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Visiones desde mi Diario 2019 por Ricardo Gil Otaiza

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RICARDO GIL OTAIZA


17 de octubre
Estoy leyendo varios libros a la vez y he añadido El fin del poder de Moisés Naím. Interesante su propuesta, que tiene que ver cómo la noción de poder no es hoy como era hasta hace algunos años. El poder es hoy un tanto efímero y quienes lo ostentan están supeditados a una serie de circunstancias que los limita en su señorío y en su disfrute. El análisis de Naím es tan documentado, que lo acerca más a la monografía que al ensayo libre. De él había leído hace años y con gran placer su libro Ilícito (Debate, 2006) y entonces me atrajo su estilo universal y abierto. El fin del poder dormía en el anaquel desde hacía cinco años y hace un par de días me acerqué con curiosidad y quedé enganchado. Por otro lado, retomé también El laberinto de los espíritus de Carlos Ruiz Zafón dejado a la vera del camino. Agregué además El tao de la salud el sexo y la larga vida de Daniel Reid. 


19 de octubre
Creo que debería titular a este libro como Diario de la soledad, pues no es otra cosa la que puedo reflejar en estas páginas: soledad, ingrimitud, monólogo y a veces hastío. Los días en esta ciudad y en este país son de horror y los ciudadanos nos sentimos huérfanos de ese atavismo que significa ser de una parte, tener un sentido de pertenencia. La soledad personal o social no la podemos llamar de otra manera, no le caben eufemismos, es una pieza sin costura, como un traje hecho a la medida. La soledad es la cualidad de estar solo y en lengua española no hallo otra palabra que la matice, que la mimetice, que la cubra con un disfraz que la haga parecer más bonita y menos dura. La soledad se hace consustancial con nuestro espíritu y lo configura, le da un sentido de aquello que en décadas pasadas nuestros padres denominaban como melancolía. Hoy se habla de depresión que técnicamente no es muy exacto ni poético. Melancolía es una palabra que rima, que pega muy bien desde lo fonético, en cambio depresión es seco, tosco, carente de musicalidad y de encanto y pega con otras palabras horribles como tensión, agresión, devolución, revolución y paremos de contar.

20 de octubre
Veo que en una sala (o espacio tipo estacionamiento) de una casa de mi urbanización habilitaron una especie de capilla, y hoy cuando pasé vi mucha gente cantar y batir las palmas. A estas alturas de mi vida creo en una fe silenciosa, apacible, circunscrita al ámbito de lo personal. Algo así como una comunión muy estrecha entre la divinidad y cada uno de nosotros. La fe es introspección, comunicación interior; más personal que colectiva. Es un abrazo de mi “yo” con mi “yo”, y allí no caben las palmas, los coros y los tumultos. La fe es silencio y soledad.




24 de octubre
Las redes sociales entretienen bastante y nos roban un tiempo precioso para la lectura, la escritura y la reflexión. Desde hace unos días el celular me produce una gran fatiga hasta el punto de obligarme a dejarlo de lado. Por otra parte, es tal la cantidad de información que llega por las redes, muchas veces perversa y contradictoria, que le correspondería a la ética tomar ya cartas en el asunto para evitar que seamos víctimas de más engaños. No hablo de regulaciones por parte del Estado todopoderosos, que quiere ser dueño de nuestro pensamiento y de nuestras acciones, sino de posiciones concertadas que posibiliten estar alertas frente a la eterna dicotomía de la verdad y de la mentira. Nos llega demasiada basura por los medios digitales.


 
@GilOtaiza



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