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El fracaso de la psicología (2) por ALIRIO PÉREZ LO PRESTI

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ALIRIO PÉREZ LO PRESTI



Sería poco congruente para quienes nos dedicamos a estos asuntos, tirar la toalla, justo cuando tenemos mayor conocimiento de lo que es eficaz y lo que no lo es. Tal vez la contemporaneidad sea el tiempo en el cual, muy por el contrario de lo que podría creerse, la psicología y todo lo correspondiente al enfrentamiento de lo patológico y el cultivo de la Salud Mental, desarrollen las mejores estrategias en un campo de batalla donde tantos predecesores han caído.


Es la percepción que tengo, toda vez que no doy posibilidad a quedarme sin luchar para minimizar el sufrimiento psicológico de grandes mayorías. Pensar en una humanidad emocionalmente enferma, lo cual es sinónimo potencial de infelicidad colectiva, no puede tener cabida en quienes tenemos la responsabilidad de ser garantes de que lo que hacemos sea una actividad primordial de lo humano. El atreverse a asumirlo es más que un acto buena fe.


El grave problema de las drogas, por ejemplo, nos señala, por otro lado, la ausencia de entendimiento en relación a que el fin utilitarista de la Psicología es propio de un abordaje comunitario. Tal vez esto ocurre por ignorancia, o peor aún, por desidia. Lo cierto es que no se intenta comprender el carácter potencialmente útil y universal que esta disciplina posee. Se han desarrollado múltiples teorías, corrientes y escuelas de psicología que se han planteado, no sólo entender la psiquis, sino mejorar la calidad de vida del hombre común. Sin embargo, lo que ha sido cubierto por esta ocupación inicial, que es loable, ha quedado pasmosamente atrás, si lo comparamos con el nivel de psicopatología que desborda al hombre contemporáneo.


Comprendemos que se trata de una disciplina nueva que apenas comienza a dar frutos; pero que si no es sometida al lente crítico de quienes la cultivamos, difícilmente se podrá dar respuestas a las múltiples contingencias, desórdenes y sufrimientos que genera la condición psíquica del individuo cuando pierde su armonía. Lo cierto es que el desafío sigue presente, en una suerte de vanguardia contra la enfermedad mental y las estrategias que de manera recurrente nos vamos trazando para enfrentarla.






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