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Más que un poemario por Ricardo Gil Otaiza

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RICARDO GIL OTAIZA


Me acerqué a unos textos poéticos que tocaron fibras muy íntimas, que me llevaron en sus poderosas alas a mi juventud, cuando tuve la oportunidad de recorrer pueblos y ciudades del espléndido país azteca, y tiempo después sortear página a página unos textos claves de la poesía en lengua castellana: Piedra de Sol, de Octavio Paz; hablo del Quaderno de Guanajuato de Horacio Biord Castillo, editado por la Academia Venezolana de la Lengua en su colección Académicos Actuales N° 11, en el 2018. Hago mención al libro de Paz, porque los textos de Biord Castillo me lo recuerdan con fuerza inusitada, ya que conjuntan, no solo perfección lingüística y belleza como aquél, sino la amalgama de una cultura ancestral aún viva en muchos pueblos de América Latina.


Cada página de este libro nos lleva por tradiciones, creencias, arte, historia y gastronomía, y con versos hondos y un ahorro maestro del lenguaje, sublima los sentidos desde una oralidad pasada de generación en generación, que trae consigo las voces de lo atávico y de la otredad. El simbolismo presente en estos versos conjunta en el lector una visión que va más allá de la lectura plana de un texto poético (que busca horadar las emociones), para insertarse con sutileza en los territorios de un ayer no perdido; en los susurros y ecos de usanzas que auscultan en lo telúrico, en la espiritualidad, en la sincronía cultural que de alguna manera nos configura como esa otra orilla espléndida en imágenes y en encanto de lo raigal. 



Más que un poemario, Quaderno de Guanajuato es receptáculo de la pluridimensionalidad mexicana, de lo mitológico, de ese querer mostrar al mundo una cosmovisión que busca un lugar planetario. Biord Castillo se mece con inteligencia entre el canon occidental y el denso tejido de lo autóctono americano, para dejar de manifiesto, más que descripciones de objetos, rituales y tradiciones (que suelen hacerlo muchos creadores), lo que evocan algunos elementos, que con su sola presencia dicen de mundos y de portentosas “realidades”. La tortilla, el tamal, la obsidiana, el jade, el nopal, el encino, el cedrón, el elote y el roble, por poner algunos ejemplos, nos hablan en susurro, al oído; traen consigo reminiscencias de siglos de un lento trajinar amerindio por la historia, pero al margen de lo oficial. 



No contento Biord Castillo con su acierto poético y cosmogónico, juega con la representación gráfica de las palabras y así trastoca la linealidad propia de la lectura. Si nos habla de “puentes que se elevan”, las letras saltan de la línea y ascienden. Si se refiere a “escaleras profundas que descienden las entrañas”, el vocablo cae en cascada hasta derramarse en el resto de la oración. Si bien otros lo han intentado como mera ruptura morfosintáctica, transijo, en el Quaderno va más allá de la forma, para internarse en lo simbólico y conceptual. 



Quaderno de Guanajuato no se queda en el mero significado del vocablo, ni en su sólida conjunción gramatical y literaria, sino que nos lanza con isócrona musicalidad por intrincados caminos, por pueblos perdidos en la geografía, por montes y campos olvidados de todos. Para el autor las piedras hablan, cuentan sus historias y escuchan sus historias, y todo esto hace de estas páginas “algo extraño”, fuera del lugar común, y nos muestran así el encanto de lo sublime, de la ignota sabiduría, de lo que está más allá de lo obvio.



“La noche convoca fantasmas / y todos entonan cantos esféricos / como silenciosos rituales / que solo escuchan solemnes los grillos”.

@GilOtaiza



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