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Indonesia: ¿futura potencia mundial? por Sadcidi Zerpa de Hurtado

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Sadcidi Zerpa de Hurtado



Indonesia es una nación musulmana, democrática, que tiene todo para convertirse en los próximos diez años en la cuarta economía más grande del mundo. Pero a pesar de representar la mitad de la economía y la población de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), el reconocimiento de su importancia regional y mundial no ha llegado. Indonesia salió de la crisis financiera asiática a fines de la década de 1990, una de las crisis económicas más profundas en la historia mundial reciente, y se transformó en una democracia vibrante, aunque desordenada. En las últimas dos décadas, ha llevado a cabo cinco elecciones nacionales exitosas y ha mantenido la democracia en sus más de 500 niveles de gobierno subnacionales.


Recordando a Amartya Sen, las sociedades democráticas tienen recesiones económicas menos severas y a menudo se recuperan más rápidamente que los países bajo otros sistemas políticos. Desde su democratización, Indonesia ha superado con éxito la crisis financiera mundial, la crisis doméstica de 2013 y el final del auge de los productos básicos impulsado por China. El problema para Indonesia en la actualidad es, los niveles de vida aún no han aumentado lo suficientemente rápido. Sin un aumento de los niveles de vida y un crecimiento económico de base amplia, no habrá suficientes empleos para una población que crece rápidamente. Así, la pobreza, el desempleo y las desigualdades sociales podrían generar inestabilidad política y social, el ejemplo de los países latinoamericanos es notorio.


Entonces, como las decisiones que se tomen hoy determinarán qué tan grande será la economía y cómo distribuirá su desarrollo entre los miembros de la sociedad, Indonesia aún debe avanzar en su plena incorporación a las cadenas globales de Asia. Para ello, actuar con respecto al proteccionismo, las leyes laborales, las restricciones a la Inversión Extranjera Directa, y el recurrente déficit en cuenta corriente, puede ser la mejor opción. Aunque estos retos no sean impedimento para reconocer que la trayectoria de la economía y la sociedad de Indonesia es importante a nivel mundial. 


Por ejemplo, Indonesia es miembro del G20, presidente del grupo de 33 países en desarrollo en la OMC, y es la principal ancla política en el sudeste asiático y un actor estratégicamente importante en Asia. Sus vínculos y liderazgo con el modelo del mundo islámico son importantes. Así este país desempeñó un papel crucial en la firma del acuerdo de Asociación Económica Integral Regional (RCEP). Y también presentó una propuesta al G20 sobre cómo avanzar en la reforma de la Organización Mundial del Comercio, para lograr reglas claras que refrescan el escenario para el comercio internacional. Una realidad de hoy es, el resto del mundo necesita comenzar a tratar a Indonesia como un actor global grande, capaz y estratégico. A consecuencia de sus recientes pasos hacia la concreción de un papel activo en el comercio internacional, ello puede impulsar el esfuerzo de reforma del país y dar a la comunidad global razones de peso para mantener un sistema multilateral abierto basado en normas y reconocimiento de realidades particulares.


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