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La dadiva que dadiva por Eleazar Ontiveros Paolini

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ELEAZAR ONTIVEROS P.



En 1990 publiqué una columna con ese título. Considero que en esencia lo que se planteó en ella, se ha intensificado hasta el día de hoy, en que  lo dadivoso ha adquirido lugar predominante en el quehacer demagógico del régimen.  El título se puede considerar altisonante, pero es, sin embargo, definitorio.


La dádiva es sinónimo de obsequio, limosna, regalo, y dadivado es sinónimo de sobornado, comprado, “untado”. Quiere decir que en muchas oportunidades la dádiva traducida en mesianismo, tiene la intención de lograr hombres dadivados, proclives a la incondicionalidad que aflora del facilismo inducido, al satisfacerlo  colocándole en “la mano estirada” el donativo que obnubila, aplaca aspiraciones, neutraliza la invectiva y anula cualquier actitud contestataria.


La psicología y la sociología nos dicen que el paternalismo traduce acciones que inexorablemente conducen a la disminución y relajamiento de la creatividad y poder de decisión de los hombres  que forman las masas, convirtiéndolos en entes pasivos que esperan la resolución de sus problemas con la dádiva que proviene del “paterno dador”.


Por otra parte, es casi una perogrullada considerar que en cualquier sistema social en el que por la dadiva  restrinja la autovaloración y la capacidad de enfrentar los problemas al poner en las manos de los hombres “el pescado y no la caña de pescar”, se pretende lograr una masa que por el esquema de valores que ello determina, en especial el del “agradecimiento”, relegitime el sistema, lo que traduce la estabilización del mismo.


La historia, notaria de lo humano, nos hace ver que en su decurso los mandatarios que no han logrado sistematizar el empleo, el trabajo productivo, la ocupación adecuadamente remunerada, las oportunidades indiscriminadas  y el ahorro en todos los ciudadanos, recurre al manido expediente de justificar su ineficiencia optando por tratar  de compensarla mediante la dádiva que genera aceptaciones, apoyándose, en muchos casos, en la caduca idea justificatoria de que la solución de los problemas de consumo está dada exclusivamente por una oferta adecuada, retribuida o no monetariamente, como si ésta no tuviera condicionada por los factores culturales y económicos que definen las necesidades sentidas.


Por supuesto que el consumo satisfecho con la oferta dadivosa, va convirtiendo inexorablemente lo consumido en necesidad sentida, es decir, que se hace indispensable, pero su satisfacción en el tiempo pende de un hilo frágil: que el “dador” siga contando con los recursos económicos con los cuales pueda sostener su paternalismo,


Y si este hilo en un momento dado se rompe, pues la abundancia de recursos que no se aprovecharon para lo constructivo-estable mengua significativamente, las reacciones pueden adquirir dimensiones incontrolables. Todos sabemos  el impacto que en algún momento dado provoca en nosotros, en forma definitoria o temporal, dejar de gozar de un bien o servicio que lo sentíamos como necesario y se satisfacía.


Solo  un gobierno procederá adecuadamente en cuanto al consumo si entiende que se dan cuatro situaciones diferenciadas. Tomemos como ejemplo la leche: 1) Hay quien siente la necesidad de tomar leche y tienen el dinero para satisfacer esa necesidad; aquí no pasa nada; 2)  Hay quienes tienen el dinero pero no tienen la necesidad de consumir leche. En este caso la educación debe tratar de que se consuma por lo que representa alimentariamente; en especial en los niños; 3) Hay los que  sienten la necesidad de consumirla, pero no tienen los recursos para hacerlo. En este caso solo asegurar ingresos salariales justos  permitirá su satisfacción; y 4) Hay quienes no tienen necesidad de consumirla ni dinero para comprarla. Este grupo es crucial, en él debe crearse la necesidad sentida de consumirla con base en la educación y asegurarle ingresos que le permitan satisfacerla, después de que se haya convertido en necesidad sentida.


Los grupos 3 y 4 son un reto para cualquier régimen. Los del tercer grupo están disconformes si no logran los ingresos para satisfacer la necesidad y los del grupo 4 son determinantes, pues se está convirtiendo una necesidad no sentida en sentida, de manera tal que al hacerlo hay que asegurar la posibilidades de adquisición. De eso dos grupos, cuando la dádiva no sea posible, se pueden esperar reacciones de cualquier índole. Esto traduce algo que está sobreentendido: no se trata de regalar para enajenar, sino de crear al máximo las oportunidades de empleo y de trabajo, lo que cada día se va menguando entre nosotros.






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