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La maleta perdida (2) por ALIRIO PÉREZ LO PRESTI

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ALIRIO PÉREZ LO PERESTI


Twitter: @perezlopresti

Como consecuencia de no tener ningún registro memorístico fotográfico de nuestro pasado, literalmente estamos tratando de generar una construcción iconográfica desde cero, en donde estamos planeando volvernos a bautizar, hacer la primera comunión, volvernos a casar y celebrar cuanto instante haya lugar, en una suerte de antológica segunda oportunidad de burlarnos un tanto del tiempo y con más de medio siglo de vida encima, hacer una representación en donde el pasado y el presente estarán graciosamente entremezclados y si había dudas de la existencia de una corriente de pensamiento llamada postmodernismo, con esta serie de imágenes reivindicaremos el concepto y haremos otra nueva contribución al pensamiento filosófico occidental.


Como en esas películas que tienen hasta una docena de episodios, en donde el protagonista intenta buscar una verdad inasible, estamos tratando de reconstruir una serie de imágenes que han de restituir la vida pasada que hemos tenido, que en realidad es un desafío ambicioso y hasta maravilloso. Estamos tratando de volver a vivir las cosas buenas que hemos vivido, como si mágicamente pudiésemos tener la oportunidad de volver a vivir otra vez la vida que uno siempre quiso haber vivido y en ese descubrir de lo mejor y lo peor, existe la posibilidad de erradicar instantes indeseables, torpes metidas de pata y lastres que ya el tiempo no me permite ver con nitidez.


Viéndolo con la lupa del que trata de buscarle lo bueno a lo malo, tenemos la posibilidad de hacer una especie de fumigación de las plagas iconográficas que no queremos, de aquellas que no llegaron a buen destino y de las que se hicieron innecesario olvidar, porque nada comprueba que alguna vez ocurrieron. De ese tamaño es lo que ocurre cuando se trastoca el eslabón de historia de vida cotidiana de un ser humano, que en realidad es nada pero a la vez lo es todo, porque el centro absoluto de cualquier individuo es él mismo.


El arraigo va de la mano con simbolismos, costumbres, sistemas de creencias y formas de vinculación que son la esencia de la noción de identidad que nos reafirma con nuestras particularidades, evitando el desarraigo y la sensación, muchas veces devastadora de soledad. El poder tejer pequeños espacios que nos recuerdan el lugar de donde somos y la historia de vida que tenemos es parte de una apuesta cercana a un acto de fe que caracteriza lo humano.






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