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La idea del prohombre por ALIRIO PÉREZ LO PRESTI

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ALIRIO PÉREZ LO PRESTI


Twitter: @perezlopresti

A Moisés Moleiro

Existen personas inquietas, cuya vida pareciera estar determinada a generar cambios en el lugar y tiempo que les corresponde vivir. Personas que literalmente aprovechan el tiempo y pareciera que la vida les rindiese más que a otras. A Moisés Moleiro lo conocía precedido por su fama. Lo que nunca esperaba era conseguírmelo por las tardes en una calle en donde españoles y portugueses hacían que el lugar cobrase gran vida por los locales llenos de gente comiendo, bebiendo, conversando y tratando de disfrutar la vida. A Moleiro lo adelantaba su leyenda de guerrillero y su aceptación de pasar de la lucha armada a la política partidista; de sujeto que se emancipa de la existencia y trata de cambiar el porvenir. Por su capacidad de liderazgo crea un partido político producto de un cisma en Acción Democrática, que es de interés de mis amigos politólogos andinos.  Su partido tuvo importante resonancia en la Universidad de Los Andes, de mi ciudad. Mi Universidad. También lo precedían sus libros, que eran fáciles de conseguir en cualquier parte del país. Pero por encima de cualquier elemento, lo antecedía su enorme talante de hombre de ideas y estudioso a rabiar. Sobre cualquier virtud, estaba su excepcional capacidad de expresión, lo cual lo convertía en un académico a tiempo completo, que deslumbraba por lo grata capacidad de exponer con claridad y buen tino cada idea expresada. Ese es el Moleiro que conocí personalmente y por quien no solo tengo una deuda de gratitud sino de inexorable nostalgia.

A todas estas, hoy en día, viviendo en tierras lejanas y teniendo en mente cada segundo vivido, me pregunto: ¿Es posible devenir en una sociedad de sujetos castrados intelectual y moralmente?

Lamentablemente tengo que hacerme la pregunta y asumir que estamos cosechando las consecuencias de un monstruoso camino recorrido, en donde los frutos nos señalan de qué case es el árbol. La tenebrosa necesidad social del caudillo, tan presente en el constructo mental de la venezolanidad, devino en ese enjambre de entuertos difíciles de remediar y en los cuales es complicado y penoso sobrellevar la existencia. Fallamos en defender el una vez glorioso país de donde vinimos, porque generacionalmente tuvimos el infortunio de ser colectivamente seducidos por un destructor. Que conste que escuché a Moisés Moliero advertirnos del peligro que corríamos.





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