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¿Fin de las cadenas globales de valor? por Alberto José Hurtado B.

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Alberto José Hurtado B.


El mundo entró al nuevo siglo en medio de grandes avances para la consolidación del multilateralismo, la disminución de las barreras al comercio, la reducción de los aranceles sobre materias primas, insumos y productos finales, la incorporación de nuevos países a la Organización Mundial del Comercio (OMC), y la mayor firma de acuerdos comerciales regionales. Esta disposición a favorecer la liberalización comercial junto con la llegada de nuevas tecnológicas de comunicación e información generaron: a) reducción de los costos de transporte y comercialización de mercancías, factores de producción y personas, y b) incremento de la red de actividades productivas más allá de los territorios nacionales. Así, las empresas comenzaron a identificar y a contactar proveedores más eficientes en el extranjero, ampliando la variedad y calidad de los insumos que se usan en la elaboración de bienes y servicios.

En este entorno, las empresas fragmentaron sus cadenas de producción a través de las fronteras de los países teniendo en cuenta como variables clave los costos de las materias primas y la proximidad a los mercados. China, India, Singapur, Indonesia, Filipinas, Malasia, entre otros países de Asia fueron los más beneficiados de esta dinámica, al lograr un importante impulso para sus exportaciones con una activa participación en estas cadenas globales de valor.


Con el inicio de la actual ola proteccionista, caracterizada por una mayor conflictividad comercial y sucesivos incrementos de los aranceles, comienzan a disminuir los incentivos para mantener las cadenas globales de valor, lo que es cónsono con el objetivo que persiguen muchos gobiernos: reducir la dependencia del suministro extranjero de insumos y materias primas. En este panorama, los responsables de las empresas participantes en las cadenas globales de valor han privilegiado: 1) el adelanto de la actividad empresarial, optando por recibir de forma anticipada las ordenes de sus empresas para minimizar el impacto de la puesta en práctica de nuevos aranceles; y 2) la búsqueda de fuentes alternativas de insumos fuera de los mercados consolidados, actividad inicial dentro de una estrategia de reorganización más amplia de la cadena de suministro.


Estas dos formas de enfrentar la coyuntura están limitadas por el riesgo de nuevos y más altos aranceles cuyos costos no se pueden evitar adelantando la producción, y porque los nuevos proveedores carecen de la capacidad para adaptarse rápidamente al incremento repentino de la demanda. Esto hace más vulnerables a las empresas participantes de una cadena de suministro e incrementa los riesgos de crisis en las economías que han sostenido su modelo de crecimiento en una amplia y dinámica participación en las cadenas globales de valor.


De esta manera, la conflictividad comercial de hoy en día amenaza con fracturar las cadenas globales de valor y con ello coloca en peligro la estabilidad de la economía mundial. En la medida que desaparezcan las discrepancias existentes entre las autoridades de los países en conflicto, no cambiará la dinámica de encadenamientos productivos y las cadenas globales continuarán tal como las conocemos. Mientras que un incremento de las hostilidades forzará la reconfiguración de la actividad empresarial a nivel mundial, debido a la necesidad de dar respuesta a los propietarios de los factores productivos que dejarán de usarse (trabajadores y demás materias primas abundantes en los países considerados aliados comerciales), y por la obligación que tendrán las empresas de anticipar la política comercial de los gobiernos, con toda la incertidumbre que esto genera.

@ajhurtadob






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