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El Nobel en la mira por Ricardo Gil Otaiza

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RICARDO GIL OTAIZA


El Nobel más esperado es el de literatura, porque el resto mueve gente e interés mediático, pero nunca como aquél. El jueves 10-10 anunciaron los dos premios, 2018 y 2019, y los conocía de oídas, más por sus posiciones políticas que por sus obras, que por cierto no se hallan en español (o no llegaron jamás a estos predios planetarios). Extraño suceso, ya que si tenían estatura para Nobel alguna editorial de lengua española debió interesarse por ellos hace tiempo. Anagrama ha anunciado la inmediata publicación de una novela de la polaca Olga Tokarczuk y no precisamente (lucubro) por ese ojo clínico que suele adjudicárseles a algunas casas editoriales, sino porque la información, que se supone es de estricta confidencialidad, se cuela (o se pasa de manera deliberada). De Peter Handke sé muy poco, aunque ya aparecen detractores por su amistad con el tirano Milosevic, lo que debió incidir en la decisión por ese hálito ético del que siempre ha echado mano la Academia para negarse frente a un postulado, aunque no se la aplicaran ellos mismos (me refiero a la ética), habida cuenta del enorme escándalo de tráfico de influencias y de acoso sexual que obligó a la renuncia en masa de los académicos, y que hizo postergar la decisión del Nobel de Literatura 2018 por un año. Por cierto, nos lo recuerda en un tuit el escritor venezolano J.C. Méndez Guédez, que por razones “éticas” (“esa es la explicación que daban”, acota el autor) no le fue concedido el Nobel al “incomparable Borges”, y califica la concesión a Handke, pese a su amistad con Milosevic, como “Menudo patinazo…”. 



La concesión de premios es subjetiva (líneas arriba recordé el escándalo en la academia sueca, por nombrar solo uno), pero es cierto que dispara la carrera a niveles insospechados, que es el anhelo de todo escritor: ser leído por multitudes y que su obra sea llevada a otras lenguas. Sin embargo, hay decenas de premios Nobel, de premios Cervantes, etcétera, que ya fueron olvidados, y sus obras han quedado como simples entradas de diccionarios. En contraposición a esto encontramos autores, como el propio Jorge Luis Borges, que alcanzaron la inmortalidad y no precisamente por el tráfico de influencias, sino por su calidad y a costa de un esfuerzo muchas veces sobrehumano. Claro, no voy a pretender hacer una regla de esto, ya que sería un absurdo, porque Borges hubiese deseado ganar el Nobel, y de hecho fue postulado muchas veces al extremo de tomar el asunto como un chiste, pero le fue negado presuntamente por haberse dejado condecorar de Pinochet, y por sus posturas políticas. 




Extraña, eso sí, que dentro de la reseña que lanzaron los medios internacionales de los hoy flamantes Premio Nobel, aparezca casi de primero su postura en el espectro político. Por ejemplo, de la polaca se exalta que sea militante de las izquierdas y de su oposición acérrima a la extrema derecha. Me pregunto: ¿es un premio a la obra literaria o a la postura política? ¿Si la autora fuese de derechas se lo hubiesen concedido? 




Valdría la pena que algún tesista en letras hiciese un estudio en el que determine la relación entre la filiación política y la concesión del Nobel de Literatura a lo largo de la historia del codiciado premio, y a modo de hipótesis o de supuesto le planteo que la balanza posiblemente se incline por las izquierdas. ¿Más escritores de izquierdas que de derechas? ¿Más académicos suecos de ese lado del espectro político? 




Ya el caso de la concesión a mujeres, ni hablar, es emblemático. 




@GilOtaiza 




rigilo99@hotmail.com






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