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Nancy. In Memóriam por Carlos Guillermo Cárdenas D.

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CARLOS GUILLERMO CÁRDENAS


Con inmenso dolor recibí la noticia del sensible fallecimiento de nuestra compañera de estudios de medicina Nancy Freitez de Sardi, a primera hora del día de ayer miércoles 22 de abril, día de la Tierra. Una penosa y muy dolorosa enfermedad agotó aquella mujer que deslumbraba con talento y donaire. Nancy debió leer a Quevedo: “La mujer con su dolor es menos que su dolor, pero con Dios, es superior a todo el dolor de que es capaz”.  Ella fue un ejemplo de verdadera fortaleza ante el dolor; siempre sonreída, colmada de interés por la vida y por las gentes. Los humanos a quienes alienta de este modo la Fe, son como los árboles de raíces profundas, los vientos no los doblega sino que los afianza.

Los acontecimientos familiares hasta en los detalles más finos,  onomásticos de los hijos y nietos, amistades y entorno laboral,  Universidad y Academia, ambiente y salud pública ocuparon su sensible espíritu. Ella fue un árbol frondoso que dio sombra, aprendieron la mayor enseñanza que da el árbol, convertir los ásperos nutrientes de la tierra en la dulce miel de los frutos.  

Aquella mujer que voló alto y largo en un viaje que dejó tras sí, destellos de aromática frescura y sonrisas de simpatía.

La partida final de Nancy coincide, por designios de la providencia, con el día de la Tierra, miércoles 22 de abril, creado para la formación de una conciencia de los problemas que en menor o mayor cuantía, afectan a nuestro planeta, la contaminación, el deterioro de los recursos naturales renovables y la conservación de la biodiversidad, entre otras preocupaciones ambientales para proteger nuestro Planeta Tierra. Como fundadora de la Comisión Permanente de Asuntos Ambientales de la Universidad de Los Andes desplegó una labor que trasciende los muros de la institución y deja la preocupación por preservar nuestra flora y fauna de los páramos Andinos. Su especialidad en Epidemiología y Salud Pública le permitió entender  e interpretar los problemas de las comunidades y sus entornos.

     

La defensa con ahínco de la majestuosa Sierra Nevada, la preocupación por los ríos y valles, riscos y montañas, le inspiró el hermoso poema que dedicó al doctor Eloy Dávila Celis:

 Cuando se quemó Mérida

 (Mi recuerdo para el doctor Eloy)

“Un día lloraron las montañas,

 Viendo cómo las cárcavas abrían sus entrañas,

 El Chama pasó callado para no despertarlo,

 Los árboles desgarraron sus trajes,

 El hijo del Samán de Bolívar se quedó sín hojas,

 Y los araguaneyes no vistieron flores.

 Los gavilanes chillaron con voz lastimera,

 Los escarabajos suspendieron su vuelo,

 Las lapas temerosas se sintieron huérfanas,

 El maestro de siempre se fue antes del fuego”.

La genética que moldeo la personalidad de Nancy la heredó de su padre Gabriel, de particular afecto y semblanza. Quien junto con su esposa doña Angelina, dio a luz a dos niñas: Nancy y Angelina.

La venerable familia que formó con el doctor Edgar Galeno Sardi Schoonewolf, médico cardiólogo, dio cuatro hijos profesionales: Gabriel, Alejandro, Sirangely y Claudio Galeno,  y los nietos. Para ellos, nuestro profundo sentimiento de condolencia y afecto. Dios proveerá la fortaleza para afrontar los retos que los designios supremos nos ponen en el camino. El adiós eterno para Nancy, compañera y amiga. QEPD.

22 de abril de 2020





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