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Un vistazo al 2019 por Ricardo Gil Otaiza

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RICARDO GIL OTAIZA


20 de mayo

Avanzo con Murakami y noto en él un afán totalizador del hecho literario. Busca en cada página explicar (explicarse) cada detalle de ese mundo mágico que lo ha llevado a la cima de la consagración. Si se quiere, hay una excesiva racionalización de la creación literaria y esto, por supuesto, se convierte en técnica, mera técnica, alejándose peligrosamente del eje central de la escritura creativa: el arte. Sin la chispa del genio creador ningún manual instruccional surte efecto. Más que un profesional de las letras el escritor es un artesano. Claro, en cierta medida entiendo su posición, es requerido aquí y allá, sus textos son apetecidos en varios continentes y todo esto hace que el autor se transforme en la pieza de un perfecto engranaje, llamado hoy “mercado”.



25 de mayo
Terminé de leer el libro de Murakami y creo que la obra en su conjunto constituye un enorme esfuerzo de introspección por parte del autor, quien se interna en su ya largo recorrido literario para desvelarnos los secretos celosamente guardados que depara su escritura. Una escritura exitosa, sin lugar a dudas, que lo ha llevado a la consagración en su país y en Occidente. Una escritura que rompe con el canon y logra insertarse sin complejos en el gusto de los lectores de casi 50 países. Y esto no es poco.



Comienzo a leer El fuego invisible, del español Javier Sierra, libro ganador del Premio Planeta 2017. Comienza muy bien con una aguda reflexión sobre el poder de las palabras, que de alguna manera preconiza la densidad, si no de toda la obra, por lo menos de algunos de sus pasajes.
Se agudiza el problema de la gasolina en el país. Pasan los días y las colas se hacen más largas en las gasolineras y se acrecienta el malestar social. De no resolverse podría paralizarse el transporte de los alimentos, de los medicamentos y ni decir del transporte público. Cada hora cuenta.



27 de mayo
Lo numinoso del Ser no brota con facilidad en las circunstancias presentes. Mi vida espiritual es casi nula y mis emociones un torbellino.
Me refugio en la literatura en estos momentos difíciles del país, y siento que logra en mí un efecto de sosiego y de liberación de dopamina, que me empuja a ver todo bajo una mirada más alegre y esperanzadora.



28 de mayo
Hoy finalizamos la serie Juan Inés. Qué decir: estoy conmocionado. Fue la monja mexicana un personaje de excepción. Me alegra que sus “connotados enemigos” no hayan conseguido su propósito: anularla. Después de tantos desengaños y sinsabores Sor Juana se las ingenia para obviar al Santo Oficio y al perverso arzobispo, quien había jurado silenciarla para siempre, y envía los originales de su obra a España, y pronto es llevada a la imprenta. En apariencia ella se somete a los dictámenes de la iglesia (entregar su biblioteca al arzobispo y no volver a tomar la pluma y el papel para versificar), pero en el último capítulo se nos dice que escribió buena parte de su obra madura en la clandestinidad, y pudo salvar cientos de tomos de su espléndida biblioteca. Su antiguo confesor, quien no cejó ni un solo instante para anularla, en sus últimos días le reveló que lo movió, no solo los empeños para salvar su alma (que siempre fue su excusa), sino la envidia por su brillo y por su obra. Sor Juana, una mujer sensual e impetuosa, se erige entonces en arquetipo de su tiempo histórico. Su figura y su obra perduran en el tiempo.



@GilOtaiza


rigilo99@gmail.com





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