Inicio

Opinión



AL ALCALDE DE CAMPO ELÍAS

II ¡Definitivamente duerme usted mal, señor alcalde!

Diario Frontera, Frontera Digital,  SIMÓN FIGUEROA, Opinión, ,II
¡Definitivamente duerme
usted mal, señor alcalde!
SIMÓN FIGUEROA



Ángel Ciro Guerrero


Porque su conciencia no lo deja. Es muy pesada la carga de los errores suyos.  Ya es pública y notoria la violación que usted comete por omisión y su figura aparece cada vez más lastimosa tanto en autoridad como en autoritas, por si lo desconoce, dos valoraciones muy distintas. La una, que usted ya no manda, lo mandan o no le hacen caso; la otra, que su actuación, pésima por lo demás, dáña la imagen que un buen alcalde, que se respete, debe tener ante sí mismo y sus gobernados.  


Imposible que concilie el sueño, señor alcalde, cuando en Ejido usted es el primero en incumplir la ley y, con su mal ejemplo, autoriza a que las bandas de desadaptadas y de desadaptados, que pululan en su municipio, por igual la violenten, se rían de sus gobernantes, se burlen de la comunidad y se evidencien, cada día más, como protegidos de un burgomaestre al que nada le importa el bienestar de la ciudadanía.


Imposible que duerma usted bien, señor alcalde, si visto está que nada le importa la angustia, el desespero, la rabia, la impotencia también, en que están sumidas las más de quinientas familias residentes en Centenario, Los Molinos y alrededores del Centro Comercial Centenario que, a consecuencia de su desidia, sufren lo indecible dada la flagrante  y permanente violación de todas las ordenanzas que regulan la convivencia, el buen vivir, la debida defensa y preservación de la moral y las buenas costumbres.


Por la radio, los diarios y las redes a usted se le ha denunciado en numerosas ocasiones,  igualmente en su oficina se le ha dejado la denuncia por escrito,  que después de las diez de la noche y hasta las seis de la mañana siguiente, durante los días viernes, sábado y domingo, en el estacionamiento del CC-Centenario se congregan, como zamuros o ratas ante los despojos o la basura, varios grupos de hombre y mujeres que, en una suerte de aquelarre, bailan como diablos y brujas, en histeria colectiva, entre cerveza, miche, droga, sexo  y gritos que los habitantes de todo el municipio escuchan menos usted, señor alcalde.


Y no puede escucharlos, señor alcalde, porque los reclamos que su otro yo le hace a cada rato, recordándole que lo está haciendo mal, muy mal, y que su torpe actuación de espaldas a la normalidad terminará derrocándolo del pedestal en que usted cree encontrarse, se lo impide. Pero son tan altos y procaces como tantos decibles alcanzan el ruido de los groseros reguetones que difunden los autos con sus equipos de sonido, disputándose el primer premio para el que más alto suene.


Esa situación, señor alcalde, que usted no quiere o no puede impedir se siga


sucediendo, puede tener un resultado final nada agradable. Por eso se le pide actuar, cuanto antes, de manera decidida, para prevenir hoy y no lamentar mañana cualquier  cruento desenlace. . De sucederse, Dios no lo quiera, la culpa será toda suya, señor alcalde, puesto que probado ha quedado que usted, a la fecha, nada ha hecho para frenar el cometimiento de lo que, a tenor de reglas, ordenanzas y leyes, es un delito.


            Entre esos vándalos, -usted y la policía mejor lo saben-, hay mucho malandro, que va al sitio armado, que no come cuento, porque son guapos y apoyaos, y buscan imponerse sobre los demás. En cualquier momento, entre ellos, puede darse el enfrentamiento y entonces  le veríamos a usted, señor alcalde, lamentando una tragedia que usted se negó a prevenir. Nuestras comunidades, donde habita mucha gente honrada, trabajadora y decente, no se lo perdonarían, señor alcalde.


            Le invitamos a que esta semana, se reúna con la Cámara Municipal y la Policía, para adoptar, entre concejales y uniformados, ojalá también con la comunidad, la decisión de frenar lo que es a todas luces muy dañino para usted, para la Alcaldía y para la gente de Campo Elías. Así reafirmaría su condición de autoridad, de liderazgo y respondería a su obligación mayor: cumplir y hacer cumplir la ley.






Contenido Relacionado