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Guerra comercial y cadenas de valor por Sadcidi Zerpa de Hurtado

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Sadcidi Zerpa de Hurtado



Todas las proyecciones anticipan una crisis económica global a la vuelta de la esquina. Para apoyar esto se insiste en que el crecimiento económico del mundo sigue siendo ínfimo y la tendencia es a la baja. En los escenarios planteados se identifica el peligro que representa los más recientes conflictos comerciales: China-Estados Unidos, Corea del Sur-Japón, Estados Unidos-India, entre otros; la salida del Reino Unido de la Unión Europea; el impacto de la confrontación armada en regiones que no logran recuperar la paz; los riesgos geopolíticos; las burbujas inmobiliarias y financieras; el incremento de la deuda de los gobiernos; así como la creciente desigualdad social, con sus evidentes efectos políticos.


A la par de estos pronósticos, la incertidumbre se expande en la economía mundial debido al inicio de una nueva etapa de la confrontación comercial entre China y Estados Unidos. Ambos países implementaron durante los primeros días de septiembre nuevos aranceles con la esperanza de proteger a los productores locales de la competencia desleal de su contraparte extranjera, reducir la dependencia de las empresas estadounidenses de la economía china, y preservar las posiciones de mercado alcanzadas por las empresas chinas.


En este panorama, luce cada vez más lejano el escenario de conciliación donde ambas potencias limen asperezas por el bien de todos. Ante esta realidad resulta necesario destacar los impactos que esta confrontación está teniendo en las cadenas globales de valor, estructura que sustenta los actuales niveles de producción de bienes y servicios en el mundo.


En primer lugar, resalta el impacto del conflicto en las decisiones de inversión. Es evidente la movilización de las inversiones desde China hacia otros países del sudeste asiático, así como desde Estados Unidos hacia Europa y América Latina, debido a la implementación de aranceles y la no transitoriedad de esta medida. Esto fuerza a la reestructuración de muchas actividades productivas y al incremento en el costo total de las mercancías.


En segundo lugar, la diferencia entre las tasas arancelarias nominales y efectivas, que depende del nivel de valor agregado que aportan productores estadounidenses y chinos. Dentro de una cadena de valor, la prevalencia de insumos chinos o estadounidenses en una actividad condiciona la capacidad de las organizaciones para reubicarse, obligándolas a asumir los riesgos asociados con el incremento en los costos y la paralización de las cadenas de suministro.


Y, en tercer lugar, el efecto de la percepción que se tiene de la disputa comercial. Una posición optimista estaría asociada con la idea de que la confrontación representa solo un impasse entre dos países, cuyos gobernantes están dispuestos a superar sus diferencias en el corto plazo; allí los agentes económicos no tienen necesidad de modificar sustancialmente sus dinámicas productivas, de consumo y de ahorro. Pero cuando se percibe como una parte de un conflicto mayor, es decir, la lucha por el dominio del nuevo orden económico mundial, la incertidumbre se expande y las corporaciones que operan en China y en Estados Unidos internalizan que las tensiones seguirán; aquí los agentes son forzados a reestructurar su actividad económica con el fin de distribuir en el tiempo el riesgo que enfrentan.


De esta manera el conflicto comercial está afectando a las cadenas globales de valor, reduciendo los beneficios del comercio internacional y coartando la capacidad de la economía mundial para crecer. Por ende, se debe abogar por una pronta solución a esta disputa que minimice la probabilidad de una nueva crisis económica mundial.


* @zerpasad






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