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Covid-19, Asia y la igualdad de genero por Sadcidi Zerpa Hurtado

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Sadcidi Zerpa Hurtado



Todas las crisis económicas tienen efectos negativos en la dinámica social de los países y, muy particularmente, en el trato que reciben las mujeres. Incluso, estos impactos persisten mucho tiempo después de que la economía se estabiliza y comienza la recuperación. Y una de las regiones del planeta donde se hace más evidente esta realidad es Asia.


Dentro de los efectos del covid-19 destaca la disminución de oportunidades que las mujeres tienen para el trabajo formal, ha incrementado el trabajo doméstico, y ha aumentado el riesgo de violencia doméstica en todo el mundo. Situación que se ha exacerbado en Asia, primer continente en iniciar una primera fase de reapertura y también el primero expuesto a una segunda ola de contagios, en la medida que las mujeres tienen mayor presencia en los sectores que enfrentan pérdidas inmediatas de empleo, reducción de horas de trabajo y salarios, en particular el sector minorista, la fabricación de textiles y prendas de vestir, el turismo, la hotelería, entre otros.


De igual forma, las mujeres en toda la región asiática siguen teniendo una participación mucho mayor que los hombres en las actividades del hogar. De allí que son el eje principal en los trabajos domésticos no remunerados que están sosteniendo los primeros impactos de la pandemia. Así, las mujeres participan de la educación remota desde el hogar, hacen la limpieza y enfrentan el desafío de aprovisionar el hogar bajo medidas de distanciamiento social; este escenario reduce la capacidad para acceder a un trabajo remunerado y aumenta los niveles de estrés y agotamiento.


Además, las mujeres enfrentan el mayor riesgo de violencia doméstica en tiempos de la pandemia covid-19, debido a la conjunción de confinamiento colectivo, limitaciones a la movilidad de las personas, generalización de las actividades por la Internet, y reducción de los servicios de apoyo a las víctimas de este flagelo. Para tener una idea de la gravedad del asunto, antes de la actual crisis, más del 40 por ciento de las mujeres en el sudeste asiático experimentaron violencia a manos de sus parejas; hechos que aumentaron hasta 57% solo durante el inicio de las medidas de confinamiento. También, la elevada demanda de los servicios de salud reduce el acceso de las mujeres a la atención médica, así como a anticonceptivos pre y postnatales; sin descartar los efectos de la sobrerrepresentación de las mujeres en el sector salud, que eleva el riesgo de exposición al contagio de este grupo de la población.


En un contexto como este, la crisis del covid-19 debe verse como una oportunidad de hacer las cosas de forma diferente. Por ende, es necesario que los gobiernos, al calibrar sus respuestas políticas a los impactos de género de la pandemia, no deben aumentar la carga ya desigual de las mujeres. En la última década, las iniciativas de empoderamiento de las mujeres se han centrado casi exclusivamente en su inclusión en: las finanzas, los mercados, la educación, y la promoción de los servicios de desarrollo empresarial. Es en estos ámbitos a donde deben ir los paquetes de estímulo a la economía, y demás medidas de recuperación, que tomen los gobiernos. Cualquier plan de recuperación que discrimine o segmente el rol de las mujeres y los hombres en la economía, será una respuesta discriminatoria a la crisis y generará una recuperación más lenta.


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