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"LA REBELIÓN DE LAS REGIONES” por Diputado Luis Loaiza Rincón

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LUIS LOAIZA RINCÓN



Dentro de los sectores democráticos opuestos al régimen de Nicolás Maduro persisten viejas diferencias que algunas veces se superan pero que nunca desaparecen. Así ha sido, incluso antes de que Chávez llegara al poder, cuando esas mismas diferencias llevaron a sustituir candidatos en plena carrera electoral, cambiar de enfoque sobre la participación electoral y ensayar diversas formas de organización político electoral de vocación unitaria. De manera que no ha sido nada fácil construir el camino de la unidad.




Sin entrar a considerar ahora las razones efectivas que explican esas persistentes diferencias, hay que decir que el interés de algunas organizaciones políticas por monopolizar las tareas y la administración de la oposición es más que evidente, que de esa administración han obtenido grandes ventajas económicas y que han estructurado un robusto poder comunicacional, no para enfrentar al régimen de Maduro, sino para asegurar su control sobre la oposición, llegando al punto de linchar comunicacionalmente a todo el que le lleve la contraria.




En esta materia se parecen muchísimo a los que dicen combatir. Es como si se terminara haciendo exactamente todo lo que se le criticó al adversario. Se trata de una mutación antidemocrática que niega el pluralismo y el debate, que es esencialmente autoritaria y que desprecia la existencia de las diferencias. Todo ello junto a inmensas dosis de soberbia, autosuficiencia y un egoísmo tan grande que desprecia el papel y la contribución para la lucha que pudieran dar otros. Quienes así se comportan se consideran, además, predestinados por Dios para desempeñar un papel histórico de grandeza con lo que justifican su infinita arrogancia. Y así se nos han ido ya veinte años.




Al final de cuentas sólo quedan egos y ningún plan que ordene u oriente ni el cambio de régimen político ni el inicio de la difícil transición hacia la democracia. Por eso el sentimiento de fracaso, por eso la desesperanza y abandono de la calle. Definitivamente, no “vamos bien”.




En este contexto es que debe entenderse la llamada “Rebelión de las Regiones”, que no es otra cosa que un movimiento de cambio impulsado por un grupo de diputados de la oposición que desde la Asamblea Nacional rompieron con el fracasado esquema del año 2019 y que desde el 5 de enero de 2020 proponen: 




1. Que hay que ir más allá de señalar la existencia de los problemas, que se debe avanzar en la búsqueda e implementación de las soluciones y que cada sector organizado debe asumir la iniciativa con el apoyo de la Asamblea Nacional.


2. Que es urgente superar la pobreza y el deterioro de la calidad de vida de los venezolanos desde la búsqueda de soluciones nacionales y no desde la confrontación política estéril.


3. Que se deben impulsar políticas efectivas que reviertan el quiebre de la familia por efectos de la emigración, la atención a la población joven que no encuentra horizontes de desarrollo en Venezuela y el relanzamiento de una educación de calidad que se convierta nuevamente en una palanca de progreso académico y social integral.


4. Que, dado que los venezolanos quieren vivir en el marco de un orden de convivencia capaz de garantizar el bien común y la dignidad de la persona humana, la confrontación permanente no ayuda y se hace necesario construir soluciones.


5. Que es fundamental asegurar el bienestar social y la continuidad histórica de la nación y eso pasa por colocar por delante de los interese partidistas, el gran interés nacional de todos los venezolanos, sin distinciones de ningún tipo. En este sentido, hay dejar atrás las mezquindades y los protagonismos insensibles a las necesidades de las mayorías. También hay que dejar atrás al que vive del conflicto mientras se enriquece con el sufrimiento del pueblo.


6. Que se debe emprender la ruta política de la reinstitucionalización del país que permita fortalecer el Estado de Derecho, volver a la Constitución y que los órganos del Estado asuman una relación constructiva a partir de la cual se dediquen todos los esfuerzos a solucionar los graves problemas que enfrentan los venezolanos. En ese sentido se hace perentorio que se reconozca a la Asamblea Nacional y se le saque de la situación de desacato de forma tal que sea una institución útil en el camino de la colaboración de los poderes del Estado para impulsar el progreso del país.


7. Que poner por delante a Venezuela implica también despolarizar la política, hacer prevalecer el respeto y la tolerancia para el que piensa distinto y convivir con una cultura de paz y libertad.


8. Que las elecciones son uno de los componentes fundamentales de la democracia y que se hace preciso construir un clima político en el que prevalezca la igualdad de los ciudadanos ante la ley, la soberanía popular, el predominio de la mayoría y el respeto de las minorías, la salvaguarda del Estado de Derecho, del sistema representativo, del respeto de los derechos fundamentales y la división y cooperación de los órganos del Estado. El voto tiene que volver a ser el instrumento ciudadano para impulsar los cambios.


9. Que los venezolanos mayoritariamente quieren superar la actual situación desde el respeto de la dignidad de la persona humana, la equidad y la justicia social.




Finalmente, hay que decir que jugarle limpio a Venezuela implica abandonar la política del espectáculo mediático permanente y entrar en contacto con la cruda realidad del venezolano de carne y hueso al que se le agotó la paciencia.






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