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Juan Puig por Carlos Guillermo Cárdenas

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CARLOS GUILLERMO CÁRDENAS


Cubierto en el silencio que le sirve de epílogo a los seres humanos, Juan Puig Pons pasó el suyo con estoicismo y valor. Causaba dolor ver aquel hombre que fue expresión de lo sublime y lo grande,  amainar sus facultades físicas y cognitivas. Aquel hombre de inteligencia y saber, de ciencia y conocimiento, de academia e investigación. Aquel hombre formado en  los institutos de investigaciones de más prestigio mundialmente como Pasteur y Marsella. Aquel hombre que se hizo biólogo para ayudar a la humanidad a diezmar las enfermedades infectocontagiosas y genéticas.  Aquel hombre que prefirió este lejano país del trópico caribeño a las hermosas pampas argentinas.

Biólogo de formación, se involucró en el extenso campo de la investigación científica desde el laboratorio de biología y medicina experimental (Labiomex).  Además, coordinó el postgrado de Biología Molecular.

Se trasladó físicamente para la Cátedra de Fisiopatología  de la Facultad de Medicina compartiendo responsabilidades con el profesor Walter Bishop, aunque administrativa y académicamente continuó en la Facultad de Ciencias.

Bajo la dirección académica del profesor Julián Aguirre Pe, compartí responsabilidades, él como coordinador del CDCHT y quien escribe como coordinador del CEP.

No excedo al afirmar que en alguno momento de nuestras vidas, fue un consejero oportuno y acertado, pues en varias oportunidades acudí a la asesoría de su mente lúcida y talentosa.

De una conversación agradable y muy directa, con ideas que podían no compartirse en el terreno de lo ideológico y social, siempre su voz estuvo impregnada de la sapienza del hombre ducho y culto.

La Universidad  pierde uno de sus valores en el campo académico de mayor relevancia y trascendencia. La universidad pierde un investigador de primera línea. Honor y gloria a quien lo merece. Paz a sus restos. Mi abrazo fraterno al amigo y profesor que inicia el viaje a la vida eterna.





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