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UNA MIRADA AL PASADO

¿QUE HAN APRENDIDO LOS PARTIDOS POLITICOS?* por Luis Loaiza Rincón

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Luis Loaiza Rincón


Parece olvidado que la llegada al poder de Hugo Chávez se sustentó fundamentalmente en el descontento de la población con los partidos políticos tradicionales. Después de tantos años vale preguntarse ¿qué han aprendido los partidos políticos desde entonces? ¿Han corregido sus viejos vicios?

Antes del “Caracazo” y de las intentonas golpistas del año 1992 el rechazo ciudadano a los partidos se expresaba en el aumento del voto en blanco y de la abstención, en la desaparición de las identidades partidistas, en el desinterés por las campañas electorales y por los temas públicos de mayor relevancia. Los diarios nacionales de mayor circulación eran los deportivos.

La población percibía a los partidos como los culpables de una situación marcada por una profunda desigualdad social y económica; pobreza extrema; por la imposibilidad de acceder a los servicios básicos de salud, educación, seguridad y vivienda; por la hipertrofia del sector público, el desempleo y subempleo y la corrupción generalizada. En suma, “la gente no cree que los partidos se preocupen por sus problemas, y en consecuencia, tampoco cree que los partidos sean capaces de solucionarlos. De esta forma los partidos políticos son cuestionados en una de sus funciones centrales, la de canalizar los intereses de la sociedad y transformarlos en eficientes estrategias políticas, como consecuencia de lo cual su legitimidad se ve erosionada” (Manz y Zuazo, 1998:7).

Para entonces los partidos habían perdido su capacidad de respuesta. Carecían de programas y voluntad efectiva de enmendar y corregir sus errores y deficiencias. En enero de 1998, durante la antesala del proceso electoral, Arturo Uslar Pietri en un trabajo para la prensa nacional titulado “Esta es una democracia Chimba”, mostraba su asombro por la ausencia de una oferta electoral que le indicara al país un posible rumbo. En él decía, “yo no veo el primer programa; ninguna de estas personalidades que se nombran como posibles candidatos ha dicho para qué quiere ser presidente. Esto es muy grave, porque no hay propuestas; se trata de un concurso de personalidades, eso es lamentable” (Uslar Pietri, 1998).

Tulio Hernández en 1997, decía: “De continuar el fracaso pleno de los políticos de oficio, aquellos de larga formación y entrenamiento para gobernar, tener dotes de cantante, de mago o de amaestrador de animales podrá convertirse en el valor agregado que los electores prefieran al momento de decidir. Vaciada la política de su sentido noble y trascendente, la sociedad pide espectáculo incluso en el terreno de las grandes decisiones. La lógica es previsible: si el fracaso es inevitable, al menos que sea más gracioso” (Hernández, 1997).

Los programas políticos que los partidos presentaban al momento de su legalización ante el Consejo Nacional Electoral (CNE), “se reducen a una página de generalidades, o incluso a una decena de líneas” (Palacios, 1998). Por ejemplo, “la propuesta de acción política de Proyecto Venezuela (PV) se reduce a 10 líneas. Le sigue en parquedad el presentado por IRENE, una declaración de principios que tiene dos páginas de extensión” (Palacios, 1998).

Para el país los partidos no podían seguir dirigiendo sin proponer una orientación clara y conocida, no podían seguir administrando la crisis sin proponer salidas.

La crisis de los partidos dio paso a la aparición de liderazgos marcadamente personalistas, que hicieron evidente el interés de sacarle provecho personal a los privilegios que proporciona el control burocrático de la organización. Como lo llegara a señalar Manuel Caballero, la palabra político “para unos es sinónimo de holgazán, para otros de parlanchín, para los de más allá de doblez y para todos de corrupción” (Caballero, 1993).

Se decía que en Venezuela los partidos enfrentaban una crisis de representación y eso significaba más o menos que: a). Los representantes preocupados por atender sus propios intereses se desentendían de los de sus representados. b). Los intereses de los representados excedían las posibilidades tradicionales de la representación. c). Se rompieron los lazos de identificación entre representados y representantes debido a que éstos, en medio de una situación de empobrecimiento de las mayorías, eran percibidos como unos privilegiados distantes e indiferentes. d). Los representantes debían sus cargos a los partidos, más que a los ciudadanos.

Además, junto a la crisis de representación, existía un déficit de ciudadanía reforzado por una muy pobre cultura política. En general la conducta ciudadana era inconsistente y de ello se aprovechaban las burocracias partidistas. Se dijo entonces que el ciudadano era “en Venezuela un amasijo de contradicciones que parece haber renunciado al ejercicio de su razón y soberanía. El ciudadano en Venezuela es incomprensible (...) acepta con naturalidad preferencias incompatibles y comportamientos inconsistentes (...) profesa un profundo apego a la libertad –valor que significa vivir sin obstáculos- pero tal devoción le hace anhelar ¡un gobierno fuerte! (...) No hay que rendirse, la incoherencia puede desaparecer si admitimos que el amante de la libertad sin restricciones espera, con ansiedad, un gobierno que reprima... si, pero ¡a los otros!” (Pérez Schael, 1998).

