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La invención del líder por Alirio Pérez lo Presti

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Alirio Pérez lo Presti



@perezlopresti


Se podrá estar acabando el mundo, mientras de manera paralela, lo gregario se disputa el poder. Con rapidez el virus se hace de las suyas, y a la par, campañas políticas y discursos grandilocuentes aparecen en cualquier rincón del planeta. Las pandemias pasan, pero la necesidad de hacerse del control de lo social queda. En estas removidas sociales que muchas veces carecen de fundamento que obedezca a un orden fácil de entender, el espíritu de las revueltas obedece a la necesidad de hacer revueltas. Sin escaramuzas ni rencores acumulados no existiría la civilización tal como la conocemos. Para que un proceso social pueda ser conducido, se le debe presentar al populacho cierta coherencia discursiva. Ese orden de lo que se le señala, inexorablemente deberá hacerlo alguien. Si ese alguien no es visualizado, entonces habrá que mover cielo y tierra para que emerja. La construcción de liderazgos puede ser un buen negocio, solo se necesita de carisma y un aparato publicitario (maquinaria), que haga que un ser de carne y hueso se transforme en un salvador o vengador: Es lo mismo. He presenciado el conocido proceso de creación (imposición) de un liderazgo y cada vez me convenzo de que se trata de una receta. Tal vez el descreimiento sea una manera de asumir la existencia, o por lo menos una manera de conducirse sanamente.


¿Cada pueblo tiene lo que merece?


Incapaces de dar forma a las cosas más brutales que nos pasan por delante, la claridad se asoma cuando buscamos el origen de las mismas. Basta con ver cómo surgen los cambios y las marionetas con sus titiriteros tras bastidores para entender el duro proceso en el que nos encontremos inmersos. Los procesos sociales se van moviendo muchas veces con pinza, trabajo de filigrana de auténticos relojeros de la vida en común. A unos los mueve apoderarse del poder para promover potenciales fines que benefician a muchos, mientras otros son destructores por naturaleza, cultivadores de divisiones y cimentadores de lo más innombrable del ser. De eso alguna experiencia tenemos por haberla padecido.


Afortunadamente, un trashumante trasciende si conoce a buenas personas en su camino. Puedo gritar a los cuatro vientos el tener la fortuna de haber conocido personas tan generosas que parecieran ser de otro mundo y de otra época. Pero están en el presente y son de esta misma tierra endurecida por los tiempos. A cada uno de ellos mi agradecimiento, porque son la prueba tangible de haber conocido lo mejor de lo humano y doy fe de que han hecho hasta lo inimaginable para hacer el bien. No existen palabras para tanta gratitud. 






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