Inicio

Opinión



Razones y pasiones

El silencio de los silenciados por Eleazar Ontiveros Paolini

Diario Frontera, Frontera Digital,  Eleazar Ontiveros  Paolini, Opinión, ,El silencio de los silenciados por Eleazar Ontiveros  Paolini
ELEAZAR ONTIVEROS P.



El hombre siempre ha querido estar seguro, libre y exento de peligros, daños y riesgos; confianza y perspectivas definidas y posibles en cuanto a la forma de enfrentar el futuro, causa por la cual ha  concretado asociaciones, agrupaciones, a veces informales y espontáneas y en otras oportunidades de carácter legal, procurando por efecto de la consustanciación compartida, alcanzar  su seguridad.


Antes de la revolución industrial del siglo XVIII poco se pensaba en la conformación de asociaciones o agrupaciones de algún tipo para lograr algunos objetivos. Pero implantada la mencionada revolución, que sometió a los obreros de las fábricas a una nueva y aberrante esclavitud, siendo obligados  trabajar sin garantían de ninguna especie y en horarios de franca explotación, incluyendo en ello menores de edad, muchos trabajadores toman conciencia de tan arbitraria situación  y comienzan a hacer aproximaciones para conformar grupos que protestaran y reclamaran algunos derechos, en especial lo concerniente a horarios de trabajo. Pasado el tiempo y concluida la II Guerra Mundial, los movimientos obreros, gremiales, profesionales e incluso campesinos, toman plena conciencia de lo que representaba, como derecho, la seguridad individual, familiar y colectiva , en especial cuando llegan entender  a plenitud su indispensable papel  en los cambios socio-económicos , científicos, técnicos, culturales y axiológicos.


Los hombres de la post-guerra, todavía con la amargura y la miseria a cuestas, aprecian que se están dando nuevas pautas morales, espirituales, intelectuales, económicas  y estéticas, mediante las cuales, era de esperarse, deducen con propiedad, llegando a definirlo y reclamarlo con vehemencia, el derecho a que el trabajo de cualquier índole debía determinar no solo una remuneración salarial justa , sino también contar con seguridades contractuales en cuanto a salud individual y familiar, vejez, incapacidad , desempleo, dándole así al esfuerzo humano una nueva razón de ser , entendida como parte activa y efectiva del desarrollo, en el cual deberían implicarse todos los miembros de la sociedad.


En nuestro país, aunque hubo algunos antecedentes, el movimiento obrero se estimuló con la muerte de Gómez, sustentado en principios democráticos. Un año después del Gobierno de López Contreras se hacen intentos serios  de formas asociativas y gremiales, lo que permite reunir el Primer Congreso de Trabajadores de Venezuela. Después, dada la revolución de octubre de 1945, al salir del mando Medina y asumirlo AD, se hace efectiva la participación de los sindicatos. Así aparece la CTV, la cual es disuelta por Pérez Jiménez al asumir el poder.


Con el regreso a la democracia, el movimiento sindical se activa, pero signado por el hecho de que gran parte de la dirigencia estaba incondicionalmente adscrita a partidos políticos, desvirtuándose su esencia.


Lo importante es que con creciente interés y dado el ejemplo internacional, se asientan constitucionalmente los derechos  de los trabajadores, se crean leyes del trabajo y se recurre a definir las relaciones obrero patronales en convenios colectivos de trabajo, que, entre otros aspectos, definen la progresividad e intangibilidad de los derechos de los trabajadores. Como se entiende, lo que ha cesado entre nosotros,  empezó a privar la lucha por el cumplimiento de lo pautado en dichos convenios colectivos, hoy menospreciados por un gobierno que ha conformado sindicatos y gremios paralelos, compuestos únicamente por sus partidarios, asegurando su incondicionalidad y obediencia.


La consideración básica en nuestros días es que a los trabajadores  se les trate de birlar  los beneficios a que obligan las leyes, convencimientos, estatutos o acuerdos, en especial en aquellos en que  el patrón el gobierno, retrotrayéndonos  a las épocas en que ante la carencia de un ordenamiento legal, cada cual hacía lo que le daba la gana.


Como nunca antes, ni siquiera cuando Pérez Jiménez abolió los sindicatos, el incumplimiento de los convenios  había sido aliñado con el insulto, la burla,  las vejaciones,  la descalificación y la persistente actitud, ya común en todos los terrenos en que fracasa el gobierno, de tildar a los que reclaman sus derechos como “traidores a la patria”. Con ello quiere decir que  el que está con le proceso debe someterse a los designios que dictan las cúpulas, pues no hacerlo es carecer del “espíritu revolucionario” y en consecuencia, indigno de recibir prebenda alguna.


El colofón de todo es que a esos sindicatos y gremios que ofician como organizaciones del gobierno, se  les está viniendo, al igual que a todos los ciudadanos el mundo encima; el fantasma  de la carencia. Con lo cual empiezan a darse cuenta de que la obediencia a “pie juntillas” no da resultado ni determina mejoras, y que por lo tanto hay que levantar la voz y exigir tratos justos.


Pero, y es lo deplorable, a pesar de que en los sindicatos se puede apreciar con mayor objetividad la arbitrariedad del régimen porque poseen pautas referenciales que pueden mensurarlas, también se ha caído en el mal social del letargo, de la resignación, del conformismo. La oposición, o mejor sus líderes, hablan de lo sindical y gremial de soslayo, cuando creemos que es allí donde deben centrarse los estímulos para la protesta, dado el carácter nacional de muchas de esas organizaciones y la de poseer en cada caso una “militancia” gremial adscrita que requiere estimularse dándole a conocer día a día la burla que se hace de sus derechos y la obligación de defenderlos.


 






Contenido Relacionado