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Economía, Asia y América del Sur po Alberto José Hurtado B.

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Alberto José Hurtado B.



La economía es la base de la relación entre Asia y América del Sur, principal motivo del vínculo entre China y Japón con sus pares latinoamericanos. Esto debido a la necesidad que tienen dichos países asiáticos de asegurar el acceso a petróleo, gas, metales preciosos, alimentos y demás materias primas, así como garantizar mercados para sus productos.


En el caso particular de la relación China-América del Sur, la economía china accede a una fuente segura de materias primas y logra entrar a un mercado de 431 millones de potenciales consumidores para sus bienes. Mientras que las economías suramericanas reciben importantes inversiones chinas en infraestructura e ingentes fondos mediante esquemas de cooperación; a la par que logran el acceso a nuevos recursos que permiten la implementación de nuevas agendas de desarrollo.


En este orden, China ha extendido su iniciativa de la Franja y la Ruta hasta América del Sur, invirtiendo en proyectos de infraestructura que incluyen importantes puertos y ferrocarriles. Y también ha tenido activa participación en proyectos de cofinanciamiento con empresas públicas y privadas, tanto de China como de América Latina, para obras de infraestructura e inversiones en el sector energético.


Esta dinámica ha permitido a China convertirse en el socio comercial número uno o dos para todos los países sudamericanos. Pero esta alta concentración en el comercio de recursos naturales también ha creado tensiones en las relaciones económicas y comerciales, como lo demuestra el creciente número de quejas antidumping contra China procedentes de Latinoamérica. La situación así planteada genera otra preocupación: que la economía sudamericana se haga demasiado dependiente de China, lo que incrementaría la vulnerabilidad de la producción y el empleo de esta región; por ende, hoy más que nunca América del Sur tiene la necesidad de diversificar sus socios comerciales.


Por otra parte, la relación entre Japón y América del Sur se remonta a principios del siglo XX cuando este país asiático inició programas de migración patrocinados por su gobierno. Al igual que China, Japón sustenta su vínculo con los países suramericanos en la búsqueda de recursos y la diplomacia económica; conducta que se consolidó durante su etapa de alto crecimiento económico. Pero dicha relación se redujo en la década de 1980 como resultado de la grave crisis financiera vivida por los países latinoamericanos y la incapacidad japonesa para enfrentar los incumplimientos de deuda, y la interrupción de proyectos conjuntos.


Estos acontecimientos han servido de lección para Japón, que en la actualidad se muestra más proactivo en su relación con América del Sur. Entre las nuevas actividades se puede destacar la activa participación japonesa en los intercambios oficiales para el desarrollo de profesionales de alto rango de los países suramericanos; la reducción de aranceles a países de la región bajo el Sistema de Preferencias Generalizadas; y la disposición del gobierno japones a negociar acuerdos preferenciales con los países de la región.


Tanto China como Japón tienen recursos suficientes para asignar fondos complementarios hacia América del Sur, cuentan con abundante mano de obra y capital, mientras que carecen de recursos naturales y tierra. Por su parte, los países suramericanos tienen abundantes recursos naturales y tierra, estabilidad geopolítica y un amplio mercado de bienes y servicios. Y aunque la coyuntura del covid-19 condiciona los resultados de esta relación, las perspectivas a largo plazo entre las dos regiones siguen siendo sólidas y ameritan de una activa participación desde Latinoamérica.


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