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La crónica menor

REALIDAD O FICCIÓN por Cardenal Baltazar Porras Cardozo

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CARDENAL BALTAZAR PORRAS



Venezuela se está convirtiendo en un mundo esquizofrénico. La realidad palpable de la gente grita a voces los padecimientos de cada día. Todo se agrava por el Covid que paraliza toda iniciativa; la población queda confinada en inactividad peligrosa pues se desconoce el valor productivo del trabajo; está presente un futuro demasiado turbio como para tener serenidad de espíritu y fuerza de superación. Mientras, quienes manejan los hilos de la información y del poder presentan un escenario totalmente distinto. Los males se deben a otros, aquí estamos mejor que muchos países que se dicen desarrollados. Se glorían de ser soberanos porque se critica a todo el que no piense como ellos, pero se tiene alergia a cualquier crítica interna. Se exalta lo que hacen los cubanos y los representantes de países que dejan mucho que desear como los salvadores de nuestro pueblo. Los venezolanos, los de aquí, somos de segunda. No queda sino agradecer a quienes nos libran de las garras del imperio. Mientras, la gente no tiene derecho ni a opinar ni disentir; se enferma, se muere, se padece depresiones, porque sus problemas son soslayados. Sólo piensan en unas elecciones que no ofrecen solución a las urgencias diarias. Lo político avasalla y opaca lo social, lo anímico, lo espiritual.


 


En medio de este panorama, muchos se preguntan: Qué hemos hecho mal, por qué Dios nos abandona, por qué hay quienes usufructúan de todas las mieles, viven en una chocante opulencia, mientras la mayoría carece de lo elemental. Una especie de culpabilidad personal hunde toda iniciativa salvadora. Urge preguntarse por señalar responsabilidades en quienes han ofrecido el oro y el moro, dejándonos peor que antes. La vida, la dignidad personal, pisoteada por la falta de libertades, por una represión agobiante, sin que se dé respuesta que abran un postigo a la esperanza.


 


El mal es un interrogante abierto que hace tambalear la existencia del ser humano. Es un escándalo existencial, un misterio al que se le busca afanosamente respuesta. Se da por supuesto que es posible un mundo sin mal y que, por tanto, Dios pudo y puede hacer que no exista el mal en el mundo. Hay que tener el coraje suficiente para romper los presupuestos heredados del pasado para poder buscar la esperanza de una salida.


 


Nos cuesta aceptar que Dios haya optado por hacernos creaturas, es decir limitados, y que no nos creó como autómatas o esclavos, sino como seres libres que, en muchas ocasiones, hacemos mal uso de esa libertad, convirtiéndola en un libertinaje que nos acogota. El mal es ciertamente un misterio. Lo característico del hombre es la esperanza y el optimismo que nos da motivos para sobreponernos al mal y no dejarnos aplastar por él.


 


No es que Dios no pueda crear y mantener un mundo sin mal, sino que esto no es posible, no tiene sentido. Ser creatura es ser vulnerable, frágil, como lo está demostrando la pandemia. A la luz de la revelación cristiana afirmamos que Dios nos ha creado por amor para que seamos felices y lleguemos a participar de la misma vida divina. Dios no anula el mal, pero le da sentido. Dios nos invita a luchar contra todo mal, contra el mal natural y físico, contra el mal moral, contra el abuso de quienes se convierten en nuestros verdugos en lugar de ser nuestros hermanos.


 


Con el teólogo A. Torres Queiruga, afirmamos: “hay mucho temor inconfesado al Dios en que se cree; demasiada sensación de vida mermada, de libertad controlada, de gozo de vivir envenenado. Hay demasiadas sumisiones serviles y resentimientos ocultos. Y esto tanto a nivel de tópicos ambientales (las enfermedades que “manda” Dios, y los dictadores que nos esclavizan), como a nivel de una gran parte de la teología, que no acaba de presentar a Dios completamente desolidarizado con el mal”.


 


Quedarnos de brazos cruzados, no tomar iniciativas sino dejarnos llevar por quienes hacen del poder un dios, es el desafío que tenemos por delante. Jesús con el ejemplo del evangelio, y más cerca, testimonios como los de José Gregorio Hernández, son los que nos mueven a construir desde ya el mundo que deseamos y soñamos.


45.- 16-9-2020(4152)






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