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En Nicaragua, hace cuarenta años por Ángel Ciro Guerrero

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ÁNGEL CIRO GUERRERO



Cubrí la guerra de liberación del pueblo nica para el Bloque De armas, en concreto para la revistas Momento y Bohemia, dirigida entonces por Mario Castro Arenas la primera y Rafael Poleo la segunda; y en la jefatura de redacción nada menos que el ilustre intelectual y diplomático peruano Jorge Raygada. Por dos años viajé constantemente por Centroamérica, ingresando clandestino con brigadistas del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) por los caminos verdes desde Honduras, pero acreditado como corresponsal de guerra, según la Convención de Ginebra, al Frente Sur que en la Frontera de Costa Rica y Nicaragua liberaba el demócrata Edén Pastora, el famoso “Comandante Cero”. Presencie todo: desde el combate, muy sangriento, que terminó favoreciendo el avance  guerrillero en la denominada “Colina 50”, más allá de Las Piedras, en camino hacia Granada y ruta hacia Masaya; la conquista calle por calle de estas dos ciudades previas a Managua; en donde fui testigo de cómo la muerte del periodista norteamericano Bill Stewart, asesinado por un oficial somocista, aceleró la caída del dictador Tachito, hasta la conquista misma de Estelí, en la frontera entre Honduras y la tierra de Sandino, ciudad donde junto al colega José Emilio Castellanos, presenciamos los primeros  “juicios revolucionarios”, que terminaron en condena para guardias nacionales capturados por el FSLN; y también cremamos cadáveres. Todavía retengo en mi retina al saldado que murió de un certero disparo mientras hacía de francotirador en el campanario de la iglesia y, por el impacto de la bala punto-50. cayó para quedar enredado en los cables donde permaneciera una semana entera hasta que lo descendieran con tan mala suerte que su cadáver se desprendió desde la altura explotando su cuerpo ya descompuesto al chocar contra el piso. Vi morir a mucha gente, de uno y otro bando. Vi a niños-guerrilleros y a niños-soldados. Vi a briosos jóvenes lanzados, bombas molotov en mano, contra los piquetes de la Guardia Nacional dictatorial, y a otros despojando de uniformes y armamento a los enemigos vencidos en las calles, en combates casa por casa, solar por solar, esquina por esquina. Asistí a numerosas reuniones entre enviados de la OEA y el Gobierno de Somoza;  entre líderes de partidos políticos democráticos, centristas y comunistas; acompañé junto al ya desaparecido colega Nicolás Rondón Nácete, al gran amigo, escritor y periodista, paisano y mejor canciller Simón Alberto Consalvi en sus entrevistas secretas con Tomas Borge en su escondite en San José de Costa Rica; y supe que en el Frente Norte, que representaba al comunismo, dirigido por los hermanos Daniel y Humberto Ortega, se había cuadrado de antemano la “toma” total del poder cuando cayese Somoza, dejando fuera a Edén Pastora, dirigente del Frente Sur, que representaba la democracia. Lo advertimos y nadie hizo caso. Ya al final, terminé acompañando casi en solitario a Pastora en su marcha hacia Managua a la que llegó tarde, demasiado tarde, teniendo que resignarse con ser, apenas, un viceministro más de Interior y por único consuelo asignársele un auto Mercedes Benz, el que usaba el dictador. Lo demás es historia conocida que, a lo largo de cuatro décadas se fue convirtiendo, tal y como se había advertido, en una revolución que frustró a todo el mundo, que se hizo gobierno al estilo y semejanza del cubano, que violo tratados, constituciones, leyes, asesinó, torturó, persiguió y exilió a muchos de los que fueron sus mejores promotores y, sobre todo, antes que impulsar paz y progreso para el pueblo nicaragüense, lo engañó vilmente y lo sometió durante largos, tristes, penosos y sangrientos años.


Lo que a continuación se publica, son extractos de algunos de los muchos despachos que como corresponsal, desde el escenario mismo de la guerra, remitiéramos, hace ya cuarenta años,  a nuestra redacción en las viejas Oficinas de Momento y Bohemia, en la Plaza Candelaria., de Caracas





I.- TOMAS BORGE, EL SUPREMO: los periodistas nos preparábamos para conmemorar el primer mes del asesinato de nuestro colega Bill Stewart. Nos habíamos concentrado en el lobby del Hotel Intercontinental, ahora llamado “Nicaragua Libre”, cuando se abrieron las puertas y un grupo de milicianos, que ya no se llamaban guerrilleros, rápidamente tomo posiciones y abrió paso a Tomas Borge, el poderoso ministro de Interior y a dos hombres vestidos de civil, pero con inmensa angustia y mucho miedo en sus rostros.


