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La lectura en mis Diarios 2019 por Ricardo Gil Otaiza

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RICARDO GIL OTAIZA



17 de noviembre
Me gusta mi biblioteca y ella refleja mi vida y mi pensamiento a lo largo de casi 4 décadas. Sin embargo, ahora solo en la casa me pregunto con frecuencia si valió la pena formarla y nutrirla con tanto ahínco dejando de lado (o postergado) todo lo demás (adquisición de ropa, calzado o el ahorro para los días de las vacas flacas). Debí de invertir el dinero ganado en la constitución de una empresa, o haber viajado a Europa como siempre fue mi ilusión, pero cada vez que iba (voy) a las librerías se me alborotaban las ganas de comprar más y más ejemplares. Aquí estoy, contemplando esa obra (formar una biblioteca lo es), pero sin nadie a mi alrededor con quien compartir mis lecturas y hallazgos literarios. La columna es sin duda una gran ventana al mundo, pero a veces siento que no hay sintonía con una sociedad enferma, destruida, que busca con desesperación la mera supervivencia. Envío mis artículos a casi todos mis contactos (incluyendo a los amigos y a los familiares), pero pocos me responden y me comentan lo leído. La mayoría se contenta en enviarme por el guasap emoticones con dedos alzados y rostros alegres, pero no más de eso. Tal vez la actividad intelectual sea una quimera en nuestros días.

18 de noviembre
En la medida que pasa el tiempo mi pensamiento y mi escritura se van deslastrando de corsés y de anclajes académicos para ser libre expresión de mi sentir. Hoy me encuentro con mayor libertad para expresarme y esta sensación es estupenda, ya que me liberé de un peso innecesario que fui dejando en el camino y que no necesitaba para seguir siendo lo que soy. A lo largo de muchos años seguí líneas, escuelas, corrientes y modas que me robaban aquello que verdaderamente representaba mi propia voz, para convertirme muchas veces en una especie de ventrílocuo, o peor aún: uno de los muñecos. No sé si es que los 58 años me han sacudido, pero hay un fuerte deseo interior de mostrarme tal y como soy, sin máscaras, sin artificios y esto lógicamente me traerá desafectos (de hecho, ya está ocurriendo), enconados detractores. Creo que mi voz interior clama por ser lo que es, por transformar toda mi experiencia en algo auténtico y original. En otras palabras: mi propio “yo” busca con desesperación mostrar su rostro sin importarle lo que digan los otros. Mi voz será mi voz y no la de los otros, y el tiempo dirá si todo fue un desatino.

20 de noviembre
Desde hacía unos cuantos días esperaba la llegada del libro La Moneda, 11 de septiembre de Francisco Aguilera que me envió Nacho de la editorial Drácena de Madrid. Esta tarde subí hasta la reja que se encuentra en la entrada de la calle y hallé el paquete en el casillero de correos. Comencé a leerlo y de entrada me interesó. Me llama la atención esa polifonía de voces que narran desde perspectivas distintas lo que aconteció en la mañana de aquel fatídico día en el que un golpe militar acabó con la vida del presidente chileno Salvador Allende, y que entronizó la dictadura de Augusto Pinochet. El libro es breve, pero la osadía del autor logra que los lectores nos hagamos una idea bastante clara de aquel hecho histórico trágico que tuvo en el mundo tanta resonancia, y que hoy se recuerde con estupor por la extrema violencia desatada en Santiago de Chile y que se hiciera extensiva al resto de aquella nación. Por cierto, el libro cae en mis manos en un momento en el que retornan a esa nación los viejos fantasmas y que amenazan con retrotraer a Chile a una época que pensábamos superada.

@GilOtaiza

rigilo99@hotmail.com

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