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Mérida, libertad y federalismo

“El gran hermano” por Beyker Albornoz

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BEYKER ALBORNOZ



@bdjab


Las sociedades humanas, desde sus orígenes, se han organizado políticamente.  Platón en “La República” hace un experimento de filosofía sobre el estado. En sus diálogos plantea que el origen de la sociedad es la impotencia de cada individuo de ser autosuficiente en todas las áreas, razón por la cual existe la especialización o la virtud para desempeñar tal o cual actividad, esto le obliga a unirse a otros hombres de manera que todos desempeñando su función puedan atender las necesidades de todos.


Y en un pequeño ejercicio se muestra como este estado va creciendo en la medida que las necesidades de la sociedad avanzan, esto empieza a generar retos históricos desde entonces.


La unidad político territorial o estado, integran en sí varios elementos: la población, el territorio y las leyes. Pero luego también es necesario transferir la autoridad a un grupo de esta sociedad para que a través del cumplimiento de las leyes permita la convivencia de todos. Y de esta manera cada individuo y por el bienestar de la sociedad entrega parte de su libertad a cambio de la estabilidad social.


¿Cuánta libertad es necesario ceder?


Está vinculada al tamaño y las atribuciones del estado, Platón en “La República” plantea legislar sobre quienes van a detentar el poder, sobre quienes van a defender el territorio. Sin embargo resalta que a medida que se crean leyes sobre todos los aspectos de la vida del estado, se convertirá en un ciclo interminable de adición de artículos, de “correcciones sobre correcciones”, imaginándose así que de esa forma conseguirán la perfección.


Entonces hoy vemos estados-nación que tienen leyes para distintas cosas, en el estado venezolano existen leyes para el control de precios de productos, por ejemplo. Las características del estado venezolano, un estado que quiere dominar todos los aspectos de la vida de sus ciudadanos incluyendo la economía y el mercado.


El intervencionismo como “tercera via”, los controles del estado sobre los aspectos de la economía terminan imponiéndose de la misma forma que tiene el estado para el cumplimiento de las demás leyes, “la acción estatal supone siempre la violencia o la posibilidad de imponerla” (Von Mises 1949).


 


Es entonces que hoy en Venezuela producir se convierte en una actividad de alto riesgo, mientras el intervencionismo tiene una alta propaganda, tanto así que desde ciertos sectores de la sociedad se aclama la intervención como solución. Es la paradoja del gran hermano, el gran benefactor, la venta de que el hombre adulto necesita la protección para la subsistencia sin lo cual no podría desarrollarse, lo que en verdad es el mecanismo de control de regímenes totalitarios para anular la acción humana.


Cabe preguntarse como ciudadanos sobre nuestra productividad, es fácil poner precio sobre bienes y servicios sobre todo cuando no se produce.


“Tres siglos de opresión son una lección sobrado larga para enseñarnos a conocer nuestros derechos. Estos son: la seguridad personal, la libertad, la propiedad, tan esenciales al hombre que vive en sociedad, más ¿Qué libertad, qué seguridad podemos tener nosotros, en nuestras personas ni en nuestros bienes cuando el déspota se dice dueño de vidas y haciendas, y cuando sus satélites nos privan de una y otras el día que les da la gana? ¿Cuánto la menor instrucción, la palabra más indiferente, una queja vaga en la boca de uno de nosotros es crimen de estado que nos conduce irremediablemente a la tortura, a un presidio, o la muerte?”. Francisco de Miranda. (Proclama de Londres 1801).






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