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Ciudades y encantamientos por Alirio Pérez Lo Presti

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ALIRIO PÉREZ LO PRESTI



@perezlopresti


He tenido la fortuna de viajar. Unas veces porque he tenido que cambiar de hogar, otras por trabajo y la mayoría de los viajes por gusto. El placer de los viajes es sin dudas una condición que fortalece el carácter y permite disfrutar, conocer, pero por encima de cualquier cosa: Comparar. Una vez, caminando por una montaña muy hermosa, cerca de Bailadores, en Venezuela, vi un sendero que me llevaba a otra montaña que me pareció tan bella que me sentía en otro mundo. De frente venía una anciana que llevaba un quintal de leña en la cabeza y sin poder evitarlo, le comenté que me parecía muy hermosa la montaña que estaba viendo. La vieja, enfurecida, me dijo que había padecido la maldición de haber estado toda su vida en el mismo sitio y que no conocía mayor infierno que el tener que ver ese paisaje todos los días de su existencia. “-¡Voy a morir sin conocer mundo!”, me gritó y siguió su camino.


Pienso lo mismo que ella. Si algo da entendimiento y capacidad de desarrollar una sana perspectiva del mundo es la posibilidad de viajar y en esos viajes, inexorablemente iremos conociendo ciudades, algunas de las cuales querremos no recordar y otras quedarán tatuadas en nuestros pensamientos. Podría nombrar tantas y las aventuras y sorpresas que en cada una de ellas he vivido, que bien pudiese dedicarme a la crónica propia de los que trabajan en recrear sus viajes. Viajar es una manera de vivir, de alejar el tedio y de aprender. Por encima de cualquier otra forma de experiencia, en cada viaje y en cada ciudad que visitamos, se nos impregna un espíritu que constituye la esencia de ese poblado, de sus habitantes, de sus costumbres y sus diferentes formas de conducirse. El viaje es la punta de lanza de la posibilidad de ser universal.


Epílogo de un pasajero: En los viajes podemos conocer las más increíbles personalidades. Así lo he experimentado y de los lugares más insólitos han surgidos grandes amistades. Tendiente a ser selectivo con la posibilidad de desarrollar afecto hacia las personas, es en los parajes montunos y urbes contaminadas donde he podido compartir y desarrollar grandes vínculos interpersonales. Una cosa ha llevado a la otra. La amistad forma parte de las grandes virtudes humanas y el cultivo de la misma, requiere de paciencia y mesura. Cultivar una amistad es como sembrar una planta, que requiere invertir energías, así como sus necesarias dosis de alegrías.






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