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HABLEMOS DE LA UNIDAD Por Martha Hernández

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Por Martha Hernández
MARTHA HERNÁNDEZ



Durante dos décadas se ha hablado de la Unidad de la oposición venezolana como el sueño dorado, el mecanismo necesario para salir triunfantes ante cada evento político acontecido en el país. Lo cierto es que muchos han sido los llamados a la Unidad durante estos veinte años y es adecuado recordarlos para contar con información suficiente para hacer una reflexión profunda sobre sus resultados concretos, que ayude a entender el momento que vivimos y los pasos requeridos para alcanzar un futuro en Libertad.


Los primeros dos llamados se hicieron en el año 2003: uno en febrero y otro en noviembre (el “firmazo” y el “reafirmazo”), ambos para solicitar el revocatorio presidencial, contando el último de ellos con la participación de 3.448.747 ciudadanos. Seguidamente se llamó a la Unidad para el Referéndum Revocatorio del año 2004, proceso en el cual nos arrebataron el derecho a contar los votos. Después vinieron las Elecciones Parlamentarias del 2005, en las cuales se nos pidió el desconocimiento de las mismas ante las inaceptables condiciones electorales y más 80% de los venezolanos no votamos, pero tampoco se cobró ese triunfo político.


Nuevamente en 2006 se pidió el apoyo de los venezolanos para las elecciones presidenciales, con Manuel Rosales como candidato unitario. Se reagruparon en aquel momento todas las fuerzas políticas y movimientos ciudadanos, pasado este proceso se abandonó a millones de venezolanos en su lucha por la libertad.


Así llegamos a la Reforma (in)Constitucional del 2007, cuando –después del cierre de RCTV– se produjo la unión con el movimiento estudiantil y así articulados se derrotó Estado comunal pretendido por Chávez. Y aunque la organización Súmate alertó la ausencia de más de un millón de votos que aún hoy (año 2020) no aparecen, las fuerzas políticas opositoras aceptaron una victoria “pírrica” que alentó al oficialismo a incorporar las reformas vía leyes habilitantes.


En 2008 nuevamente llamaron a la unidad para participar en las elecciones regionales. Se creó aquel año la Mesa de Unidad Democrática (MUD), pero no hubo resultados concretos de esas gestiones estadales en el fortalecimiento de la lucha ciudadana. En 2009 Chávez, aprendiendo de la derrota anterior, avanzó con la enmienda para aprobar la reelección indefinida. Frente a esta jugada la unidad se produjo inmediatamente y aunque era inconstitucional la consulta fue aceptada.


Así llegamos al 2010 y fue requerida la unidad para enfrentar la Elección Parlamentaria, donde la oposición obtuvo 65 escaños. Pero también miles de arbitrariedades pasaron ahí dentro, sin que la fuerza opositora articulara un plan para derrotar lo que para entonces ya era una dictadura.


En 2011 la entonces Mesa de la Unidad dirigida ya por el G4 llamó a unas elecciones primarias para escoger el candidato de la Unidad para las elecciones presidenciales de 2012, en las que participaron 3.079.284 ciudadanos. Seguidamente se conformó el Comando Venezuela y se convocó a todos los partidos políticos y movimientos ciudadanos a la Unidad. Surgió así la tarjeta única, denominada “unidad democrática”, si bien el CNE anunció la derrota, esta fue aceptada. La naturaleza impuso un nuevo llamado a elecciones presidenciales en el año 2013. Nuevamente se acudió a la unidad para participar en el proceso y luego, frente el fraude denunciado, el candidato de la unidad nos pidió tocar cacerolas y bailar salsa.


En 2014 los venezolanos alzaron la voz con “La Salida”. Se reactivó el movimiento de calle, el movimiento estudiantil, la ciudadanía… Todos asumen la lucha y nuevamente se hace el llamado a la unidad; pero esta vez la MUD desactiva la calle y reactiva el diálogo con el régimen.


En 2015 los venezolanos acudimos nuevamente a la Unidad para enfrentar las Elecciones Parlamentarias de diciembre. Se activaron diversos mecanismos y los venezolanos se articularon por encima de cualquier lineamiento político de la MUD. Al régimen los cálculos le fallaron y aun con un sistema diseñado para ganar todo la oposición alcanzó 112 curules, las 2/3 partes necesarias para reinstitucionalizar el país. Sin embargo, las promesas se olvidaron y con ellas el nuevo CNE, el TSJ y  demás poderes quedaron pendientes.


En 2016 se apeló a la Unidad para intentar –otra vez– el Referéndum Revocatorio. Para entonces más de 4 millones de venezolanos acudieron a realizar la solicitud, aún en las condiciones más adversas, pero el CNE lo negó cerrando a partir de ese momento toda salida electoral, quedando claro que cualquier resultado que le fuera adverso sería en adelante desconocido por el régimen. A finales de ese año la Mesa de la Unidad dirigida por el G4 volvió al diálogo con la tiranía.


