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Peligros de una vacuna express por Alberto José Hurtado Briceño

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Alberto José Hurtado Briceño



Mientras sigue aumentando a nivel mundial el número de contagiados y fallecidos por el nuevo coronarivus, la carrera por una vacuna sigue su marcha, pareciéndose más a las carreras de velocidad que a las carreras de media o larga distancia. Esto último debido a que aumentan las presiones para tener una cura disponible lo más pronto posible. Pero esto, a su vez, representa un punto álgido ya que puede implicar la pronta llegada de un producto inseguro y sin garantías de que realmente funcione.


El desarrollo de una vacuna es un proceso largo y complejo que, según los expertos, tarda entre 10 y 15 años hasta estar totalmente disponible y sin ningún tipo de riesgos para el público. Tal como aseguran los farmaceutas, este proceso inicia, en primer lugar, con una fase preclínica, seguida de tres fases clínicas de prueba de vacunas. Las fases uno y dos prueban la inmunogenicidad y la seguridad, mientras que la fase tres prueba la eficacia y la seguridad en el mayor número posible de personas. En los ensayos de fase tres, hay un grupo vacunado y no vacunado (control). Estos ensayos tienen como objetivo determinar si las tasas de infección son más bajas en el grupo vacunado en comparación con el no vacunado.


Normalmente, estos ensayos tardan de 3 a 5 años en completarse con una vacuna candidata que ya está desarrollada. Pero con el coronavirus, el desarrollo de las fases uno y dos se ha dado en cuestión de meses, y las vacunas están pasando rápidamente a la fase tres. Así que es muy fácil pensar que la siguiente fase puede darse con la misma rapidez. Pero la duración del seguimiento en los ensayos de fase tres es vital y no debe acelerarse de la misma manera.


Los ejemplos de Rusia, India y China dan cuenta de la posibilidad del uso generalizado de una vacuna antes de los ensayos de fase tres. Pero esta generalización del uso de las vacunas antes de los ensayos de fase tres es problemático por dos razones. Primero, sin las pruebas de grupos más grandes en la fase tres, puede haber problemas de seguridad que aún no se hayan determinado. Los individuos en los ensayos de fase tres son monitoreados de cerca y en la actualidad no hay ninguna garantía de que esto pueda ocurrir.


Y, en segundo lugar, es imposible saber si una vacuna funciona sin el grupo de control de un ensayo de fase tres. Pero incluso con un buen ensayo de fase tres, la eficacia solo se puede determinar si se producen exposiciones a infecciones. Lo que quiere decir que si un país ya invirtió en la compra de una de las vacunas disponibles – rusa, india o china, podrá utilizarla en su población, pero nada garantizará la eficacia del producto si por otros medios se ha reducido el riesgo de contagio.


En donde sí se puede avanzar es en las inversiones relacionadas con la fabricación y distribución de las vacunas. Después que se demuestre que una vacuna supera con éxito los ensayos de fase tres, debe fabricarse y estar disponible para todas las personas que la necesitan. Por esto, desde ya hay que promover la construcción de fábricas para la elaboración de vacunas a gran escala, incluso antes de que se completen los ensayos, así como iniciar las discusiones y los consensos acerca de la toma de decisiones sobre quién se vacunará primero y cómo llevar las vacunas a los grupos más vulnerables de manera eficiente.


En este último punto, los países deben seguir discutiendo acerca de cómo será el proceso de vacunación contra el covid-19, las bondades de la privatización de la vacuna, y acerca de la iniciativa de la Organización Mundial de la Salud para garantizar un acceso global equitativo a las vacunas cuando estén disponibles.


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