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Desde mi Parroquia

"A Dios se le encuentra caminando" por Padre Edduar Molina Escalona

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Desde mi Parroquia por Padre Edduar Molina Escalona



En su misa matutina, en la Casa Santa Marta, el Papa Francisco ha llamado la atención a todos los cristianos que quieren conocer y vivir a plenitud su identidad de “vivir como pueblo de Dios, en salida”, peregrinos, de paso, ligeros de equipaje, con los pies sobre la tierra y la mirada al cielo. En palabras del Papa: “si un cristiano quiere conocer su identidad, no puede quedarse cómodamente sentado en un sillón ojeando un libro, sino que debe ponerse en camino y “buscar el rostro del Señor”, pues de lo contrario corre el riesgo de hacer “una caricatura de Dios”.


 


Es la misma invitación presente en las Escrituras, un Dios que aparece permanentemente en este dinamismo de “salida” y que para realizar su plan invita a salir de la propia comodidad y nos llama a atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio" (EG 20). Ejemplos concretos como los de Abrahán, Moisés, Jeremías nos recuerdan que para realizar íntegramente la vocación de “pueblo de Dios” es necesario “ir más allá” y escuchar atentamente la invitación de Jesús: Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos” (Mt. 28, 19)


 


En primer lugar, el Santo Padre insiste en la necesidad de que cada cristiano y cada comunidad deberá discernir sobre cuál es el camino que el Señor le pide, y en el que todos somos invitados a aceptar este llamado. Esto implica el riesgo de lo incierto, de lo desconocido. Ya nos dirá el mismo Señor: “Mis pensamientos no son nuestros pensamientos, ni nuestros caminos mis caminos” (Is 55,8-9) Cuántas veces creemos que estamos en el camino correcto y Dios nos tiene otra vía, otro camino que muchas veces nos cuesta aceptar, pues nos resulta más incómodo y doloroso, el camino de la cruz. Por tanto, dejar que Dios o la vida nos pongan a prueba supone “arriesgar”, traspasar la línea de la comodidad, vivir la alegría misionera.


 


Nos hemos acostumbrado a ser cristianos de “misa y olla”, de muchas devociones y poco espíritu misionero, es la hora de la salida, como nos lo recuerda Francisco en su encíclica “La Alegría del Evangelio” “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades” (49). No somos cristianos de una élite, somos el pueblo que peregrina por el mundo alentado por la esperanza en el Señor de la Vida.


 


Los tiempos actuales nos exigen mayor experiencia de fe, es la tarea de cada día “mirar alrededor” y descubrir los rostros de los nuevos Cristos de la tierra escondidos en el sufrimiento de la pandemia, de la migración forzada, del hambre y de tantos que hoy siguen clavados en la cruz de nuestra indiferencia y olvido. Bien lo expresó en una de sus homilías el Santo Padre: Quien no se pone en camino, nunca conocerá la imagen de Dios, nunca encontrará el rostro de Dios. Para caminar es necesaria aquella inquietud que el mismo Dios ha puesto en nuestro corazón y que te lleva a buscarle”.


 


Para ello es importante asumir tres actitudes que nos ayuden a ese descubrir “desde el camino”, la presencia de Dios y encarnarla en nuestra vida:


 


Primero. Ir a lo esencial. Asumir nuestra condición de discipulado misionero, es tomar conciencia de nuestro “continuo camino hacia Cristo, la experiencia de la presencia amigable, viva y operante del Señor, un permanente aprendizaje que nos hace ir a lo profundo, a lo que cuenta y a lo que tiene valor para la vida”. En medio de una sociedad tan vacía y superficial, tan desorientada en tantas cosas inútiles, nada mejor que “ir a lo esencial”, centrar la atención en aquello que en verdad es nuestro y que nadie nos podrá arrebatar.


Segundo. Renovarse. Todo cambio provoca resistencia. “La renovación nos suele dar miedo, nos produce zozobra, parece que nos sentimos sacudidos ante las comodidades en las que nos refugiamos”, caminando sin tanto confort ni apegos. Ser cristianos de hoy nos exige “hacer cambios” en los métodos, en las formas y lenguajes de la nueva evangelización de un mundo en constante evolución. El caso de la pandemia nos coloca a todos ante el reto de nuevas formas de hacer “Iglesia”, de una “Iglesia en familia viva y comprometida con la reconstrucción moral de la nueva Venezuela que todos anhelamos. Todo esto supone sacrificios y valentías, y sobre todo sentirnos reclamados para seguir el estilo de vida de Jesús. ¿Estamos dispuestos?


Tercero. Involucrarse. La mediatez a la que estamos sumergidos nos hace incómoda al oído la palabra: “involucrarse”, escasamente tenemos tiempo para comer, dormir y trabajar, el poco tiempo que nos queda se nos va en el ocio de las tecnologías. ¿Cómo hacer tiempo para “hacer de voluntario a la Iglesia”?… Meter los pies en el barro significa olvidarnos un poco de nosotros mismos, romper con nuestros nidos y seguridades, para “ensuciarse o mancharse”, de la “Alegría del Evangelio”, ¡Mojarnos!, ¡Empaparnos! para vivir plenamente. Es la invitación de esta Iglesia peregrina a la que todos estamos convocados a construir y hacer presente en todos los ambientes.


 


Por último, el Papa Francisco insiste en tres valores esenciales en la cotidianidad cristiana: “Vigilantes en la oración, trabajadores en la caridad y exultantes en la bendición”. Es decir, debemos orar sin desfallecer, con vigilancia, que nuestras acciones sean una oración a Dios, un descubrir plenitud y sentido desde la fe a nuestro obrar con amor. Trabajar en la caridad, requiere de nuestra parte esforzarnos, en pasar por el mundo al estilo del nuevo beato José Gregorio Hernández: “Haciendo el bien”, viviendo la misericordia con cada hermano. Y, finalmente, no dejar perder “la alegría de bendecir al Señor”, desear el bien a todos, aun a aquellos que me hacen el mal.  Así debemos vivir este camino, esta voluntad de encontrar al Señor, afirma el Papa argentino.


 


En definitiva, Dios “no está buscando, nos está esperando, y solo nos pide a nosotros el pequeño paso de la buena voluntad”. Sin embargo, el cristiano debe tener “el deseo de encontrarlo, de dejarse sorprender por Él y formar parte activa de esta nueva civilización del amor.


 


Mérida 15 de noviembre de 2020






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