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Crisis y tecnología: capítulo coronavirus por Alberto José Hurtado B.

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Alberto José Hurtado B.



El 17 de marzo de 2000 un incendio en la planta de fabricación de semiconductores de Royal Philips Electronics en Albuquerque, Nuevo México, provocó una crisis corporativa que cambió para siempre la posición en el mercado de los dos más grandes fabricantes de productos electrónicos de Europa: Nokia y Ericsson, y abrió las puertas del mercado de telefonía móvil para la llegada del Smartphone. Aunque el incendio solo duró 10 minutos, la contaminación que produjo en la “sala limpia” donde se fabrican los semiconductores, obligo al cierre de la planta durante semanas. Para entonces tanto Nokia como Ericsson utilizaban los microchips producidos en dicha planta, provocándose dos reacciones distintas a la crisis. Por un lado, Nokia trasladó su suministro a otras plantas de Phillips y a otros proveedores estadounidenses y japoneses, y, por otro lado, Ericsson detuvo su producción debido a la elevada dependencia de los productos de la planta de Albuquerque.


Esta crisis en la cadena de suministros provocó la desaparición, en 2001, de Ericsson del mercado de teléfonos móviles; el aumento de la cuota de mercado de Nokia, su fortalecimiento y posterior venta de la rama de teléfonos a Microsoft; y la consolidación del modelo de negocios dedicado al diseño de productos de chips, liderado por los llamados fabricantes de chips fabless como Nvidia y Qualcomm. Todo lo cual permitió la revolución tecnológica provocada por los procesadores gráficos y la llegada de los teléfonos inteligentes.


En la actualidad, la crisis en las cadenas globales de valor provocada por el coronavirus está obligando a repensar el papel de China en la producción de bienes y servicios, especialmente por la elevada responsabilidad que tiene esta nación asiática en la elaboración de productos electrónicos. Dentro de circunstancias normales, las empresas chinas permiten el pleno desarrollo de las cadenas de suministro y facilitan el acceso de los consumidores a un producto de calidad y bajo costo; cada eslabón de la cadena obtiene rendimientos por su actividad, y el propietario del bien final puede identificar el precio de su mercancía en función de los cambios incorporados; la tecnología sigue siendo la misma y se prioriza en inversiones para aumentar la infraestructura de la cadena existente.


Dichas circunstancias cambiaron con la aparición del Covid-19. Todas las compañías de productos electrónicos están aumentando sus esfuerzos para diversificar su dependencia de las cadenas de suministro con sede en China. En este orden Vietnam e India surgen como primeras opciones, pero los costos y la factibilidad de trasladar la fabricación de este tipo de mercancía puede obligar a las empresas del sector a actuar con creatividad e innovar. Esta crisis puede generar los cambios necesarios a nivel de producción que faciliten el uso de nuevas tecnologías y hagan, por ejemplo, que los teléfonos inteligentes dejen de ser dispositivos para ser llevados a todas partes.


Muchas de las tecnologías necesarias para el teléfono inteligente de nueva generación, y los nuevos productos electrónicos, ya se inventaron. La red 5G implica que no serán necesarios los gigabytes de memoria de un dispositivo, ya que fotos, música y videos se pueden almacenar con facilidad en la nube; las pantallas virtuales, tanto de realidad aumentada como a nivel de hologramas, ya están remplazando a las físicas; y el reconocimiento facial y de voz, o el control mental, avanzan de manera acelerada en la sustitución de los controles de pantalla táctil. Liberados de componentes físicos, los productos electrónicos evolucionarán a algo totalmente nuevo.


* @ajhurtadob






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