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Internet e infodemia del covid-19 por Alberto José Hurtado Briceño

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Alberto José Hurtado Briceño



En todos los países del mundo se aboga por una mayor regulación del contenido que se publica en línea acerca del covid-19, principalmente aquellos de origen no oficial que han generado problemas derivados de la información incorrecta. Incluso se ha dejado sobre la mesa la idea de avanzar hacia una Internet madura, floreciente y segura. Para lo cual se sugieren dos alternativas: a) la moderación básica del contenido y b) la regulación de las actividades en línea. En el primer caso, se insistiría en replicar a la Internet las herramientas utilizadas para moderar el uso de la información que se hace en los medios de comunicación tradicionales. Y, en el segundo caso, avanzar hacia la regulación selectiva para minimizar el impacto de la información que difunden grupos específicos de los medios; alternativa que, ante la falta de transparencia y responsabilidad de las autoridades, puede convertirse en censura.


El ejemplo más analizado de esta segunda alternativa es el sistema de regulación selectiva chino. Un sistema mixto resultado de combinar regulaciones de Internet donde el gobierno tiene un papel preponderante, y la acción individual de las empresas privadas para retener a sus usuarios con contenido atractivo mientras depuran las plataformas en línea de cualquier cosa que pueda cruzar los límites de temas sensibles. En este orden, las prácticas de moderación del contenido corporativo se implementan principalmente para proteger los intereses políticos empresariales y gubernamentales. Y todos los escritos con posiciones alternativas, así como los análisis críticos, que desafían a las autoridades se convierten en los principales objetivos de la regulación de las plataformas web.


En este panorama, la regulación selectiva da espacio al control erróneo de la información, ya que puede utilizarse para controlar con prioridad el contenido que se considere crítico y desestabilizador para los gobiernos. Las referencias al coronavirus, o a cualquier otro tema, se quedarán en segundo plano. Incluso, las organizaciones serán proclives a la autocensura, ya que se considerarán las responsables del tipo de contenido que se difunde en la Internet.


En lugar de crear un modelo eficiente para el control de la información, las empresas y los gobiernos serán susceptibles a ver contenidos dañinos en todas las publicaciones, con esto se llegará a tratar por igual la información errónea y el contenido verídico. Esto último traerá consecuencia en el desarrollo y adaptación de nuevas tecnológicas de información y comunicación, debido a la moderación de contenido hasta de las redes sociales; y se entrará en una era de dependencia exclusiva de las innovaciones tecnológicas.


El contenido malicioso, discriminatorio y dañino se perseguirá con vehemencia, tanto los gobiernos como las empresas invertirán en recursos humanos y tecnologías para eliminar la información errónea. Nuevas normas, tecnologías y restricciones sobre el sector privado surgirán para evitar que cambie la percepción de la población acerca de los gobernantes y empresarios. Mientras tanto, la información seguirá circulando en las plataformas web, ampliando aún más temas álgidos como el origen del covid-19, la efectividad de las vacunas contra el nuevo virus, y el destino de la humanidad en el marco de la nueva realidad.


El panorama no es sencillo la infodemia generada por el covid-19 llegó para quedarse, y la respuesta pública y privada se enfrenta al reto de distinguir entre: a) información verídica y contenido falso, y b) comunicación persona a persona en la Internet y la interacción entre empresas de telecomunicaciones y sus usuarios.


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