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De toros y terroristas (I) por ALIRIO PÉREZ LO PRESTI

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ALIRIO PÉREZ LO PRESTI



@perezlopresti


El verano madrileño alcanzaba los 42 grados a la sombra y el pequeño piso, ubicado en una zona residencial de la capital de España, lo ocupábamos mi esposa y mi hija de 2 años. Trataba de mantener mis hábitos de levantarme temprano, tomar buen café y desayunar bien antes de partir al instituto. Como el trabajo lo podía desarrollar de lunes a jueves, los viernes, sábados y domingos eran para caminar por la hermosa Madrid y sus muchos recovecos, así como conocer los pueblos cercanos.


La cartelera musical era buena, los conciertos al aire libre eran un deleite, la ópera deslumbrante y la gastronomía, especialmente las tapas, eran el complemento para ser devoto de una ciudad tan bella que tiene tanto por conocer, visitar y volver a ir. Lo que era flojo para el verano era la cartelera taurina. La plaza de toros Las Ventas no ofrecía buenas opciones. Valía la pena ir a tomarse un café o unas cervezas en sus alrededores, para escuchar alguna que otra historia de tantos toreros que se habían entregado al punto de salir en hombros, así como toreros estrellas de la farándula española que a pesar de intentarlo varias veces, no lograban triunfar en Las Ventas.


Toros y fútbol


Como en el Real Madrid jugaban los galácticos, nos acercamos al Santiago Bernabéu. Eran los tiempos de Luis Figo, Zinedine Zidane, Ronaldo, David Beckham, Roberto Carlos, Michael Owen, Robinho, Iker Casillas y Raúl. Al fútbol íbamos mi mujer, mi hija y yo y a los toros solía ir sin compañía. Recuerdo que estaba leyendo un libro acerca de cómo la tauromaquia fue un apaciguador de miserias después de la Guerra Civil Española y de cómo la época de oro del arte del toreo, fue mutando al mundo futbolístico como espectáculo de masas, por lo que entendía que el arte de los toros, acorde a su tiempo, iba paralelo al deporte del fútbol, más tendiente a aumentar su afición.


De mi parte puedo decir que jugué futbol en mi país natal y toree en Bogotá, por lo que ambas aficiones me son cercanas. Del Madrid deslumbrante, si bien no me gustaron los carteles en Las Ventas para la fecha, quedé fascinado con los encierros, las espectaculares ganaderías y el pequeño museo de la Plaza que tiene en el centro de los grandes toreros de la historia, el busto de César Girón, el legendario matador de toros venezolano. 






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