La gente reclamaba que las organizaciones políticas tradicionales, especialmente AD y COPEI, sólo aparecían cuando necesitaban el voto, que no se preocupaban por sus problemas y que una vez que llegaban al poder se dedicaban a ejercerlo en provecho propio.

El mundo académico traducía tal percepción en estos términos: los partidos “devinieron en organizaciones exclusivamente centradas en sus intereses político-electorales, convirtiéndose en maquinarias pragmáticas y corruptas, ajenas a controles democráticos y éticos”. El liderazgo de los partidos estaba “rezagado respecto del desarrollo político e intelectual de importantes sectores de la sociedad” y buena parte del mismo “se estancó, tanto desde el punto de vista ideológico como generacional”, ocupando todavía “altas posiciones de poder partidista y social individuos que iniciaron sus carreras políticas en los años treinta y cuarenta” (Kornblith, 1998b:186). Así las cosas, los partidos no sólo perdieron la capacidad de procesar las demandas del electorado, sino también quedaron entrampados por una dinámica en la que los altos costos de las campañas electorales los llevaron a establecer compromisos espurios con sus financistas privados, además de impedirle competir en igualdad de oportunidades a los grupos políticos de menores recursos (Kornblith, 1998b:187).

La Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE) abordaría el problema de la crisis en los siguientes términos: “En Venezuela fracasó el modelo estatal cuyas decisiones económicas y sociales se dirigieron, en lo primordial, a la satisfacción de intereses propiamente políticos coyunturales (...) El acceso de los ciudadanos al Estado se ha canalizado solamente a través de los partidos políticos. En la medida en que estas organizaciones respondieron a los intereses de vastos sectores de la sociedad, podemos afirmar que el Estado era una efectiva expresión de un proyecto societario (...) Cuando el Estado empezó a responder únicamente a los intereses de la burocracia partidista, se separó de la aspiración social. Ello ocurrió, de una parte, por la existencia de este sistema político meramente representativo, en donde los partidos son los exclusivos medios de control y de relación de la sociedad con el Estado” (El Globo, 24-04-1996).

Cuando la situación resultó apremiante algunas voces se alzaron para pedir un gran acuerdo que revitalizara la democracia venezolana y permitiera enfrentar exitosamente sus problemas. Ya era demasiado tarde y las soluciones vendrían por otros caminos.

A principios del año 1998 el Dr. Rafael Caldera en su alocución de año nuevo se pronunció por la conveniencia de suscribir un nuevo Pacto de “Punto Fijo” y el 23 de enero, desde la tribuna de oradores del Congreso, el historiador Luis Castro Leiva proponía “crear un pacto político nacional, análogo en cuanto a sus bondades a aquello que, en su momento, representara para la nación el Pacto de Punto Fijo. Defínase allí consensualmente el conjunto de las políticas públicas más importantes que puedan garantizar, sin demagogia, el futuro de la democracia en la República de Venezuela” (El Nacional, 27-01-98). Los primeros en desestimar tal propuesta fueron los integrantes del Comité Nacional de COPEI .



Fuentes Bibliohemerográficas

Álvarez, A. [1998]: “A caudillo frito, partido indemne”. El Nacional. Caracas, 3 de diciembre de 1998.

Caballero, M. [1993]: “El desprecio de la política”. El Diario de Caracas. Caracas, 17-04-93.

Calero, A. [1982]: "Partidos Políticos y Democracia". Temas Clave. Salvat Editores. Barcelona, [colección temas clave].

Conde Regardiz, P. [1998]: “Gallegos y Alfaro Ucero”. El Nacional. Caracas, 13-9-98.

Consalvi, S.A. [1998]: “Elecciones y partidos políticos”. El Nacional. Caracas, 4-10-98.

Fermín, C. [1997]: “La cúpula no ha entendido que fui yo quien los expulsó”. Entrevista realizada por Luisana Colomine. El Nacional. Caracas, 26-10-97.

Hernández, T. [1997]: “La saga del locuaz”. El Nacional. Caracas, 16-02-97.

Kornblith, M. [1998a]: Venezuela en los 90. Las crisis de la democracia. Universidad Central de Venezuela. Ediciones IESA, Caracas. 

Kornblith, M. [1998b]: “Representación, partidos políticos y reforma electoral en Venezuela”. Partidos Políticos y Representación en América Latina. Thomas Manz y Moira Zuazo (Coordinadores). Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales (ILDIS). Friedrich Ebert Stiftung (FES) Bolivia. Editorial Nueva Sociedad. Caracas. 

Manz, T. y Moira Zuazo [1998]: “Presentación”. Partidos políticos y representación en América Latina. Thomas Manz y Moira Zuazo (Coordinadores). Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales (ILDIS). Friedrich Ebert Stiftung (FES) Bolivia. Editorial Nueva Sociedad. Caracas. 

Palacios, M. [1998]: “Programas políticos de 10 líneas bastan para legalizar partidos”. El Nacional. Caracas, 22-02-98.

Pérez Schael, M. S. [1998]: “¿A quién le interesa un presidente?”. El Nacional. Caracas, 12-07-98.

Uslar Pietri, A. [1998]: “Esta es una democracia chimba”. El Nacional. Caracas, 25-01-98.






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