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DIRIGIDO AL ALCALDE DE CAMPO ELÍAS

¿Duerme usted bien, señor alcalde? por Ángel Ciro Guerrero

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SIMÓN FIGUERORA, ALCALDE DE CAMPO ELÍAS



Fíjense como son las cosas: en los años sesenta un libro despertó a un gobierno y su presidente. Seis décadas después, una rumba gigantesca, donde  corre la droga, se liba miche callejonero, cerveza y ron, hay sexo exprés, tumulto, que incluye las groserías más feas del calé marginal, todos los fines de semana, no hacen mella alguna en los oídos de una alcaldía y su alcalde.


De allí la pregunta. ¿Quién explica el por qué los versos de un poeta, duro, panfletario si se quiere, de los llamados malditos, que fue grande entre sus pares, pudo hacer recapacitar al mejor y más extraordinario de los presidentes que ha tenido la democracia en toda su historia y al que le temían dictadores como Chapita Trujillo, Fidel Castro y Stroesner, de los más feroces en América Latina?


Ese libro, “¿Duerme usted señor presidente?”, que en 1962 catapultara al éxito literario y editorial a su autor Caupolicán Ovalles, logró lo que la guerrilla urbana, que mataba policías en las esquinas, asaltaba bancos y se escondía en las montañas, tanto como la derecha extrema dictatorial que buscó varias veces asesinarlo, nunca pudo: doblegarlo. Ese presidente era Don Rómulo Betancourt quien, respondiendo la interrogante del poeta preguntón actuó de inmediato  ordenando la más exhaustiva investigación sobre la represiva actuación del ejército y la policía política contra los opositores e imponiendo el castigo legal correspondiente a los que resultaron culpables.


Eso se les reconoció al presidente y al poeta. A sus muertes, el  presidente ingresó a la historia y el poeta a la gloria con que la literatura premia a los mejores.


Pues bien, aunque Simón Figueroa está a siglos luz del líder y por supuesto el cronista del poeta, sin embargo sirva su ejemplo para fundamentar, una vez más, la angustiante pregunta que se le formula al burgomaestre de Ejido, capital del municipio Campo Elías, del estado Mérida, del por qué, desde que es alcalde, viene permitiendo se cometa la más atroz violación de normas, reglamento y leyes que defienden la preservación de la paz pública, la moral y las buenas costumbres. Una situación que ya superó el nivel de los absurdos, de las ilegalidades, de la alcahuetería o de la complicidad pues no hay otra explicación para entender lo que ocurre llegada la noche y hasta el amanecer de los días viernes, sábado y domingo en el estacionamiento del centro comercial Centenario, que da frente a la avenida.


Son más de quinientas las familias que habitan en las comunidades Centenario, El Molino y alrededores a ese sitio las que vienen sufriendo el atosigamiento, el escándalo, la gritería, la constante perturbación y las ofensas de un grupo de desadaptados y desadaptadas que han hecho suyo el lugar para instalarse y cometer esta clase de tropelías contra la gente decente, honesta, trabajadora, que ya no aguanta más, que está a punto de perder la paciencia y clama, definitivamente, porque el alcalde o su hijo, que también actúa como tal, asuman de una vez por todas su responsabilidad y resuelvan dicha situación, que de seguirla permitiendo la gente terminaría aceptando que es cierto lo que es ya un reguero de pólvora. El encargado, gerente, responsable o dueño de un restaurant que allí expende más licor que comida, sostiene que el señor alcalde lo autorizó a permanecer abierto hasta pasadas las  cuatro de la madrugada. Si así fue –asunto que la gente seria cree no lo sea- constituiría un terrible daño a la credibilidad que hacia la ley y por la ley debemos tener los ciudadanos, lo que obliga al señor alcalde dejar bien clara cuál es la verdad.


Al alcalde Figueroa se le reconoce tener limpia de basura Ejido,  porque a su favor cuenta el apoyo del gobierno nacional, para la adquisición de insumos y equipos que la limpien; pero la ciudad está de plano contaminada por el ruido infernal, la delincuencia, la marginalidad que violenta la convivencia, el buen vivir. En fin, una situación compleja, que cuesta entender por qué la autoridad municipal mayor no se ocupa de combatir, como está obligado a combatirla, la contaminación sónica, igualmente dañina, perjudicial y peligrosa.


El rumor de calle señala que el alcalde facilita con su indolencia que el estacionamiento del CC Centenario se utilice como discoteca pública, para dejar que el malandraje drene su furia en ese sitio los fines de semana. No se sabe dónde vive el alcalde, pero seguramente en su frente, detrás y a los lados no habrá escándalo alguno día y noche. Por eso duerme bien, muy bien. No así sus gobernados, que le recuerdan que más de un político ha perdido prestigio, fuerza y mando por ser sordo, mudo y ciego cuando le conviene, o por carecer  de sensibilidad, virtud muy importante en la vida de todo buen funcionario público.


¡Ah!, señor Figueroa, hoy es viernes. Por favor, venga esta noche solo o con la policía y compruebe  lo que se le denuncia. Se le agradecería hacer lo posible para que miles de ciudadanos podamos dormir en paz, que la necesitamos con urgencia…






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