“Periodistas”, nos dijo, “Los quisimos reunir para presentarles a estos dos señores. Uno de ellos, el más joven es el excampeón mundial mediano-junior, Eddy José Gazo. El otro es el Coronel German Bello López, de la fuerza aérea”. Los dos hombres, callados, parecían asustados si se quiere, ante la profusión de luces, cámaras y vocerío de nosotros los corresponsales de guerra. Borge volvió a hablar:


“Queremos informarles que estos dos hombres han sido ya juzgados por los tribunales revolucionarios y no hallándoseles culpables de crimen alguno, queremos liberarlos públicamente y también públicamente informarles que, si están dispuestos y si así lo desean, pueden quedarse en Nicaragua, ahora realmente libre, y colaborar con la reconstrucción del país”.


El ministro entonces les interrogó:


- “¿Alguno de ustedes fue torturado?”


-“No, compañero Tomas”.


-“¿Alguno de ustedes fue coaccionado para declarar?”


-“No, compañero Tomas”.


-“¿Recibieron un mal trato de sus captores?”


-“No, compañero Tomas”.


- “¿Se les ha atendido bien, se les alimentó bien?”


-“Si, compañero Tomas”.


-“¡Hablen entonces con los periodistas!”, les ordenó quien ya era el segundo hombre más importante del gobierno revolucionario nicaragüense.


El coronel fue el primero en hacerlo. Dijo que durante 25 años permaneció en las filas castrense somocistas; que en los últimos tiempos fue sancionado por mostrar divergencia frente a los reiterados ascensos dados por el dictador a su hijo Anastasio Somoza Portocarrero; que como piloto se negó muchas veces a bombardear poblaciones y que derrocada la dictadura, se había entregado a los del FSLN. Borge llamó entonces a la esposa del coronel, que estaba detrás del escenario y le dijo:


-“Testigos los periodistas, Vilma, de que te regresamos a tu marido, sano y salvo”.


La mujer corrió a besar a su esposo y los dos abandonaron la sala, entre aplausos, pero llorando. Por su parte, el exboxeador habló para prometer que “si ustedes, los compañeros de la revolución, me lo permiten, trabajaré día y noche para formar, deportivamente, a la juventud libre de Nicaragua”.


El compromiso fue sellado por un fuerte abrazo que le dió al veterano peleador el ahora hombre fuerte y verdadero cerebro del proceso de liberación nacional triunfante en Nicaragua. Al fondo, desde su retrato, el General del Pueblo, César Augusto Sandino, parecía mirar con cierta duda aquel suceso…




II.- ¿PREMIO DE CONSOLACION?: Con un abrazo, frente a los corresponsales, sellaron Tomas Borge, Ministro del interior del Gobierno de Reconstrucción Nacional de Nicaragua, y Edén Pastora, viceministro del Interior, la unión entre las tendencias Guerra Popular Prolongada y Terceristas, lo que puede entenderse fácilmente como la consolidación de la revolución que ahora inicia su fase más importante: la de asentarse definitivamente en Nicaragua.


El nombramiento del “Comándate Cero”, como viceministro del interior, segundo en el campo de las relaciones político-militares a nivel del gobierno y del FSLN es, además, una demostración de la necesidad de “equilibrio” que ya estaba configurando una notoria ausencia de la socialdemócrata en la triunfante revolución. Pastora, a quien le apoyó la Internacionalidad Socialista, de corriente democrática, con Carlos Andrés Pérez, Presidente de Venezuela, a la cabeza y a su lado, en bloque, la Internacional Socialista, de corriente igualmente democrática, es la figura mayormente publicitada del FSLN, luego de “La Toma”  del Palacio del Congreso, el pasado 22 de agosto de 1978, y porque dirigió el Frente Sur. Su designación puede interpretarse, igualmente, como una actitud de moderación por parte del izquierdismo radical que impera entre los hombres de gobierno, que dirige Daniel Ortega y los jefes de la guerrilla encabezados por el propio Tomás Borge, el único vivo de los fundadores del Frente Sandinista de Liberación Nacional.


-“Les tengo una agradable sorpresa”, nos dijo Borge a los corresponsales. “Edén Pastora, mi hermano, y uno de nuestros más valientes y mejores defensores de nuestra revolución, ha sido designado viceministro del Interior”.


