Inicio

Opinión



Amigos: Cosas que pasan y no se creen por Jim Morantes y Carlos Portillo Almerón

Diario Frontera, Frontera Digital,  JIM MORANTES, Opinión, ,Amigos: Cosas que pasan y no se creen por Jim Morantes y Carlos Portillo Almerón
JIM MORANTES



Hoy corresponde al tercer artículo de la serie titulada “Anécdotas con Amigos” pienso que a partir de ahora, el segmento se va a llamar simplemente amigos porque el término encierra todo, continuando en la reinvención de rutinas desde la comodidad del hogar por aquello de la pandemia global, ante el frio de montaña propio de los andes  venezolanos, procedo a reproducir el 3er artículo que hace años atrás, me entregó el Dr. Carlos Portillo Almerón, destacado gremialista, quien en conjunto con otros insignes abogados de la época, forjaron la mejor sede de órgano colegiado que hay en todo el estado y de las más significativas del país, él hizo gran empeño en la búsqueda de fondos mediante la venta de rifas para adquisición del  terreno  y construcción de la sede del Colegio de Abogados del estado Mérida, además formó parte de su junta directiva con el cargo de tesorero (1975).


Mi amigo, era de esos personajes directos con buenos sentimientos y poca sutileza en algunas ocasiones; en nuestras periódicas charlas matutinas, cuando me solicitaba el estudio de un caso y yo me aceleraba al hablar, haciendo lineal referencia, sin pensar bien las posibles vertientes para emitir criterio  jurídico calificado en el entendimiento, procesamiento y solución al requerimiento planteado,  me hacía señas con la mano derecha extendida de pausa y decía en voz alta “ya va maracucho, deja hablar”, prendía un cigarrillo, apagaba el fosforo con calma y me ilustraba de caminos que por mi  novatada e inexperiencia, aún no entendía, ni manejaba, obviamente me hacía estudiar y utilizar la mayéutica de forma constante, después del intercambio normativo, doctrinal y jurisprudencial de la materia que nos ocupaba, venia el receso que consistía en irnos a descansar, una gran patota que variaba de numero de acuerdo al día y a las circunstancias concurríamos a tomar café en la panadería Roma o en algún lugar cercano a la plaza las heroínas.


Para evitar la dispersión literaria,  voy a reproducir otro artículo inédito del Dr. Portillo, razón por la cual, no asumo ninguna responsabilidad por su pensamiento, me limito a transcribir textualmente su contenido que es el siguiente:


“El escándalo de los containers podridos


Parafraseando a uno de los ministros de Hitler, quien señalaba que una mentira pregonada muchas veces al fin parecía convertirse en verdad. Venezuela al igual que muchos países no produce el 100% de sus alimentos, y por lo tanto se ha convertido en un país importador, una vez comenzada la producción de petróleo explotado por las siete hermanas, incluyendo entre ellas a la Creole Petroleum Corporation y la Shell trajo en consecuencia el  fenómeno  de la urbanización porque una gran masa campesina por obtener un mejor salario, se incorporó a vivir en las ciudades de mayor población en el país, como también a aquellos poblados que estaban cercanos al lugar donde se encontraban las expresadas compañías petroleras y sus filiales.


Al ir creciendo las ciudades y pueblos, comenzó el mayor consumo; muchas compañías o empresas vinieron y se instalaron en el país, produciendo bienes e importando  otros como el caso de los alimentos que su materia prima es la harina de trigo, esta gramínea no se produce en Venezuela, como una casualidad encontramos cerca de la población de Mucuruba (Mérida) unos pequeños molinos que procesan un trigo de pequeñas extensiones existentes en esa región.


Al ir aumentando la población, requirió un consumo mayor en comparación con lo que producía el país por ende los productos comenzaron a escasear.


El último gobierno, ensayando una doctrina denominada socialismo del siglo XXI, que paulatinamente fue controlando los tres poderes fundamentales Legislativo, Ejecutivo y Judicial, se encargó de importar alimentos y aquí apareció el monstruo de la corrupción, practicando el siguiente mecanismo, el gobierno para proteger a sus afiliados que constituyeron el partido de mayor militancia del país (PSUV), nombra a un encargado para comprar en el exterior los alimentos que consume la totalidad del pueblo y le otorga a ese encargado los dólares suficientes.


Este ciudadano o grupo de ciudadanos en el exterior efectúa el gran negocio de su vida, se pone de acuerdo con las compañías extranjeras proveedoras y adquiere a precio de gallina flaca los alimentos pero que están por vencerse o ya están vencidos, esa mercancía viene dentro de los containers que lo depositan en algunos puertos, como Puerto Cabello, La Guaira, Guanta y otros.


El escándalo, se forma porque esos containers permanecen allí y no son distribuidos porque es comida podrida y por lo tanto el gobierno la manda a incinerar.


En esa forma un grupo reservado  de personas, se hacen ricos por cuanto los precios rotulados en la mercancía son ficticios y elevados en beneficio del encargado o encargados de efectuar esas compras.”


Reflexión efectuada por el autor, ante el vergonzoso bullicio de las toneladas de comida podrida en PDVAL, Carlos Portillo Almerón, se caracterizó por ser un buen escritor de textos jurídicos, sobresale entre sus obras  “Estudio sobre la Sentencia y su Ejecución” (1992) y “Exegesis de Normas Procedimentales en materia de Tercería” (2006).


En la próxima entrega, continuare con la parte narrativa y reproductiva de las diversas experiencias con un tema de importancia vital con resonancia social.         @JIMMORANTES 






Contenido Relacionado