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El Madrid todavía es mucho más equipo

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GANÓ EL REAL MADRID


Acertó Koeman de entrada sentando a Griezmann, la gran lacra deportiva y económica del Barça. Valiente el holandés, apostando en su lugar por Pedri. Ansu de delantero, Pedri a la derecha, Coutinho a la izquierda y Messi por detrás de Ansu. Una disposición inédita del nuevo técnico barcelonista. Pero el Madrid, durmiendo el partido con pases y más pases en las líneas defensivas, supo aprovechar con talento de la geriátrica defensa azulgrana y Benzema encontró a Valverde –brillante carrera– absolutamente libre de marca para adelantar a su equipo. Busquets se desentendió de la jugada, de su marca y de la suerte de su equipo. Tenía el balón el Madrid e imponía su ritmo, pero compareció Ansu como solía comparecer Messi para rescatar a los suyos, y, llegando a la carrera por el centro, empató el partido. Ansu es ya pichichi de esta Liga, con 4 goles, junto a Alcácer, y el primer menor que marca en un clásico. El Barça, tras el gol, recuperó el balón, pero le faltaban revoluciones para desbordar totalmente al Madrid. Los de Zidane intentaban hipnotizar a su rival en la elaboración para sorprenderle de repente con un latigazo.

Tras dejar casi sentado a Ramos, Messi pudo marcar en el 23 lo que a la edad de Ansu no habría fallado, aunque no se puede despreciar el sensacional paradón de Curtois. A la jugada siguiente, Busquets falló otra vez en la marca de Kroos y Benzema perdonó un gol cantado, aunque tampoco puede obviarse la intervención de Neto. Partido vivo, entretenido, sin un dominador claro. El Madrid gestionaba su veteranía y el Barça exploraba su juventud. Benzema entre líneas era la principal amenaza blanca, sin que el Barça supiera ajustar su defensa para neutralizarlo.

Los de Koeman no hallaban profundidad y perdían el balón con facilidad. Buen trabajo defensivo de Dest, llegando muy atento a las ayudas. Le asistía aplicadamente Pedri, que al no disfrutar su equipo de posesiones largas no tenía ocasión de infiltrarse para proyectar ataques. Poca continuidad del Barça, demasiado revolucionado, demasiado directo, y el Madrid sabía cortarle los momentos más eléctricos y se protegía sin angustia desde la posesión. Lucas Vázquez sustituyó a un Nacho dolorido desde la falta por la que vio la cartulina amarilla.

Benzema es un futbolista excepcional y dio cuenta de ello con constantes llegadas, aunque en la primera mitad sólo una fructificó.

La segunda parte empezó como la primera, pero con las defensas aún más estabilizadas, rigurosas, con ninguna distracción. Costaba que los ataques fueran realmente peligrosos, aunque Ansu a punto estuvo de marcar y Messi, que empieza a dar un poco de pena en su decadencia, se quejó de que no se la pasara, cuando la opción más audaz era la que había elegido el joven jugador, aunque el disparo, por unos centímetros, se le escapara. Y cuando todo parecía más o menos tranquilo, se produjo la jugada más absurda del partido. A la salida de un córner, Lenglet agarró la camiseta de Ramos, que manifiestamente se tiró hacia el otro lado. El agarrón existió, pero nada tuvo que ver con la caída. Martínez Munuera, VAR mediante, señaló un penalti que manifiestamente no lo era. Muy listo Ramos, que a fin de cuentas hizo lo que tenía que hacer para enredar al colegiado. El Madrid se encontró con una victoria inesperada, y ya no quería el balón para atacar sino para administrar su ventaja, cosa que hizo con notable audacia. El Barça se lanzó con más furia que idea a por el empate, con dificultades para estirar la presión y para llegar realmente a inquietar a su rival. Pedri, Ansu y Busquets fueron sustituidos por Griezmann, Dembélé y Trincao. Fue como si no hubieran existido los cambios. Zidane relevó a Asensio por Rodrygo. Poca luz en el ataque local y el Madrid a la contra pudo sentenciar con dos disparos de Kroos y Ramos que Neto salvó providencialmente. Débil y precipitado el Barça, se le notó que está aún por hacer. Entero y letal el Madrid, demostró que todavía es un gran equipo en los últimos minutos. Modric, en el 89, marcó el tercero con el exterior, como justa consecuencia de los precipitados y fallidos intentos del Barcelona por empatar el partido.

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