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Entre toros y barreras por ALIRIO PÉREZ LO PRESTI

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ALIRIO PÉREZ LO PRESTI


Twitter: @perezlopresti

Tal vez no podamos cambiar la realidad, pero sí hacer un esfuerzo mínimo por tratar de comprenderla. En los tiempos que corren, se profundizan las raíces de conceptuaciones que considerábamos etéreas, como la idea de aldea global, semillero que posteriormente vino a recibir el nombre de lo que conocemos por globalización, fenómeno curioso donde, salvo excepciones, los vínculos interpersonales se vuelven tan exponenciales como superficiales y las costumbres tienden a uniformizar aún más a las personas. Cada día que pasa quedamos reducidos a un montoncito de modelos comportamentales y hábitos que tendemos a imitar, empobreciéndose el interior de la criatura que somos. Lo profundamente superficial cobra territorio y la gran soledad humana gana terreno, mientras los intercambios afectivos se nos hacen ásperos y ajenos. Amoríos virtuales, espasmódicos y casi epilépticos, ganan terreno, siendo la norma en ciertos grupos. La idea de que la riqueza llega fácil y no a través del esfuerzo, ya es una consigna. Esperar por el regalo que no llega es la solución a la cual muchos apuestan.

Al funcionar como un sistema, existen determinantes, condicionantes y posibilidades de predecir lo que potencialmente ocurrirá. Si un modelo se usa por tiempo indefinido, independientemente del grado de capacidad de generar bienestar, también generará aburrimiento. Es entonces cuando las personas, aparentemente viviendo en un grado de conformidad aparente, enarbolan las banderas de la disconformidad interior y se dan esas cosas que los numerólogos no pueden explicar, pero la percepción de lo humano desde su singularidad y subjetividad permite aclarar un tanto. Una de las cosas difíciles de asumir es la obviedad de que las vidas humanas son relativamente cortas comparadas con los tiempos históricos. A algunos, más descreídos que otros, no nos apetece la idea de esperar a que las cosas cambien a nuestro favor. Sería aceptar el delegar en otros el destino de nuestra existencia. Preferimos cambiar nosotros y ser sujeto trashumante termina siendo la solución, configurando una preferible manera de conducirse cuando la comparamos con: Aceptar la vida entendiendo la imposibilidad real de cambiar al entono, adaptándonos a lo que no nos gusta, asintiendo aquello que contraviene nuestros principios, resignándonos al horror o acostumbrándonos al mismo. Los ciclos históricos están delimitados en el tiempo por disrupciones que marcan un desvío en el curso de lo civilizatorio. Cada ciclo histórico tiende a ser largo y generalmente el desenlace no es lo que esperábamos. En materia de historia, las peticiones de buena voluntad no aplican.





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