Inicio

Opinión



Parvulario

Tiempos recurrentes por ALIRIO PÉREZ LO PRESTI

Diario Frontera, Frontera Digital,  ALIRIO PÉREZ LO PRESTI, Opinión, ,Tiempos recurrentes por ALIRIO PÉREZ LO PRESTI
ALIRIO PÉREZ LO PRESTI


@perezlopresti


Hay una idea que siempre me ha parecido atractiva en extremo y es la de poder atesorar tanto nivel de conocimiento que nos permitiese contemplar desde una instancia más que elevada, todo aquello que explique lo que somos y lo que nos circunda. ¿Qué cosa puede ser tan cautivante como tener la capacidad y el entendimiento de poseer tal nivel de sapiencia que no fuesen las piezas del rompecabezas la que vemos cada día sino el rompecabezas completo?

Eso nos permitiría poner en su lugar todas aquellas dudas que tenemos y sería un poder tan desmesurado que tal vez quien lo alcance, deberá retirarse a una ermita. Mientras tanto, vamos a pie juntillas con lo que señalen nuestras creencias.

El leguaje destruye realidades: El lenguaje tiende a ser fuente de malos entendidos; además de distorsionar la realidad al punto de engañar. Con el lenguaje tendemos a apostar al falseamiento de la realidad. Con el lenguaje destruimos realidades y nos apegamos a falsos conceptos y premisas que en la contemporaneidad se resumen en la inefable y pobre palabra: “Paradigma”. Cuando alguien trata de explicarme las características de los nuevos “paradigmas” solo siento pena por su falta de ingenio. Deseoso de poder ver el conocimiento desde una postura universal, los castrantes “paradigmas” son simples eslóganes de menguados mentales.

Cuando el individuo es embelesado por las ideologías o las explicaciones que limitan el pensamiento, se cae en tierra de nadie, donde la posibilidad de refutar una idea es contraargumentada por formas de pensar que en realidad son actos de fe. Tener la capacidad de no ser atrapado por una consigna sería acercarse a entender el sinsentido cotidiano de la vida y abrazar la posibilidad de que sí existe trascendencia en este mundo lleno de entuertos. Sería poseer la verdad en nuestras manos, sin la certeza del fanático, con la gigantesca humildad del iluminado. Aproximarnos a aquello que no es argumentativo sino verdadero es poseer la llave mágica que nos permitiría abrir todas las puertas y descifrar cada enigma.

Me gustaría tener tal nivel de sabiduría, la cual sin dudas iría a la par de la experiencia de vida, con sus vahos podridos y sus momentos de gloria. El saber y el poder vivir… a nuestras anchas.






Contenido Relacionado