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Aquella educación primaria por Jim Morantes

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JIM MORANTES



Después de la formación regular, cantar con fuerte sentimiento y gran orgullo el himno nacional, de manera simultánea (los compañeros de clases, encargados de la disciplina hoy conocidos como delegados de curso),  izaban  la gloriosa bandera tricolor; nos trasladábamos en fila india con un brazo de distancia hasta el salón de clases, por cierto bien construido con paredes de bloque, techo de platabanda, grandes ventanales y piso de granito.


 


La jornada académica iniciaba a las 7:45am, mientras nos acomodábamos en el pupitre, esa era parte de la faena, recibíamos clases de buenos maestros, aplicados y responsables tanto en la enseñanza como en el trato, garantía de disciplina y respeto; luego venia el receso aproximadamente de 10:00 am a 10:30am, ya que a entrada era a las  7:00 am y la salida a las 1:00 pm.


 


 Como lo indique en la entrega anterior, había una cantina, la bodega de la esquina y por supuesto múltiples posibilidades comerciales (obleas, raspados o granizados, carritos de helados Efe y Tío Rico) en un radio no mayor a 25 metros, literalmente cerca del colegio, para satisfacer las necesidades de cientos de niños con distintos gustos y expectativas gastronómicas.


 


La escuela básica Rafael Antonio Godoy, se encuentra ubicada justo al frente del complejo deportivo Luis E. Ghersi Govea dependiente de la Universidad de Los Andes,  en la entrada del referido lugar había un señor que vendía los tradicionales raspados o granizados, ya mayor no era joven, de bigote, test morena, sus rasgos pintaban alrededor de 50 o 60 años (la edad que aparentaba) a lo mejor tenía menos biológicamente y por los avatares de  la vida representaba más, vestía bata blanca con sombrero de cono blanco, afortunadamente uñas cortas y limpias.


 


Bajo su cuidado y responsabilidad estaba el carro metálico color azul con toldo verde, sus cuatro ruedas, puertas azules en la parte inferior y en la barra lo llamativo era la el troquel metálico con las divisiones que exhibía los diversos frascos de vidrios, comúnmente de 750cc no de litro, su contenido pintaba diversos colores amarillo, verde blanco, rojo, morado.


 


Colocaba 2 bancas plásticas y el carro lo amarraba con una cadena a la cerca de ciclón del complejo deportivo, en uno que otro receso que el portero me permitía salir y  cruzar la calle, corría al carrito azul de los famosos raspados, ya que se formaba cola bastante larga y en ocasiones no daba tiempo porque pasaba el lapso del receso, llegar tarde al salón, implicaba ser amonestado.


 


Pedía el jugo de mi preferencia de acuerdo al día, el vendedor abría la puerta y sacaba de la parte inferior, una barra de hielo redonda, la colocaba en la prensa metálica también pintada de azul con figuras de peces,  cisnes, patos o gansos; procedía a raspar el hielo manualmente, con una cuchara metálica lo colocaba en vaso plástico, después de hacer el cono ponía naranja, limón, piña, parchita o cola; el valor si la memoria no me falla, era de un medio para un solo sabor y de real 2 sabores, es decir, 2 medios o cincuenta céntimos y si querías algo extra,  solicitabas el adicional por tan solo 1 medio más  o 25 céntimos, el señor  le colocaba full leche condensada y luego le ponía medio pitillo.


 


En mi caso el vendedor  me decía como está cuñado? y yo le respondía muy bien y usted?,  me preguntaba el sabor, se lo decía y al final cuando ya me había comido la mitad le pedía la ñapa de acuerdo al público y a la ocasión en algunas oportunidades le colocaba más hielo y esencia y en otras leche condensada extra; mis amigos se molestaban cuando a ellos le decían cuñados, a mí en realidad eso no me mortificaba porque para la época era hijo único y obviamente no tenía hermanas, simplemente le llevaba la corriente y salía siempre premiado, pagaba un real o 50  céntimos por el raspado de un solo sabor con cubierta de leche condensada y me colocaba 2 sabores y  más leche condensada de la cuenta.


 


En la próxima parte mencionaré los diversos tipos de obleas, espera amigos y sígueme en Twitter  @JIMMORANTES






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