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Recuerdos del pasado y Genaro Rodríguez por Jim Morantes

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JIM MORANTES


Corría la década de los noventa y la inquietud que movía mi pensamiento, me conllevaba a interactuar en diversos ambientes, como bien es sabido por ustedes el tema audiovisual ha ocupado un lugar especial, lógicamente hay detalles de la ciudad que desconozco porque no los viví por aquello de las circunstancias tempo históricas,  inherentes al ámbito de desenvolvimiento.

Con relación al artículo anterior, referido a algunos videoclubs de la ciudad, cometí la omisión de no mencionar Sonidos 81, dedicado al alquiler y venta de películas betamax y VHS, ubicado en la Avenida Universidad a la altura de Antojitos e inaugurado en ese año, dato que me proporcionó gentilmente mi apreciada colega Carolina Fernández, quien recordó con beneplácito a su amado padre Freddy Fernández, propietario de dicho establecimiento comercial y además estuvo vinculado al ambiente del espectáculo y entretenimiento, fue pionero en vender TV a color e instrumentos musicales Yamaha.

Información que me trasladó a episodios de mi infancia, específicamente a recordar con profundo entusiasmo y afecto al querido amigo familiar Genaro Rodríguez Matos (+), cubano que huyó de la dictadura de Castro, primero vivió en Panamá, luego en Caracas hasta que se enamoró de Mérida, carismático de buen corazón y comerciante dedicado a la venta de electrodomésticos al mayor y al detal, fábrica de imágenes religiosas, en la década de los ochenta era el propietario del supermercado (no del local)  ubicado en la planta baja de los edificios que están al lado del parque la aviación (cuyo icono es la famosa avioneta de las fuerzas armadas venezolanas), en la Av. Los próceres tenía la venta de pollo y cabañas de alquiler (arrendatario no propietario) al lado de la casa Clemente y a la altura de Los Molinos, estaba la panadería que proporcionaba diversa variedad de pan dulce y salado, paledonias, roscas rojas, biscochos, morones, pastas con guayaba, aliados, entre otros, productos que enviaba en  camiones cavas a los pueblos andinos, Trujillo y Barinas.

La rutina de la visita a la panadería, consistía en sentarnos a platicar en los  clásicos muebles de cuero rojo y verde de la sala, largas conversaciones de muchas horas dedicadas a historias anecdóticas que por mi corta edad, escuchaba con agrado y detenimiento; Genaro, fue un hombre de carácter fuerte, buen gerente de amplia experiencia y siempre amable con gran elocuencia, en el medio de la tertulia pasábamos a  la cocina comedor, a las oficinas administrativas para posteriormente visitar  el área de producción, depósito y despacho.

En los últimos años, en el medio de la visita de repente (Genaro), se quedaba dormido con un habano en la mano después de una larga conversa, su amistad me permitió incursionar en múltiples escenarios mentales, aclaró, corrigió  y aconsejó diversas dudas en la etapa formativa; el recorrido por la panadería iba acompañado de la mano con la degustación del  pan, pastas o tortas calientes y recién salidas del horno, la gaseosa bien fría con hielo o una taza de café caliente, a pesar de romper la continuidad del mundo audiovisual, no podía dejar de  contar, ese ayer lleno de hermandad y enorme fraternidad.

Desde el punto de vista gastronómico era impelable no asistir a las grandes parrandas y comelonas de la época, algunos de los organizadores e invitados permanentes eran Efigenia Velázquez, Ciro Maldonado (hijo), mi padre y el susodicho, recuerdo con satisfacción los viajes (Venezuela y EEUU), paseos e incontables recepciones; se consideraba ofensa no repetir el exquisito pernil, predominaba la constante del buen sabor y el buen humor, el señor Genaro preparaba durante varias horas (8 o hasta 14) a fuego muy lento, ese suculento plato, cuando llegaba la carne a la boca, se deshacía en el paladar con impecable intensidad de sabores que solo pensarlo me hace recrearlo y ni se diga del pan de jamón, era un clásico que no podía faltar por cantidad en navidad, la tradición del pan  la mantiene la señora Antonia Villamizar, su esposa, Piro y  Nilson (hijos)  que aún continúan con el negocio familiar de la panadería.

 Espera la próxima parte de amigos y sígueme en Twitter  @JIMMORANTES





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