En 2017, ante la usurpación de las funciones de la Asamblea Nacional por parte del TSJ del régimen, nuevamente se llama a la unidad y los ciudadanos acuden a una agenda de calle que produce la consulta del 16J (plebiscito). En ella participaron más de 7 millones de venezolanos y se rechaza la inconstitucional asamblea constituyente, gesta libertaria que logró el apoyo de más de 50 naciones. Lamentablemente el mandato fue olvidado por sus convocantes: la Asamblea Nacional, constituida por los mismo partidos de la Mesa de la Unidad Democrática y dirigida por el G4 hoy llamados Frente Amplio.


¿Y la unidad con Guaidó?


Uno de los avances más importantes en la lucha ciudadana fue la invocación del artículo constitucional 233, cuya aplicación permitió que el 23 de enero de 2019 se juramentara el diputado Juan Gerardo Guaidó como Presidente Encargado de la República Bolivariana de Venezuela y su reconocimiento por más de 60 países. Esta unidad en torno al encargado de la presidencia puso a su servicio el apoyo institucional interno de universidades, asociaciones, gremios, sindicatos, además de las organizaciones y líderes políticos que no forman parte del Frente Amplio. La ruta unitaria definida fue: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres.


El primer llamado a la unidad que hizo el presidente interino fue el 23 de febrero de 2019, para acompañar en la frontera la entrada “Sí o Sí” de la ayuda humanitaria. Los venezolanos, cumpliendo con el juramento que habíamos hecho y abrigando la esperanza de que se trataba del inicio de una agenda en función de alcanzar lo más pronto posible la libertad, acudimos al llamado. Los resultados están a la vista de todos. 


El segundo llamado a la unidad realizado por el encargado de la presidencia fue el 30 de abril de 2019, convocando a los ciudadanos a reunirse frente a las guarniciones en cada uno de los estados para pedirle a la Fuerza Armada Nacional que bajaran sus armas y reconocieran el gobierno interino. Así se hizo, pero luego se conoció que se trataba de un acuerdo con actores de la misma tiranía que en nada contribuía a liberarnos de las mafias que operan en el país. El encargado de la presidencia no lo ha desmentido.


El tercer llamado a la unidad que hizo el presidente interino fue el 18 octubre de 2019, convocando a nuevas movilizaciones de calle mediante una agenda de protesta continuada que tendría su momento cumbre el 16 de noviembre. Esta agenda fue denominada “Venezuela se levanta”. La ciudadanía acudió, pero no hubo mayores anuncios sobre el avance de la ruta unitaria; el cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres, ya poco se mencionaba.


El cuarto llamado a la unidad lo hizo el 11 de diciembre de 2019, cuando señaló textualmente que se debía “rectificar y reimpulsar la lucha para que el 2020 fuera el año de la recuperación de la República y de la libertad”. No presentó nada más.


El quinto llamado lo hizo el 5 de enero de 2020, cuando pidió nuevamente la confianza de todos los factores políticos para mantenerse al frente de la presidencia de la Asamblea Nacional y por ende del país. En ese momento se le ratificó en su cargo. Pidió la unión y enfatizó: “No es momento de repartir culpas”. ¿Culpas?


El 02 de abril de 2020 hizo el sexto llamado a la unidad. En este momento el propósito era la conformación de un gobierno de transición, asegurando que delegaría en un Consejo de Estado paritario las decisiones fundamentales. Sin embargo, aún no hay muchas explicaciones de qué se trataba exactamente.


Hoy, el encargado de la presidencia Ing. Juan Guaidó hace un séptimo llamado a la unidad; habla nuevamente de la ruta unitaria y retoma lo que se convirtió en solo una frase: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres. Plantea ahora una consulta al país para legitimar la continuidad administrativa de la actual Asamblea Nacional y por ende del interinato, mientras señala que servirá también para definir una ruta unitaria ¿Otra? Olvida el Ing. Guaidó lo siguiente: 1) los venezolanos ya marcaron la ruta el 16 de julio de 2017 y la ratificaron el 23 de enero de 2019; 2) han pasado 17 meses desde que asumió como presidente interino y no ha cumplido lo acordado; 3) la pobreza ha alcanzado a más del 80% de los venezolanos; 4) las condiciones de vida de los ciudadanos marcan la urgencia de la salida del régimen y las mafias del poder; y, 5) Venezuela se encuentran en situación de deterioro acelerado.


Los hechos hablan por sí solos y es necesario tenerlos presentes para entender nuestra realidad y definir los próximos pasos. Los  llamados del G4 (VP, PJ, AD y UNT) junto al resto de los integrantes de la antigua Mesa de la Unidad (hoy Frente Amplio) y del encargado de la Presidencia de la República Ing. Juan Guaidó, muestran claramente que la Unidad como mecanismo de articulación puede significar avance en la concreción de las fuerzas internas; pero al no tener como objetivo la conquista de la libertad lo antes posible, y ser conducida por un liderazgo no confiable, incapaz de capitalizar los resultados exitosos, solo ha servido como método de chantaje para el control político de los venezolanos, de la misma forma que lo hace el régimen con el “diálogo”.


Hoy más que nunca la ciudadanía tiene claro que unos buscan cohabitación con la tiranía, mientras que otros exigimos acciones concretas que efectivamente logren su  salida y el fin de este horror.


La nueva Venezuela será sin cómplices ni corruptos, es una decisión ciudadana. ¡El único destino posible para los venezolanos es ser libres y vamos a lograrlo!






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