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Economía y tasa de interés en Asia por SADCIDI ZERPA DE HURTADO

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SADCIDI ZERPA DE HURTADO


Con el inicio del nuevo año se mantiene la flexibilidad de las autoridades monetarias en Asia. Luego de promover incrementos de las tasas de interés durante 2018, el temor de una nueva crisis financiera mundial en los próximos años, el riesgo de mayor inflación, así como la reducción de la velocidad de crecimiento de las economías de los países del sudeste asiático, llevaron a un cambio en la manera de actuar de los bancos centrales de la región. En 2019 el Banco Central de Malasia redujo su tasa de interés en 25 puntos básicos por primera vez desde 2016, igual decisión fue tomada por las autoridades monetarias de Tailandia, mientras que los bancos centrales de Filipinas e Indonesia redujeron sus tasas de interés en más de 50 puntos básicos.


Si bien cada uno de estos países tuvo sus propias razones para generar esos cambios en las tasas de interés, existen algunas tendencias mundiales que han provocado el cambio hacia una política monetaria más flexible, entre ellas se encuentran: la desaceleración del crecimiento económico global, y las perspectivas de inflación.

En el primer caso, luego de la difusión de las cifras de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de las principales economías del mundo, quedó clara la desaceleración de la actividad productiva mundial como consecuencia del cambio de la curva de rendimiento en Estados Unidos, el impacto de las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, y la restricción de las exportaciones a nivel mundial debido al resurgimiento de las políticas proteccionistas. En este escenario, reducir las tasas de interés equivale a un movimiento preventivo para proporcionar un estímulo adicional que evite el mayor deterioro de la actividad económica.

Y en el segundo caso, cualquier perspectiva de inestabilidad de precios se identifica como benigna e incentiva a los responsables de los bancos centrales a reducir las tasas de interés. En este sentido, el débil crecimiento económico genera poca presión sobre los precios por el lado de la demanda, y los precios estables del petróleo y los alimentos hacen lo equivalente por el lado de la oferta, todo lo cual plantea un escenario donde las autoridades monetarias pueden ser más agresivas al presionar la tasa de interés a la baja.

El mayor riesgo de esta estrategia de baja tasa de interés es que puede no ser suficiente para compensar el impacto de la desaceleración de la economía mundial. Las tasas de interés ya son relativamente bajas y el costo del financiamiento desde hace mucho tiempo dejó de ser el factor principal que toma en cuenta una empresa al momento de invertir. En este orden, la incertidumbre acerca de las políticas comerciales futuras, los riesgos de nuevas confrontaciones entre países por el liderazgo de las nuevas tecnologías y el pesimismo empresarial sobre las decisiones de sus gobiernos, son aspectos relevantes previo a cualquier inversión.

Por otra parte, los bancos centrales también deben equilibrar los beneficios de las bajas tasas de interés en la economía con los riesgos de mayor vulnerabilidad en el sistema financiero. Crédito barato y fácil de obtener puede alimentar burbujas de precios de los activos o provocar sobreendeudamiento de las empresas.

La política monetaria así planteada no es suficiente, debe complementarse con la política fiscal para incentivar la demanda de bienes y servicios en el corto plazo. Esto implica: reforzar el gasto en infraestructura y promover la formación de la población en habilidades claves para la nueva tecnología. Esfuerzos iniciales que permitirán avanzar en la recuperación y la diversificación de la actividad productiva.

@zerpasad




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