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Trozos de nuestra historia

La potencia prometida por José Ramón Contreras B.

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José Ramón Contreras B.



asinacioelvigia15@blogspot.com


 Cuando el Alcalde de nuestra entidad arribó al gobierno local, recuerdo que anunció, hacer de mi pueblo un municipio potencia. De esta promesa ya han transcurrido muchos días y esa energía no aparece por ningún lado, al contrario, la electricidad local, tampoco funciona, a pesar del anuncio del Ministro Mota, todo lo contrario, problemas vitales para una comunidad en desarrollo, la recolección de los desechos sólidos o simplemente llamada basura, nos sigue presentando, ante la mirada de nuestra población y sus visitantes, como una ciudad sucia, con la presencia de las llamadas aves de rapiña (zamuros), revoleteando sobre la inmundicia. La carga burocrática en las dependencias del gobierno local, ha aumentado y con ella la desidia. Recuerdo que, el primer chofer o conductor de la única unidad recolectora de basura, la conducía mi señor padre, dos obreros eran los colectores de los desechos de nuestra naciente entidad geopolítica. Ahora, entiendo que el crecimiento de su población, la gran cantidad de barrios y comunidades que la conforman como Ciudad Líder del Occidente venezolano, y también comprendo, que no es mucha la diferencia entre el pasado Alcalde y el actual burgomaestre. La diferencia tal vez sería, que aquel mandatario era de la oposición, con un Gobernador y un Presidente “rojo, rojito”, ahora el panorama político es otro, un Alcalde rojo, un gobernador de la oposición y un Presidente que sigue siendo socialista, revolucionario y rojo. Si comentamos la situación del Acueducto de Mucujepe, otrora, Triestadal, nos conseguimos, con una carencia total del vital líquido. Las calles y Avenidas de mi ciudad presentan un mal estado en su pavimento, unas luminarias que no alumbran y unos semáforos que no funcionan. El bullicio de la calle 3 y el sector El Tamarindo, principal asiento del comercio local, nos presenta un panorama desolador, después de las 2 de la tarde de cualquier día, se muestran desoladas, con pocos transeúntes, apenas, vendedores o “bachaqueros” que ofrecen a su escuálida clientela, aceite de comer, azúcar, café, harina de maíz y los llamados “quita ruidos” cambures y mangos, para amortiguar el estómago y contribuir con ensuciar sus aceras y pavimento al lanzarlos a la vía peatonal. Del transporte público, ni hablar, son pocas las unidades que se atreven a circular por la ciudad. Total, el municipio potencia, se ha traducido en una instancia impotente.






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