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El inevitable cambio por ALIRIO PÉREZ LO PRESTI

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ALIRIO PÉREZ LO PRESTI


@perezlopresti

Sería de una rigidez mental extrema pretender que en una sociedad no se den los respectivos e inevitables cambios. Responden a nuevas necesidades que conglomerados enteros se plantean como meta, forman parte de la épica de cualquier generación que desea escribir su propia historia, les permite dejar su legado sobre la faz de la tierra y se han producido sin parar desde que el mundo es mundo. Como miembros de cualquier sistema, sus integrantes se mueven respondiendo a inquietudes y aspiraciones inevitables. Entre los polos de aspirar a transformar la vida de golpe y porrazo a través de acciones revolucionarias y la actitud propia de quien apuesta por la inflexibilidad (lo reaccionario), siempre existe un espacio para pensar.

El triunfo de la política: La política es el invento que impide que nos matemos unos a otros y el voto de carácter universal, directo y secreto es la tabla de salvación para quienes aspiramos a vivir con un poco de sosiego. Aceptar los resultados de cualquier acto político que se realice de manera limpia en buena lid, es un recurso que solo puede verse como la materialización de algo elevado que potencialmente puede traer beneficios para las grandes mayorías de cualquier nación. Comprender el beneficio del voto como instrumento de convivencia es propio de gente civilizada. Lo contrario es apostar a la barbarie. Esa misma política que permite que se plantee la idea de negociar cuotas de poder en la dinámica de cualquier sociedad, es la que debe propiciar los cambios de la manera más civilizada posible. No entenderlo es desconocer el principio básico de la existencia colectiva; sería no aceptar que el hombre es un ser gregario inmerso en una dinámica en la cual interactúa con personas con intereses distintos.

El arte de la predictibilidad: Tal vez de todas las disciplinas, la política es la más difícil de ejercer. No siempre responde a una lógica, los asuntos que la mueven son parte de nuestro centro íntimo y la asumimos como algo de carácter valorativo. De ahí que las posiciones encontradas sean una constante que hace que lo emocional se apodere de las personas, fluya la irracionalidad y se desaten las más atroces pasiones. De este fundamento es que puede surgir un liderazgo capaz de entender el espíritu de su tiempo, oler como sabueso hacia dónde apuntan los rastros de lo que la gente en general aspira y tratar de concretar los cambios de rigor antes de que a grandes mayorías las abrume el desespero.  





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