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El Covid-19 y la desigualdad de ingresos por Alberto José Hurtado B.

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Alberto José Hurtado B.



La pandemia del covid-19 está destruyendo el crecimiento económico y empujando a millones de personas a la pobreza. Con o sin intervenciones gubernamentales, la desigualdad de ingresos sigue empeorando producto de la mayor crisis sanitaria vivida por la humanidad en el marco de la globalización. Por otro lado, a medida que los gobiernos han implementado medidas de distanciamiento social, restricciones a la movilidad de las personas y cuarentena, el crecimiento de las economías se ha estancado y el desempleo ha aumentado, trayendo consigo malestar social y problemas económicos a todos los integrantes de la sociedad.


Así, el gran reto que enfrenta la humanidad es disminuir el impacto de la crisis, teniendo en cuenta que ésta va empeorar la desigualdad de ingresos por al menos cuatro razones. Primero, los trabajadores no calificados están siendo más afectados que los trabajadores calificados. Estos últimos son más difíciles de reemplazar y, por lo tanto, tienen menos probabilidades de perder sus empleos; incrementando la vulnerabilidad de los trabajadores no calificados por su alta probabilidad de perder el empleo o, en el mejor de los casos, experimentar recortes salariales.


En segundo lugar, la contracción económica generada por la pandemia está afectando tanto a la mano de obra como al capital, pero de estos dos factores productivos los trabajadores son los más perjudicados. Las actividades productivas que han logrado una más fácil reactivación han sido aquellas intensivas en capital, como la manufactura, mientras que las medidas restrictivas continúan aplicándose a las actividades intensivas en mano de obra, como las realizadas por el sector servicios. Esto es debido a que el primer sector utiliza una mayor proporción de máquinas y el segundo de personas.


En tercer lugar, la pandemia está impactando de manera desproporcionada a los grupos vulnerables como las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), y los ancianos. La mayoría de empresas cerradas durante la pandemia son mipymes, incapaces de cumplir con sus costos fijos de funcionamiento; mientras que los ancianos, considerados la población de mayor riesgo, están obligados a cumplir el aislamiento sin ninguna garantía de ingresos y sin posibilidad de que cambie esta situación hasta tener la cura del covid-19. Y cuarto, la pandemia está aumentando la desigualdad regional de ingresos, ya que las regiones pobres del mundo han mostrado menor capacidad para implementar medidas de contención, proporcionar servicios de salud para toda la población, y facilitar apoyo fiscal a los hogares y empresas.


Para disminuir que las tensiones sociales sigan creciendo y se ponga en riesgo la recuperación económica, es necesario que los gobiernos del mundo avancen en: 1) el objetivo de contener el brote lo más rápido posible, con implementación efectiva de pruebas, rastreos de contactos, distanciamiento social e inversión en los sistemas de salud; 2) implementar medidas que protejan el trabajo, con apoyo a las empresas mediante reducción de impuestos, implementación de subsidios salariales, garantías de créditos, asistencia social y transferencias fiscales; y 3) apoyar la recuperación económica de manera inclusiva, mediante la combinación de  estímulos a corto plazo y estrategias a largo plazo para un crecimiento sostenible e integrador, es decir, políticas que promuevan la inversión en educación y salud, la construcción de transporte público, la prestación de servicios sociales básicos, apoyo al desarrollo rural, así como la provisión de redes de seguridad social para el sector informal y la cobertura universal de salud.


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