Los dos hombres se abrazaron para quedar, después, a merced del fuego periodístico. Borge se rindió rápido. Nos explicó que “otras obligaciones” le aguardaban, y se retiró hacia el piso 8 del Hotel “Nicaragua Libre”, donde instalo sus oficinas el flamante Ministerio del Interior. Un piso más abajo, de tres y cuatro por habitación, dormíamos y trabajábamos los periodistas. De una de ellas, precisamente, el camarógrafo de Bill Stewart lanzó al mundo la primicia: cuando el oficial de la guardia somocista le disparo al periodista norteamericano. El camarógrafo filmó todo y “huyo” al hotel y, sin decirle nada a nadie, transmitió. Cuando la noticia fue dada al mundo, el camarógrafo bajo al lobby para invitarnos a acompañarle a recoger el cadáver. Fuimos, en masa, y en masa los periodistas impedimos que el dictador prohibiera se le rindieran allí, en la calle de una barriada de Managua, el primero de los muchos homenajes que el colega corresponsal mereciera y cuyo asesinato aceleró, sin duda algunas, la fuga de Tacho Somoza, desde la terraza de su bunker, a un lado del Hotel Intercontinental, en helicóptero, de madrugada hacia la base norteamericana en el canal de Panamá.


Pastora, vistiendo uniforme de camuflaje dijo que su “mayor interés, ahora, es trabajar por la reconstrucción nacional, hacer de nuevo productiva la tierra para alimentar a la población y defender la revolución de cualquier amenaza interna o externa”. Pastora, quien nunca  se está quieto en ninguna parte, con el cual intimamos durante muchos meses en el Frente Sur, en Piedras Blancas y le miramos combatir, fieramente, en la batalla de la “Colina 50”, de la más cruentas de todas las celebradas en la guerra de liberación nica., respondió entonces una pregunta nuestra sobre el apoyo venezolano a la revolución nicaragüense:


-“Innegable”, reconoció. “Por siempre le estaremos agradecidos a Venezuela, a su Presidente Pérez y a su pueblo. Ese agradecimiento formará parte eterna de la nueva historia que estamos comenzando a escribir los hijos de Sandino”.


Y más tarde, en la calle, al abordar su Mercedes Benz 350, uno de los cuatro que pertenecieron al dictador, nos anunció:


-“El compa Carlos Andrés Pérez tiene mucho que ver en nuestro triunfo. Esperamos que venga ahora a Nicaragua, para recibirlo con los honores que merece quien fue nuestro mejor y más firme aliado”…




III.-MANAGUA, CIUDAD DE MARTIR, CIUDAD LIBERADA: Managua es una ciudad que ahora, por tercera vez en el último medio siglo, comienza a surgir de entre las ruinas. Ubicada a la orilla del Lago de Nicaragua, conformada dentro de un hermoso valle, la capital nica ha sido mártir y, en ocasiones, ha llegado, como en los días finales de la guerra, a convertirse en una ciudad inexistente, fantasmal, en gigantesco escenario de combate, en inmenso cementerio.


En lo que hasta 1972 fue el centro comercial de Managua, ahora sólo quedan ruinas que casi cubre la maleza. Manzanas enteras destruidas, en gran parte ni siquiera fueron removidos los escombros y ahora pueden ser vistos apiñados en extrañas figuras, signo de olvido. Desde esos montículos, convertidos en trincheras, los guardias somocistas y sus francotiradores, a pocas cuadras del bunker y el Hotel Intercontinental, defendían las instalaciones militares del asalto, metro a metro, de los guerrilleros urbanos de Moisés Hassan, mientras que en los barrios y urbanizaciones foráneas el combate se realizaba casi frontalmente.


Las calles de Managua están, en su mayoría, tan igual como recordamos haberlas visto bajo los estragos del pasado terremoto, destruidas. Grandes boquetes, productos de los rokers;  trincheras abiertas de acera a acera y barricadas levantadas con los adoquines que producía y vendía a su propio gobierno el propio Anastasio Somoza. ¿Cómo se preparaba la Resistencia?, de este modo:


El Movimiento Pueblo Unido, que dirige Moisés Hassan, en las semanas anteriores al levantamiento de Managua, había organizado diferentes cuadros en los barrios de la capital. En uno de ellos, “Barrio Blandón”, de los primeros en levantarse, la organización tenía que darse a niveles de Comités de Resistencia en los cuales se incluían personas que tenían como objetivo participar en la construcción de la Defensa Civil, que ubicarían cada dos cuadras dispensarios médicos y centros de distribución de armas y alimentos. Los “orejas” y “paramilitares” del barrio fueron “ubicados” mientras sandinistas rompían las bombillas de los postes y preparaban improvisados refugios anti-aéreos.


