logre, el venezolano podrá avizorar su futuro.


 


-Difícil, porque muchos no ven más allá del árbol que les tapa el bosque.


-Es, repito, una tarea compleja porque, ¿cómo desatar en un ser, que no piensa ni siquiera en el presente, que piense por lo menos en él mismo y en su propio futuro? ¡No lo sé!


 


-¿Estará Venezuela en las mismas circunstancias?


-Por supuesto.


 


-¿Cómo desatar en ellas esas reflexiones?


-Hay que crear motivaciones. Hay que tratar de inventar nuevos mitos para crear una dinámica positiva, de creación de sociedad, de conveniencia, de amor al semejante y de trazar rutas precisas para que las futuras generaciones tengan un país digno y no un caos como el vivido hasta ahora. Porque Venezuela no es un país, es una circunstancia, un resultado.


 


-¿Un resultado? ¿De qué?


-Venezuela nunca ha sido planificada y lo que tenemos como país es un resultado de esa situación. Igual que Caracas. En el exterior resulta difícil vender el país, menos leerlo. Así corno el turista no puede leer nunca la ciudad, porque le resulta imposible, ya que no tiene código para hacerlo. Para los que vivimos fuera. Venezuela resulta extremadamente difícil de vender, de explicar cómo es en realidad nuestro país. No porque el nuestro sea original sino porque sencillamente vive es un verdadero caos.


 


-Una definición drástica pero realista.


-Me precio de ser un hombre de verdades. A lo que afirmo, explico, que ello no quiere decir que el nuestro sea un país invivible y detestable. No. Venezuela es un país donde su gente resulta maravillosa, pero como ha perdido la brújula, no termina de encontrar su rumbo.


 


-¿Falta de guías, de líderes, de baquianos?


-Desde luego y de motivaciones, repito, para consigo mismo; para superarse y desaparecer  de su mente la idea de que es más fácil ser limosnero.


 


-¿Qué nos recomienda?


-Cada quien tiene que pensar en ser autónomo; autosuficiente y generar riqueza para sí y para los demás. ¿Quién concretará estas motivaciones? ¡No lo sé!


 


-El país espera mucho apoyo de gente como usted.


-Hay mucha gente pensante, inteligente en este país. Lo que pasa es que no tiene opción a la opinión. Yo dije una frase, que molestó a mucha gente, en una entrevista que me hizo nuestra colega Marla Comerlati porque, recuerda Ángel Ciro, que también soy periodista, con veinte años de ejercicio aquí y en Europa, y que tengo el carnet número 145 de la antigua y honrosa AVP.


 


-¿Qué dijo, Maestro?


-Que uno de los grandes problemas de la democracia venezolana era haber permitido el acceso a la opinión al imbécil. Porque hay muchos más imbéciles que ponderados opinando, copando unos espacios en los medios. Y los medio de comunicación, por su parte debo decirlo, tienen una alta responsabilidad y culpa en la demolición de la democracia venezolana.


 


-Todo cambia, Maestro, todo cambia.


-Espero situaciones como éstas desaparezcan en este sacudón que ha tenido el país.


 


 


-¿Sacudón que era necesario?


-Sí y menos mal que no explotó como el 27 de febrero, sino que, a la fecha, parece más bien el tránsito hacia situación mejor… ojalá sus soluciones sean las acertadas.


 


-Tiene, pues, confianza.


-Si. La tengo.


 


-¿En que la fundamenta?


-En que no podemos ser tan estúpidos para destruir el país.


 


-¿Y si ocurre?


-No lo creo.


 


-Una sola razón, Maestro.


-Tampoco el venezolano es bolsas para hacerse el harakiri.


 






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