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Humillación por Eleazar Ontiveros Paolini

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ELEAZAR ONTIVEROS PAOLINI



Es  nuestra apreciación que si aclaramos lo concerniente al concepto de humillación, nos daremos cuenta de que los venezolanos estamos sometidos a ella cotidianamente, dado el ejercicio abusivo y despótico del poder gubernamental.


Toda acción que denigre de la dignidad humana es humillante. La humillación es el  acto mediante el cual se devalúa  sin justificación a algún individuo o grupo, por parte de quien o quienes detentan el poder. En otras palabras,  ser humillado significa ser puesto en una situación de minusvalía, en contra de los intereses del individuo; y humillar es violar e irrespetar los derechos básicos humanos.


Ahora bien, y esto es importante, la humillación es tal cuando la víctima o el sujeto sometido a ella, tiene conciencia de que se le está violentado su dignidad. Todos poseemos los mismos derechos,  pero hay algunos que con indiferencia, dada su ignorancia para calificar y discernir, ven como algo natural las acciones humillantes  del poder al utilizar la sumisión, subyugamiento, dominio económico, dependencia, obediencia, poder político o por servil aceptación ideológica.


Las posibilidades de no sentir como humillantes algunas acciones que sí lo  son, adquiere mayor significación en casos de crisis sociales en donde el poder superpone al desconocimiento de los derechos, la humillación de someter a la población a la necesidad de recibir para supervivir, dádivas y prebendas que como tales procuran evitar reacciones inconvenientes a su estabilidad, vendiendo la idea mesiánica de que se trata de poner en practica la generosidad del  Estado, único capacitado para resolver los problemas del pueblo antes sometido al yugo de los oligarcas. Ese hacer mesiánico, paternalista, traduce acciones que conducen inexorablemente a la disminución y relajamiento de la creatividad y poder de decisión de los hombres que forman la masa, convirtiéndolos en entes pasivos que esperan resolver sus problemas extendiéndole las manos al paterno dador.


Lo anterior, sin duda, nos permite considerar que los venezolanos, tal como lo indicábamos al principio, día a día, están siendo cada vez más humillados pues sin pausa le es violentada su dignidad. O es que acaso no es humillante someter al pueblo a hacer colas insufribles con la esperanza de poder hacerse de cualquier producto que le resulta indispensable; sentir cotidianamente la escasez de lo mínimo necesario por la incapacidad y corrupción gubernamental; sentir sin solución  de continuidad el crecimiento de la inflación, haciéndose cada vez más miserable el salario; percibir como el crimen galopa libremente  y goza de impunidad por  la incapacidad de los órganos policiales y la venalidad de los jueces, generando permanente temor; apreciar con expectación como se tergiversan las leyes para beneficiar designios políticos del Gobierno; como se hacen groseras interpretaciones de la Constitución para lograr con ello mantener el poder; la constante intención de entorpecer con interpretaciones rebuscadas los derechos consagrados en la Constitución, como es el caso del revocatorio; la sumisión a las llamadas comunas que sin ser organismos oficiales en la estructura del Estado deciden discriminadamente sobre aspectos vitales de las comunidades; ser sellados los brazos para acceder a determinados comercios;  el deterioro de servicios básicos indispensables como son la salud, la educación, la electricidad, el agua: y , en fin, tratar de someternos a aceptar todo aquello que nos es alienable, por efectos de un dogmatismo trasnochado que se pretende imponer bajo la égida de la inflexibilidad.


Lo anterior es ampliamente conocido, pero creemos que resulta importante repetirlo hasta la saciedad, de manera tal que se internalice aun en los desprevenidos y, en consecuencia, se apoyen todas las actividades tendentes al cambio


Y ahora deben entenderse como  problemas a resolver cuando de nuevo se “monta” un nuevo diálogo, que por lo que oímos y leímos del acuerdo a que se llegó, se nos muestra en primer lugar que no todos los movimientos políticos están representados, resultando hasta capcioso que la representación no gubernamental sean los mismos que le hicieron el juego al gobierno en las elecciones presidenciales del 2018. Además, lo único que se concreta es la promesa gubernamental de que los diputados chavistas volverán al foro legislativo, lo que presupone, no se explicitó, que se debe dejar sin efecto el llamado desacato. ¿Por qué, dada su inmediato e impactante resultado, no se  comprometió el gobierno a dejar el libertad a los presos políticos, en devolver la inmunidad a los diputados a quienes se le quitó la misma e incluso a pagar retroactivamente lo que se les debe de sueldos a los integrantes opositores de la Asamblea? También se dijo, sin especificar, si todo se ceñiría estrictamente a lo establecido en la Constitución, que se nombraría un nuevo CNE, sin especificar si tal nombramiento, como está instituido, lo decidirá la Asamblea, no vayan a salir con el cuento de que lo hará la inconstituyente por su carácter superlativo. Es bueno recordar que el último CNE de la IV República coordinó las elecciones en las cuales salió triunfador Chávez, sin que se presentara ningún problema. En el otro acuerdo, cambiar petróleo por renglones relacionados con la ayuda humanitaria, no se especifica, concentrándose solo en lo declarativo, cómo se hará la adquisición y distribución, ya que, todos lo sabemos, si cae en manos del gobierno y de sus comunas, todo estará de nuevo sumido en la corrupción. Para nadie es un secreto que el gobierno no logró en ningún renglón hacer una distribución que no generara descomposición generalizada, es decir,  en todos los niveles: desde la adquisición  hasta la entrega.


Seguimos siendo escépticos, pues ni siquiera se acuerda hacer una revisión, aunque solo fuera eso, una revisión crítica, de la posibilidad de llamar a nuevas elecciones generales; considerar la habilitación de los partidos inhabilitaos caprichosamente; de analizar la conveniencia de un cambio del modelo económico; de corregir la política exterior; de definir la profundización de la descentralización; de  que haya el compromiso del régimen de respetar el reparto adecuado del 20% del situado constitucional; de estudiar a cabalidad las expropiaciones hechas durante el régimen y determinar en cada caso la devolución o el pago de lo expropiado; de definir perentoriamente el problema del gas y de la electricidad, solo corregible si se procede como antes, es decir, por vía de dar la distribución a compañías privadas; definir cómo devolverle a los hospitales un funcionamiento acorde con su delicada función; de devolverle a las universidades su plena autonomía, empezando porque grupos de expertos independientes estudien los presupuestos que elaboran esas instituciones, y recomienden al régimen, con propiedad, lo que sea conveniente; a pesar de que podía concretarse sin demora, no se consideró la apertura de la frontera con Colombia y así acabar con el constante martirio, en especial, de los tachirenses; no se planteó ni por asomo el abuso del régimen en cuanto al uso de los medios de comunicación, convertidos en emisoras de propaganda gubernamental; ni por casualidad se habló de la adecuación y autonomía funcional del Banco Central. Etc…Etc.


Queremos decir que todo nos pareció un saludo a la bandera, pues lo menos o lo más que pudo haber hecho esa especie de comisión conciliadora, era elaborar un listado exhaustivo, indicando lapsos para definir la forma  de enfrentar esos grandes problemas.  La problemática venezolano no puede verse en función de aspectos puntuales y limitados, es necesario pensar integral, holísticamente, si en verdad se desea la recuperación del país, lo que implica una participación significativa de los diferentes factores.












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