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Winston Churchill siempre puede existir (II) por ALIRIO PÉREZ LO PRESTI

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ALIRIO PÉREZ LO PRESTI


Twitter: @perezlopresti

 

En la contemporaneidad es casi imposible establecer parámetros que den certeza en relación a cuáles medios de comunicación son moderadamente transparentes y cuáles no, condicionando el hecho de que hacerse una idea digeriblemente objetiva de cuanto acontece es cada vez más difícil.  

 

Talento es talento y lo demás es cuento: Al final se impone el talento. Los buenos prohombres siguen siendo buenos y los que no tienen el genio necesario para la trascendencia se ahogan en su medianía. Es muy difícil hacer crecer a los enanos una vez que pasan de cierta edad. Lo mismo pasa con quienes no poseen el don de hacer cosas impresionantes capaces de cambiar su entorno y hacer de la civilización una buena estampa para la eternidad.

 

Cada lucha requiere de esfuerzo y perseverancia, pero el que no tiene la sustancia gris que materialice sus deseos de trascender en el tiempo, simple y llanamente se lo comerá el olvido. En realidad, a fin de cuentas, el catálogo de los grandes hombres de la historia universal podría estar abultado, si no fuese porque siempre queda un indecoroso capaz de poner su granito de arena y hacer que el mundo adquiera una manera diferente de ser visto. Nunca falta. Por eso un hombre con el talento de un grande siempre será posible, más aún cuando las circunstancias tendiesen a hacer que sea lo desmedido y/o pusilánime, lo chabacano y bajo, lo feo y descompuesto lo que parecieran salirse con la suya. 

 

Nada nuevo: Lo que señalo básicamente es la persistente afirmación de que no hay nada nuevo bajo el sol. El talento es por antonomasia excepcional y sería contrario al buen juicio y al espíritu de cualquier tiempo que se estuvieran gestando genios por doquier. Si algo ha permitido la promiscuidad comunicacional de los tiempos que corren es ver cada tonto con pies de barro tratando de lucirse sin tener los más elementales recursos para demostrar su valor. No dejamos de ser los mismos por ser exigentes. Creo que simplemente se ha dejado de ser exigente porque quienes quieren dar más no tienen con qué y los que podrían tener con qué no quieren dar más. Cada cosa en su lugar en un tiempo que no deja de sorprendernos por los extraños intentos de ser creativos y únicos, a la vez de repetitivos y predecibles. Siempre habrá tiempo para la genialidad, ojalá no tardase tanto en aparecer.





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