A las 11 de la noche, del domingo 11 de julio, todo el barrio se lanzó en armas. Regaron las calles de clavos y tachuelas para impedir el avance de camionetas de la Guardia Nacional; se abrieron zanjas de dos metros de ancho y medio metro de profundidad para dificultar la llegada de las tanquetas y en las casas los viejos y las mujeres fabricaban bombas molotov. De las casa de los “sapos”. “orejas” y demás esbirros somocistas, los muchachos extrajeron armas para defenderse. Cada joven era un guerrillero, improvisado o no; cada nicaragüense un combatiente y cada casa un cuartel sandinista. Realizadas todas esas operaciones iniciales, el pueblo esperó la llegada de “las bestias”, que lo seria al despuntar el sol del lunes 12.


Comenzaba la resistencia de Managua.





IV: LAS CAGADAS DEL ZOPILOTE: El primer ataque concentrado se produjo contra la estación 13, de la policía, comandada por el triste célebre “Macho Negro”, un auténtico criminal, que resistió inútilmente. Los policías solicitaban refuerzos, que no les llegaron en hombres o en armas, porque a Managua la estaban encendiendo por sus cuatro costados la insurrección popular. Los barrios que siguieron al levantamiento de “El Blandón”, fueron el Riguero, Santa Rosa, Santa Clara, Waspán, Monseñor Lezcano, San Judas, Altagracia. A las dos de la tarde del lunes 12, los sandinistas se concentraron en el cementerio y allí derrotaron escuadras enteras del EBBI y la Guardia Nacional. Fue entonces cuando Somoza ordenó que “el zopilote (zamuro) pasara cagando”. Es decir, que se bombardearan los barrios alzados en Managua.


Mujeres y ancianos se protegían, tal cual podían hacerlo, en primitivos refugios de antemano preparados; los demás resistieron en plena calle, muriendo muchos por el ametrallamiento y las explosiones de los rokers que dejaba caer la avioneta somocista muy bien artillada.  


Después del bombardeo, escuadrones de la Guardia pretendieron entrar casa por casa y casa por casa fueron rechazados una y otra vez, como si se repitiese, pero en otra escala, lo sucedido en las tres calles que conformaban el heroico Gueto de Varsovia, donde resistieron hasta morir un valiente pero mal armado grupo de judíos frente a las poderosas tropas del Tercer Reich.


Metro a metro se fue afianzando la victoria. En las noches se levantaban nuevas barricadas, mientras que la dictadura aumentaba el número de francotiradores porque ya convencionalmente les resultaba Imposible presentar combate.


Durante 15 días, el dictador estuvo bombardeando Managua. Incontables las víctimas. Al mediodía, el “zopilote” dejaba caer las bombas y muriendo la tarde, aparecía “el tortugón”, un viejo DC3, de la Nica, la línea aérea nicaragüense, también ametrallando indiscriminadamente.


Entre las ruinas perecieron alrededor de doscientos niños y mujeres que allí habían buscado refugio el segundo día de combate. Las brigadas de defensa civil, comenzaron a repartir alimentos a la población, mientras por parlantes se hacían llamados a seguir luchando y se les hablaba de revolución. Pero quien mayores estragos ocasionó fue un helicóptero, que diariamente, mañana y tarde, lanzaba bombas de 500 kilos sobre los focos insurreccionales más importantes en los barrios. El estallido se escuchaba en toda Managua. Pero también por el aire llegaban armas y municiones para los combatientes. El primer gran envío se hizo a las 2 de la madrugada. Las armas fueron lanzadas en paracaídas. Miles de balas y cientos de fusiles resultaron  inservibles por el impacto al estrellarse contra la calzada. La mayoría procedían de Venezuela. Muchos guerrilleros murieron tratando de recuperarlas, diseminadas como estaban en las calles, también plenas de soldados del ejército y la guardia oficialista.


Diez días después, el 22 de julio, Hassan ordenó a sus guerrilleros el repliegue táctico hacia Masaya. Centenares de combatientes fueron saliendo de Managua y concentrándose en Monimbó. Una semana luego regresarían, triunfantes, a la capital. Somoza había caído. La libertad llegada a Nicaragua.





