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Mérida, libertad y federalismo

“Los costos de no pertenecer” por Beyker Albornoz

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Beyker Albornoz



@bdjab


 


La sociedad fue la respuesta evolutiva de la humanidad al entorno para prevalecer, formas de gobierno nacieron, se desarrollaron y finalmente decayeron para dar paso a nuevos sistemas.


La participación en el poder y dirección de los estados, hasta la revolución francesa, era guardado para un grupo exclusivo de integrantes de la sociedad. Luego en América para las Repúblicas nacientes del siglo XIX, los sistemas de gobierno se fueron moldeando a fuego. Hoy Venezuela, luego de una larga historia, es una república víctima de sus propias debilidades.


Si el gobierno es de los ciudadanos, o elegido por los ciudadanos, ¿Cuáles ciudadanos están destinados a dirigir el destino de la nación?


Para el venezolano que “elige” siempre ha existido una figura referente en el periodo de la historia que vive, unos tienen de referencia al General Gómez, otros al General Marcos Pérez Jiménez, otros a Carlos Andrés Pérez, pero nada o poco se sabe de las personas que integraron las estructuras de esos gobiernos.


El poder se hizo entonces accesible al establishment, a la clase política, los que tenían mayor difusión en los medios, a los de “mayor apoyo popular” y la política se convirtió en una palabra para el oscurantismo, para la corrupción.


La ciudadanía venezolana dedico esfuerzos enormes a su desarrollo como individuo, fueron los mejores en sus áreas, sin embargo, se abandonó la participación en la dirección de los asuntos del estado y la sociedad.


Platón, uno de los grandes pensadores sobre la justicia, su relación intrínseca con la formación de los estados, a través de “La República”, a través del método socrático nos dice:


 “Nadie quiere gobernar ni curar los males de otro gratuitamente, sino que exige una recompensa; porque si alguno quiere ejercer su arte como es debido, no trabaja para sí mismo, sino en provecho de la cosa sobre la que ejerce su arte. Por esto, para comprometer a los hombres a que ejerzan el mando, ha sido preciso proponerles alguna recompensa, como dinero, honores o un castigo si rehúsan aceptarlo”.


“Los sabios no quieren tomar parte en los negocios con ánimo de enriquecerse, porque temerían que se les mirara como mercenarios, si exigían manifiestamente algún tipo de salario por el mando, o como ladrones si convertían los fondos públicos en su provecho. Tampoco tienen en cuenta los honores, porque no son ambiciosos. Es preciso entonces que algún motivo muy poderoso les obligue a tomar parte en el gobierno, como el temor de algún castigo.


Y por esta razón se mira como cosa poco delicada el encargarse voluntariamente de la administración pública, sin verse comprometido a ello. Porque el mayor castigo para el hombre de bien, cuando rehúsan gobernar a los demás, es el verse gobernado por otro menos digno; y ese temor es el que obliga a los sabios a encargarse del gobierno, no por su interés ni por su gusto, sino por verse precisado a ello a falta de otros, tanto o más dignos de gobernar”.


El tiempo de cada individuo es el activo más valioso, pero los costos de dejar los espacios de poder a quienes tuvieran tiempo para la política, lo vemos hoy reflejados en la actual crisis que atraviesa nuestro país.


Necesitamos del gobierno de los mejores, no se trata de un slogan egocentrista, hemos sido gobernados por los peores durante mucho tiempo porque los mejores tenían responsabilidades en la academia, en la industria, en las empresas y se abandonó el único sector del cual dependen todas las actividades de una nación prospera, el sistema de gobierno.


Es entonces necesaria la participación en los asuntos políticos, desde la perspectiva ciudadana, asumir el costo de esa participación, pues es una inversión para el renacimiento de Venezuela y la prosperidad de las generaciones por venir.


 






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