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El gran legado de la revolución: eversión y evección por Eleazar Ontiveros Paolini

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ELEAZAR ONTIVEROS PAOLINI



Los términos utilizados en el título pueden dar la impresión de que se rebuscaron para una figuración “lexicológica”, presumida, de quien escribe. Pero no. No es así. Se trata de dos términos que en sí concentran el desastre  legado por el supremo y extendido por su flamante heredero, que imbuido del más alto sentido de la lealtad ha continuado sembrando en el suelo venezolano la desgracia y la desdicha, llevándolas a  dimensiones inconcebibles.


En efecto, el chavismo ha llevado  a   Venezuela a la eversión, es decir, es la acepción en nuestro idioma, a la destrucción, causando daños graves que han  aniquilado  no solo cosas materiales sino también muchas  de carácter inmaterial. A su vez, la evección que si bien se refiere a cambios del movimiento de la luna causados por la atracción del sol, también significa, y es lo que nos interesa, el desalojo o despojo que se le hace al poseedor de algo. Vistos los conceptos, no hay la menor duda de que la eversión y la evección concentran  todo lo negativo, perjudicial, nocivo y dañino que se le ha provocado y se le sigue provocando a un pueblo que aunque no reacciona como debería hacerlo, tiene la seguridad de que pronto el régimen,  carente de gobierno, de dirección y de gerencia efectiva, se sumirá cada día más, al ir disminuyendo su enfermiza prepotencia, en el estercolero, en el basurero, en la pocilga a que conduce la frustración que resulta de tener la certeza de que la incapacidad que ha venido nadando en el oscuro, proceloso y turbulento río de la corrupción, será inevitablemente juzgada  por las vías legales, definiéndose un cúmulo de imputaciones que  no escaparán de la vindicta pública. Y es que además de las victimas inmediatas, sus delitos han lesionado los sentimientos  de seguridad y tranquilidad de la sociedad y perjudicado sus intereses.


Sin necesidad de poner en juego una perspicacia y agudeza sobresalientes, miles de instituciones y millones de individuos, han sufrido la eversión y la evicción, con lo cual se logra una denominación concreta y satisfactoria de nuestro estado de cosas. Y fue casualmente la amarga queja de una amiga, profesora jubilada, la que me hizo pensar en que valía la pena hablar de los términos antes indicados, máxime cuando  a lo dicho hay que agregar el hecho de que casi invariablemente el impacto que provocan es simultáneo.


La profesora en cuestión, viuda, tiene una hija en Mérida, Yucatán, México. Su otra hija y el esposo de esta, han decidido salir de Venezuela. Ella. Profesora universitaria, para España  y él, también profesor, para los Estados Unidos. ¿Y qué hago yo ahora? se preguntaba acongojada. No puedo quedarme sola lo que me obliga a irme con uno de ellos. Pero yo no quiero  salir en forma definitiva de mi país, a pesar de que han robado la tranquilidad, me han desestructurado la familia, me pagan una pensión miserable, no puedo visitar a mis amigas asiduamente por el problema de la gasolina, no puedo hacer un mercado más o menos adecuado, temo al dejar mi casa, adquirida con el fruto del trabajo de muchos años, que sea invadida, no he podido comprar desde hace tiempo un nuevo par de zapatos, he empezado a releer los libros que tengo porque comprar unos dos mensualmente, como hacía antes, es imposible, siento el profundo dolor de no poderle comprar a mi nieta algún juguete apropiado o poder hacer, como antes sucedía , un regalo cuando soy invitada a una boda o a un cumpleaños. No estoy bien, mi estado anímico es cada día peor  y temo perder poco apoco la cordura. Pues bien, ese es un retrato de lo que le pasa millones de compatriotas, y un ejemplo de la combinación del efecto de la eversión y la evicción.


También podemos apreciar el fenómeno en las instituciones. Y el ejemplo más determinante para nosotros es la Universidad. La han despojado de un presupuesto adecuado, le han deteriorado su estructura, le van robando paso a paso su autonomía, los profesores se van al no recibir el salario que les corresponde en justicia, la matricula disminuye porque los estudiantes, en especial los que vienen de otro estado, no se pueden mantener, le han limitado la posibilidad de investigar, las posibilidades de mantenimiento de  sus edificaciones y de los equipos indispensables para la docencia y la investigación que yacen inservibles en algunos rincones, etc. etc.


Todo, absolutamente todo, se puede resumir en el grave delito de agredir, transgredir y quebrantar la seguridad y la tranquilidad de la sociedad, que como tales deben ser el objetivo primordial de cualquier gobierno, pues en ello queda incluido el funcionamiento de  cualesquiera otros aspectos.

 





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