V.- EL DIFICIL CAMINO DE LA RECONSTRUCCIÓN NACIONAL: Sí, de tal modo ha sido calificado por tirios y troyanos la tarea iniciada hoy 22 de Julio de 1979 en Nicaragua. Pueblo y gobierno provisional unidos, se concentraron en torno al Palacio Nacional de Managua para asistir unos a la ceremonia de ascensión al poder de otros que representan la voluntad soberana de una nación que acaba de salir de la más horrenda de las tantas páginas dolorosas que tiene escrita su historia. La de Nicaragua ha sido una larga lucha por su libertad, desde la entronización del fundador de la dinastía somocista y el grito de liberación lanzado por el General de Hombres Libres, Augusto César Sandino, entre los años treinta del siglo XX, hasta la fuga cobarde de Anastasio, el Tacho”, último de una larga sucesión de dictadores.


Iniciada la ofensiva de septiembre, a escasos veinte días de la toma del Palacio Nacional por el comando revolucionario “Rigoberto López Pérez”, dirigido por Edén Pastora, el “Comandante Cero”, comienza la lucha masiva en contra del régimen, una vez que el FSLN llega a un acuerdo con las tendencias Terceristas, Guerra Popular Prolongada y Proletaria. El primer estallido se da en el barrio “Monimbó”, en Estelí, ciudad vecina a la frontera nica-hondureña, arriba en el norte. Allí son ametrallados hombres, mujeres y niños por la tenebrosa Guardia Nacional. Es la primera jornada heroica que rinde el FSLN en su etapa de combate 1978-1979.


Crece la insurrección y toda Nicaragua se arma. El movimiento sandinista se desplaza hacia los cuatro puntos cardinales y concentra efectivos en zonas estratégicas al Norte, al mando de Daniel y su Hermano Humberto Ortega Saavedra; en el Sur, bajo la dirección de Edén Pastora; y en las ciudades principales la batalla es dirigida por esforzados comandantes a todos los cuales lidera el abnegado Moisés Hassan




VI- CAP RECIBE EL AGRADECIMIENTO DE TODA NICARAGUA: El recibimiento que se produce aquí en Masatepe, no ha tenido precedente en toda Nicaragua, ni antes ni después de la guerra de liberación que se ha dado en la hoy liberada nación centroamericana.


Esperado por cerca de treinta mil personas a la entrada de esta población. Carlos Andrés Pérez inició su segunda caminata del día, (la primera fue en Niquimbó) esta vez superando los cinco kilómetros en largo y triunfal recorrido por las calles de esta ciudad, más o menos vecina a la capital Managua.


Al paso de CAP, iban Daniel Ortega, Sergio Ramírez, Alfonso Robelo y, protegida por ellos, la señora Violeta Chamorro. Adelante, guerrilleros abriendo  paso, mientras banda de música y la muchachada flameando al fuerte viento  inmensas banderas nacionales y de los partidos políticos, destacándose el PC de  Nicaragua, ya despuntando como principal de todos. Detrás del líder visitante y los dirigentes revolucionarios, la inmensa multitud, también caminando alegre y compacta.


La masa colmaría casi una hora después la plaza Manuel Díaz, un héroe sandinista muerto aquí en combate en las primeras acciones libradas por el FSLN frente a las tropas dictatoriales. Luego de cumplido el programa oficial, que se desarrolló desde las escaleras de la vieja Iglesia de Masatepe, que incluyó la interpretación a cargo de las “Unidades Culturales de la Revolución” de bailes típicos, recital de numerosas poesías de guerra y apenas una de Rubén Darío, Carlos  Andrés Pérez asistió como Testigo de Honor a la juramentación de la primera Junta Municipal Revolucionaria de Masatepe.


Sergio Ramírez, nacido allí, miembro de la Junta de Reconstrucción Nacional y uno de los mejores novelistas jóvenes latinoamericanos, tomó  la palabra, para calificar de “gran líder de América Latina, con proyección internacional”, a Carlos Andrés Pérez quien “siendo presidente de la hermana República de Venezuela, se las jugó todas a favor de nuestra causa” y que “ahora, alejado del poder, ya entrado a la Historia por la puerta grande, ha venido a Nicaragua para ver cómo estamos comenzando a reconstruirla  como patria realmente libre, independiente y tierra buena para la paz y el progreso”, anunciando en medio del atronador aplauso, que se hará lo imposible por extraditar a Somoza, ya refugiado en Paraguay. “Y si se va al África del Sur”, aseguró, “al África lo perseguirá la justicia revolucionaria, porque la consigna es: ¡Muerte al somocismo!




VII: UN DISCURSO PREMONITORIO fue el del ex presidente Carlos Andrés Pérez: Una ovación la que precedió su  emocionada y profética intervención ante la sólida y agradecida  multitud. “Defenderé la revolución”, advirtió, “porque fue justa  y limpia”. Luego dijo: “Se ha querido difamar a esta auténtica revolución popular. Quien quiera conocer la verdad y quien desee, con justicia, calificar a este  movimiento no tiene más que hacer lo que yo he hecho: venir a Nicaragua y contemplar a un pueblo solidario y orgulloso de su gesta heroica por la libertad”. Recordó que desde el mismo momento en que, estando al frente de la Presidencia de  Venezuela, entró en contacto con los grupos dirigentes de la revolución, actúo “con  sentimiento, con vocación y con voluntad venezolanista, de la Venezuela de Simón  Bolívar, de la Venezuela patria de libertadores”.


Añadió: “Nada se me tiene que  agradecer ni nada se le tiene que agradecer a Venezuela, porque nosotros sólo  cumplimos con nuestro deber. Aquí vengo a expresar el orgullo venezolano por la solidaridad sentida hacia Nicaragua. Fue grato y me siento orgulloso de haber tenido la oportunidad histórica de ser el presidente de la tierra de Bolívar cuando se estaba librando la heroica lucha por la liberación de la tierra de Sandino. ¡Aquí están las  mismas manos de entonces, tendidas hacia ustedes, sin condicionamiento de cualquier naturaleza ni ayer ni hoy. Con nuestra actitud dimos un ejemplo al egoísmo de tantos otros gobernantes, a la falsa actitud de demócratas asumida por algunos que hablaban  y hablan en la ONU o en la OEA, expresando supuestas proclamas de ayuda, de solidaridad, de hermandad, de integración, pero traicionaron y traicionan el sentimiento de sus pueblos cuando abandonaron y abandonan a pueblos como el nicaragüense en sus momentos más difíciles”.


CAP, agitaba sus brazos, como aspas, hacia el aire.


“El gran orgullo que me llevaré hasta el fin de mi vida, es el de haber cumplido con mi deber de demócrata”, afirmó. “En mis dos días de estancia en Nicaragua, mi corazón da vuelcos en mi pecho al sentir y hacerme partícipe de esta desbocada emoción de un pueblo que se liberó a sí mismo. El pueblo es dueño de su historia, dice el himno sandinista, y esa es la gran verdad de los pueblos que se niegan a seguir siendo humillados; que se empinan sobre sus propias circunstancias por tener una patria libre, como lo han hecho ustedes los nicaragüenses”.


La multitud le aupada, con gigantesco griterío de “¡Gracias, compa CAP!  ¡Gracias hermana Venezuela!”. El estadista y líder latinoamericano prometió, puño derecho alzado al cielo de Masatepe, “seguir luchando desde cualquier tribuna para defender la revolución, su significado y sano desarrollo; para que nada ni nadie la suplante, la desvíe, la acose, la interfiera, la destruya en su compromiso más puro y fuerte, la de garantizarle una paz cierta y abierta en todo al pueblo que le confió su destino, sólidamente fundamentada en solidaridad y en progreso, dentro del más claro espíritu y ejemplo de democracia y libertad”.


Para lograrlo, se permitió recomendar “trabajo, abnegación y unidad entre todos, pluralidad  de por medio, porque de ahora en adelante no habrá milagro alguno sino esfuerzo para que la reconstrucción de Nicaragua se concrete cuanto antes”.


Pidió entonces “la más firme, constante y desprendida ayuda Internacional, sin mezquindades de ninguna naturaleza, que le regresen a Nicaragua lo que durante cuarenta años les robaron los Somoza: la libertad plena y el derecho a crecer como nación y como pueblo”. Y aconsejó “la creación de un gran fondo, que reúna millones de dólares que esa reconstrucción requiere”, pero dejando en claro que “debe ser la ética, el respeto en fin, quien fundamente esa ayuda y no el interés de buscarse ganancia material alguna, menos el político que pretenda imponer un solo criterio, una sola ideología, sino que prive en todo y para todo la más absoluta libertad, como lo ideó el Libertador Simón Bolívar, padre de patrias y como bien lo supo interpretar Sandino, el bien llamado General de Hombres Libres”.






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